sábado, 29 de diciembre de 2018

El Unigénito Hijo hizo conocer a Dios: análisis del decimoctavo verso del Evangelio de Juan


Como hemos visto, el propósito de los primeros dieciocho versos del Evangelio de Juan fue el de demostrar la preexistencia, o sea la plena Divinidad, de Jesucristo. Los versos fundamentales del Prólogo son el primero y el decimocuarto. En el primer verso, Juan declara que el Verbo (Jesucristo) era preexistente con Dios Padre desde el principio, o sea “desde siempre”, y declara que el Verbo es Dios. En el decimocuarto verso se indica la encarnación de Dios en la persona de Jesucristo. Con las palabras “y el Verbo se hizo carne”, Juan quiere expresar el momento fundamental de la historia de la humanidad, o sea Dios que se hace hombre para venir a salvar al hombre. Sin embargo, también el decimoctavo verso es muy importante para comprender quién era verdaderamente Jesucristo y porqué solo a través de él podemos conocer al Padre. Veamos el decimoctavo verso del Evangelio de Juan:

A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Veamos el correspondiente en griego:

Theon oudeis heōraken pōpote monogenēs Theos ho ōn eis ton kolpon tou Patros ekeinos exēgēsato

De la frase “a Dios nadie le vio jamás”, se deduce que nadie ha podido nunca ver a Dios en su totalidad. Es verdad que Dios se manifestó varias veces a Moisés, pero ni el profeta bíblico ni otros profetas han podido ver jamás realmente a Dios en su plenitud. La segunda frase del decimoctavo verso nos indica, en cambio, que alguien, o sea el unigénito Hijo, volvió a Dios visible. Regresemos, sin embargo, a la primera frase: “A Dios nadie le vio jamás”. De esta frase se deduce que Dios es espíritu, y como tal es invisible. A tal propósito veamos una frase del Evangelio de Juan, cuando el Señor se dirigió a la mujer samaritana (4, 24):

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Juan, por tanto, cuando escribe que nadie lo ha visto nunca, se refiere a la plenitud de Dios, a su esencia espiritual, infinita y eterna. Nadie puede ver la esencia espiritual de Dios en toda su plenitud, por el simple hecho de que el hombre, siendo limitado y finito, no puede aprehender el infinito. Obviamente, Juan no escribe “ho Theon”, sino “Theon”, demostrando que se refiere al concepto Trascendente de Dios. Dios, en su plenitud omnisciente, omnipotente y omnipresente, no puede ser visto por el hombre. La palabra heōraken significa “vio” o “ha visto”. Es el tiempo perfecto del verbo horaao, ver. El verbo horaao puede significar tres cosas: ver con los ojos, ver con la mente o percibir, experimentar o conocer por medio de la experiencia. Juan afirma entonces que nadie ha podido ver nunca a Dios en su plenitud. El Evangelista, por tanto, no se refiere a manifestaciones parciales de Dios o teofanías (como por ejemplo en Éxodo 33, 11 o Números 12, 8).
Después de habernos comunicado que nadie ha visto jamás a Dios, Juan nos comunica que existe una excepción. De hecho, escribe: “el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, es quien lo ha hecho conocer”. Según Juan, Dios quiso revelarse completamente y lo hizo con Jesucristo, que se llama Verbo (Logos), y también unigénito Hijo. La palabra griega monogenees puede significar (1): 1-Hijo único, o sea quien no tiene hermanos o hermanas (como en Lucas 8, 42); 2-El único de esta especie; 3-De la misma naturaleza. Según Spiros Zodhiates, monogenees debe ser interpretado “de la misma naturaleza, o de la misma sustancia”. Para Zodhiates, por tanto, también monogenees es un indicio de que Juan quería decir que Jesucristo, el Verbo, tiene la misma sustancia del Padre y, por tanto, solo él puede hacerlo conocer. Justamente por esto, Jesucristo dijo, Evangelio de Juan (14, 9):

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

¿Por qué Dios se encarnó en la persona de Jesucristo? La forma de hombre era la única que podía ser reconocida por otros hombres. Esto naturalmente no significa que durante la encarnación Dios cesó de existir como puro espíritu. Esta expresión “monogenēs Theos” es única y se refiere al hecho de que el Hijo es Dios, y tiene la “misma sustancia” de Dios Padre. (2). Por otro lado, son numerosas las citas bíblicas que indican la correspondencia de Dios Padre con el Hijo, por ejemplo, Juan (10, 30):

Yo y el Padre uno somos.

