miércoles, 26 de diciembre de 2018

Ley, Gracia y Verdad: análisis del decimoséptimo verso del Evangelio de Juan


En el decimosexto verso, Juan nos mostró que Jesucristo nos dio parte de su plenitud y, además, nos dio gracia sobre gracia. En el decimoséptimo verso, Juan puntualiza la diferencia entre la Ley (nomos), la Gracia (charis) y la Verdad (aletheia), estas últimas dos dadas por Jesucristo. Veamos el decimoséptimo verso del Evangelio de Juan:

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Veamos el correspondiente en griego:

Hoti o nomos dia Mōuseōs edothē hē charis kai hē alētheia dia Iēsou Christou egeneto

Primero que todo, Jesucristo es un personaje histórico, como lo fue Moisés. Sin embargo, Cristo no está solo fuera de nosotros como lo estuvo Moisés. Para el creyente, o sea para quien acoge a Jesucristo en su corazón, Jesús vive en él y actúa un cambio en él. Y para el creyente, Jesús es fuente de plenitud y es dispensador de Gracia y Verdad. El decimoséptimo verso no quiere mostrar ningún contraste entre Moisés y Cristo; tampoco entre Ley, Gracia y Verdad. Juan quiere puntualizar que mientras que Dios dio la Ley por medio de Moisés, Jesús llevó la Gracia y la Verdad. Anteriormente uno se salvaba según la Ley; ahora uno se salva creyendo en el sacrificio de Jesucristo por nosotros sobre la cruz; uno se salva aceptando la Gracia, con fe.
Sin embargo, ¿por qué Juan asevera que Dios dio la ley por medio de Moisés, antes que la Gracia? Justamente por el hecho de que la primera transgresión de la ley fue en Adán. Dios había dado al hombre la posibilidad de elegir, ya que no podía forzar al hombre a elegir el bien. No obstante, podía imponer un castigo por las transgresiones. La Ley no fue “una opción de Dios”, ni la consecuencia de la desobediencia del hombre a Dios. Después de la salida de los judíos de Egipto, Dios eligió a Moisés para dar la ley a los hombres. Moisés fue utilizado por Dios solo como instrumento. La ley fue dada en un determinado momento histórico. Por esto se usa el verbo edothe, “fue dada”, que se refiere a un determinado periodo.
La Ley dada por Dios por medio de Moisés estaba dividida en tres partes: ceremonial, judicial y moral. Una parte de la Ley estaba dirigida solo a Israel, mientras que otra parte se extendía a todas las personas. La ley ceremonial se relacionaba con el cumplimiento de sacrificios y ofrendas. Estas normas se aplicaban solo al pueblo de los hebreos hasta el tiempo de Jesucristo, que fue el cumplimiento de la ley ceremonial. Jesucristo se convirtió en el sacrificio final y perfecto para todos los hombres por medio del derramamiento de su sangre en la cruz. Después de su muerte, ya no era necesario derramar sangre de animales para la remisión temporal de los pecados. Por tanto, con Cristo encontramos el cumplimiento de la ley ceremonial. La ley ceremonial estaba dirigida solo a los hebreos. De hecho, en Éxodo (34, 23-24) se impone que cada persona que estaba bajo la ley ceremonial debía estar en Jerusalén tres veces al año. Es evidente que se refería solo a los hebreos. Por tanto, hoy, los hebreos de religión judía deberían estar en Jerusalén tres veces al año, si aplicaran la Ley al pie de la letra. La ley ceremonial, por tanto, no se aplicó nunca solo a los “gentiles”, o sea a los no hebreos. Para los hebreos cristianos, el cumplimiento de la ley ceremonial fue Jesucristo. De hecho, leemos en la Epístola a los romanos (10, 4):

porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

Respecto a las Leyes judiciales, estas se referían al gobierno del estado de Israel. Estas leyes no eran obligatorias para ninguna otra nación. Israel era una teocracia y Dios dio leyes para su gobierno. La Ley moral está contenida principalmente en los diez mandamientos. Son principios generales que se referían a todas las personas de cualquier etnia. Son principios morales que todavía hoy tienen vigencia (para los diez mandamientos, ver Éxodo, cap. 20). Sin embargo, el respeto absoluto de los diez mandamientos no es suficiente para la salvación. Al contrario, quien aceptó a Jesucristo en su corazón, naturalmente respetará los diez mandamientos (1). En otras palabras, no es el respeto de los diez mandamientos el que lleva al hombre a la salvación, sino que es la fe en que Jesucristo haya muerto por nuestros pecados la que lleva al hombre a la salvación. De hecho, incluso si una persona respetara al pie de la letra los diez mandamientos, continuaría siendo un pecador. No podrá salvarse “solo”, ni con acciones de reparación de sus pecados (el pecado continúa), ni con acciones buenas para compensar el pecado. Solo aceptando la Gracia dada por Jesucristo, por medio de la fe, el hombre puede salvarse. De hecho, veamos estos dos pasajes del Nuevo Testamento:

Epístola a los gálatas (3, 13):

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero...