Analicemos ahora la frase: “que está en el seno del Padre”. Es verdad que Juan escribió estas palabras después de la Ascensión de Jesucristo a la diestra del Padre. En todo caso, las palabras “que está en el seno del Padre” no se refieren solo al periodo sucesivo a su Ascensión, sino a la eternidad. También, durante la encarnación, Jesucristo estaba “en el seno del Padre”. También, antes de la encarnación, el Cristo eterno estaba “en el seno del Padre”. Esta frase empieza con la palabra ho, que se traduce por “aquel” o “que”. Por tanto, la traducción literal podría ser: “aquel que está en el seno del Padre”. La frase continúa con la palabra ὢν, o sea on, que significa “es”. Juan no escribió “fue” o “era” sino “es”. Este tiempo indica que Él está desde siempre y para siempre en el seno del Padre. También de este verbo se deduce que Jesucristo no está sujeto al tiempo. ¿Qué significa la palabra kolpos, o sea “seno”? Generalmente, la palabra seno se refiere a la parte superior del busto, donde está ubicado el corazón. Esto da la idea de una relación íntima entre el Hijo y el Padre. Justamente por esto, solo el Hijo conoce la esencia y los deseos del Padre y puede, por tanto, revelarlos.
Analicemos ahora la última frase del decimoctavo verso: “él le ha dado a conocer”. Primero que todo, notamos que Jesucristo se refiere a Dios como “su Padre”. Por ejemplo, en el Evangelio de Lucas (2, 49):

Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?

Pero también al final del evangelio de Mateo (28, 19):

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

Podemos afirmar que Jesús vino a la tierra para revelarnos que, si lo acogemos como nuestro Salvador, Dios se convierte en nuestro Padre. Juan desarrolló este concepto en el decimosegundo verso de su Prólogo, donde afirma que los hijos de Dios son los que acogen a Jesucristo y creen en su nombre. Además, con una frase muy aguda, Jesucristo especificó que solo a través de él se puede llegar al Padre. Evangelio de Juan (14, 6):

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Por tanto, a través de Cristo y aceptando su sacrificio sobre la cruz, el hombre puede convertirse en hijo de Dios y, así, Dios puede ser su Padre. Pero ¿de quién era hijo el hombre antes de convertirse en hijo de Dios? He aquí la respuesta: Evangelio de Juan (8, 44):

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
La palabra ekeinos significa “esta persona” o “él”, en referencia a “quien está en el seno del Padre”. En la última frase, Juan quiere disipar cualquier duda, quiere comunicarnos que solo Jesucristo, el Unigénito Hijo, nos ha hecho conocer al Padre. Como la esencia de Jesucristo (monogenees) es la misma del Padre, él, el Unigénito Hijo, ha podido hacernos conocer el Padre. El verbo que Juan ha utilizado para la frase “lo ha hecho conocer” es exēgēsato, del cual deriva la palabra exégesis. Este verbo era utilizado por antiguos escritores griegos para indicar la interpretación de los misterios divinos. Es como si Juan hubiera querido expresar que Jesucristo nos ha indicado la maravillosa vía para acceder al misterio de Dios, infinito y omnipotente. 
En realidad, exēgēsato está compuesto por ex (fuera) y por el verbo heegeomai (llevar). Por tanto, su significado es: llevar afuera, extraer, traer. Esto da la idea de que Dios no era plenamente accesible al hombre, sino que fue Jesucristo el que hizo posible que el hombre conociese a Dios. Fue Jesucristo quien volvió accesible Dios al hombre. Y no existe ningún otro modo para el hombre de conocer a Dios si no a través de Jesucristo (Evangelio de Juan 14, 9). El verbo exēgēsato está en el tiempo aoristo, y esto indica que esta acción no se repetirá. Jesucristo hizo conocer al Padre de una vez por todas, y esto significa que Jesucristo no volverá más para revelar al Padre. Vendrá ciertamente, pero como instrumento de justicia de Dios sobre la tierra.

Yuri Leveratto
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas

Imagen: el discurso de Cristo a los once apóstoles, Majestad de Duccio di Buoninsegna.

Bibliografía: Zodhiates, Spiros. Cristo era Dios?

Notas: 
1-Great Lexicon of the Greek language.
2-http://yurileveratto2.blogspot.com.co/2015/11/la-vera-identita-di-gesu-cristo.html 

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