Epístola a los romanos (8, 1):

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Por tanto, Jesús se encargó de nuestros pecados y, si acogemos su sacrificio, nos liberamos del poder de condena de la Ley, sin violarla, porque en Cristo encontramos el cumplimiento de la Ley moral de Dios. Pero ¿en qué y por qué la Gracia y la Verdad son superiores a la Ley? Moisés no fue la personificación de la Ley, pero Jesucristo fue la personificación de la Gracia y de la Verdad. Veamos algunas frases que evocan a la Ley y otras que evocan a la Gracia y a la Verdad.

Ley: 
Epístola a los romanos (6, 23 a): 

Porque la paga del pecado es muerte, 

Gracia: 
Epístola a los romanos (6, 23b): 

mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Ley: 
Ezequiel (18, 20):

El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.

Gracia: 
Evangelio de Juan (11, 25-26): 

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

La Ley pronuncia condena y muerte.
La Gracia proclama justificación y vida.

Gracia:
Ezequiel (11, 19):

Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne,

Ezequiel (36, 26):

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

Ley: 
Epístola a los gálatas (3, 10): 

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.

Gracia: 
Salmos (32, 1-2): 

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. 
Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño.

Ley:
Deuteronomios (6, 5):

Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.

Gracia: 
Evangelio de Juan 3, (16-17):

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

La Ley describe lo que el hombre debe hacer por Dios.
La Gracia describe lo que Cristo ha hecho por el hombre.

La Ley produce una propensión natural a la desobediencia.
La Gracia crea una propensión natural a la obediencia.

La Ley requiere obediencia por el temor de la Ley misma.
La Gracia suplica al hombre por la misericordia de Dios.

La Ley pide santidad.
La Gracia da santidad.

La Ley dice: “¡Condénalo!”
La Gracia dice: “¡Absuélvelo!”

Para la Ley, la bendición es el resultado de la obediencia.
Para la Gracia, la obediencia es un resultado de las bendiciones.

La Ley fue dada para someter al viejo hombre.
La Gracia libera al nuevo hombre.

Bajo la Ley, la salvación se debía ganar.
Bajo la Gracia, la salvación es un don.

La Ley describe sacrificios sacerdotales ofrecidos año a año que no podrán nunca volver perfectos a los hombres.

Gracia: 
Epístola a los hebreos (10, 12-14)

pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,  de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

Ley: 
Epístola a los romanos (2, 12): 

Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados;

Gracia:
Evangelio de Juan (5, 24): 

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

En el decimoséptimo verso encontramos las palabras Gracia y Verdad como en el decimocuarto verso. En efecto, Jesucristo no vino solo a mostrarnos la Gracia. Así como Dios es infinitamente misericordioso y sagrado, es también infinitamente justo. La palabra “Verdad” reclama la justicia. La Verdad evoca el hecho de que él nos encontró culpables del pecado. De hecho, nadie está sin pecado. Por tanto, como el precio del pecado es la muerte, (Epístola a los romanos 6, 23), nosotros tendremos que morir por nuestros pecados. Justamente porque Dios es infinitamente misericordioso, pero también es infinitamente justo, envió al Hijo para que muriera en nuestro lugar. Él pagó nuestra pena de manera que nos pudiera liberar, si nosotros aceptamos su sacrificio sobre la cruz. Por tanto, el verdadero cambio respecto a la Ley no es solo la Gracia, sino también la Verdad.
Analicemos ahora el verbo “vinieron” en la frase:

La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Veamos el correspondiente en griego:

hē charis kai hē alētheia dia Iēsou Christou egeneto

Mientras que en la frase “La Ley ‘fue dada’ por medio de Moisés” se utiliza el verbo edothe, en la frase siguiente se utiliza el verbo egeneto. Egeneto indica un acto preciso, que indica un determinado momento. El mismo verbo es utilizado en el decimocuarto verso. Además, en el texto griego está escrito: “hē charis kai hē alētheia”. Juan no está describiendo un tipo de gracia o un tipo de verdad. Juan está describiendo “la” Gracia y “la” Verdad. La Gracia y la Verdad de Jesucristo son definitivas y exclusivas de él. Por tanto, Jesucristo no enseña la Gracia y la Verdad. Jesucristo es la Gracia, y es la Verdad. Cuando se dice “experimenté la verdad”, es como si se estuviera diciendo “he conocido a Jesucristo”.
Además, hay que analizar un último punto: la verdad (concerniente a la justicia) no se refiere solo a la muerte de Jesucristo en la cruz, sino que se refiere también a la vida de los cristianos después de que experimentaron la Gracia de Dios en las propias vidas. Cuando una persona acoge el perdón de Cristo en su corazón, y acepta la Gracia, su vida cambia, ya que obtiene la justificación. La Gracia, por tanto, es diferente de la Ley, ya que no proclama el castigo, sino que nos permite superarlo. Cristo hace el hombre nuevo, el hombre que vive en la Gracia, el hombre perdonado y que sabe perdonar.

Yuri Leveratto
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas

Bibliografía: Zodhiates, Spiros. Cristo era Dios?

1-Respecto al sábado, ver los Hechos de los Apóstoles (20, 7).

Imagen: la sanación del ciego de nacimiento, El Greco, 1567.

No hay comentarios:

Publicar un comentario