martes, 2 de octubre de 2018

El testimonio de Juan el Bautista sobre la eternidad de Jesucristo: análisis del decimoquinto verso del Evangelio de Juan


Juan Apóstol y Evangelista ya ha descrito a Juan el Bautista en los versos seis, siete y ocho. Juan el Bautista fue presentado como un hombre enviado por Dios -por tanto, una persona de altísima moral- que vino como testigo de la misión de Jesucristo sobre la tierra. Para el Evangelista, Juan el Bautista simplemente reflejó la luz eterna de Jesucristo. Ahora bien, en el decimoquinto verso el autor transmite una cita directa de Juan, el último de los profetas.
Veamos el decimoquinto verso del Evangelio de Juan:

Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: 
“Éste es de quien yo decía: 
El que viene después de mí, 
es antes de mí; 
porque era primero que yo”.

Veamos el correspondiente en griego:

Iōannēs martyrei peri autou kay kekragen legōn Houtos ēn hon eipon Ho opisō mou erchomenos emprosthen mou gegonen hoti prōtos mou ēn.

En el primer capítulo del Evangelio de Juan, después del Prólogo, está descrito el episodio en el que un grupo de sacerdotes y levitas llegaron donde vivía Juan y le preguntaron quién era (1, 19-28). Juan respondió que no era Cristo y tampoco Elías. Contestó citando al profeta Isaías (40, 3), o sea identificándose a sí mismo como aquel que testimonia la llegada del Señor. Siempre, en los primeros capítulos (1, 29-34) se describe el pleno reconocimiento de Jesús por parte de Juan el Bautista. Ante todo, en la primera frase (1, 29):

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 

Pero también las frases siguientes tienen una relevancia clave. Veamos el trigésimo verso:

Éste es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo.

Esta cita de Juan el Bautista se transmite casi igual en el decimoquinto verso, como para reiterar su absoluta importancia.
Según el teólogo Zodhiates, entre el decimocuarto y el decimoctavo hay un paréntesis, representado por el decimoquinto verso, exactamente como hay un paréntesis representado por el sexto, séptimo y octavo verso entre el primero y el decimocuarto verso.
En efecto, el decimoquinto verso no está conectado con el decimocuarto o con otros precedentes, pues no empieza con la conjunción “e” sino con la palabra “Juan”.
Hay dos motivos por los cuales el Evangelista describe a Juan el Bautista en los versos 6-8 de su Prólogo. Primero que todo, para resaltar su misión como testigo y, en segundo lugar, para disipar cualquier duda sobre su persona, ya que alguien podía pensar que el Bautista era Cristo. De hecho, en el verso octavo está escrito:

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

El decimoquinto verso inicia con la frase “Juan dió testimonio de él”, o bien “Iōannēs martyrei”. En griego es un presente histórico. ¿Por qué fue usado el presente histórico? Ante todo, porque Juan el Bautista, aún habiendo fallecido desde hacía tiempo, había dejado un testimonio tan fuerte y claro que todavía resonaba en la mente del Evangelista. En segundo lugar, porque el testimonio de Jesucristo es algo inmutable. Hoy se pueden utilizar diferentes métodos para acercar a las personas al Evangelio, pero el testimonio de su persona debe ser igual al que hizo Juan el Bautista. Él dijo que Jesús era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (1, 29) y que Jesús era el Hijo de Dios (1, 34). De ahí que su testimonio sea fundamental y que si se quiere ser testigo de Jesucristo, haya que hacerlo de modo semejante al de Juan el Bautista. De esta manera, no es el testimonio de Cristo el que se debe adaptar a las diferentes épocas o situaciones históricas, sino que es el predicador o testigo de Cristo quien debe corregir los errores que llegan a producirse en el transcurso del tiempo, siguiendo al testimonio del Evangelio, que es inmutable. 
Juan Evangelista escribe: “Juan dio testimonio de él y clamó”. En griego, el verbo kekragen está en pasado. Según Zodhiates, el primer verbo (dio), indica que su testimonio no tiene fin; continuará resonando por siempre, mientras que el segundo verbo (clamó), indica que su testimonio físico fue dado en un momento específico de la historia.
El verbo kekragen deriva del verbo krazoo, que significa “gritar”, “hacer clamor”. En efecto, Juan el Bautista gritó, anunció con su fuerte voz la llegada del Mesías.
Analicemos ahora la segunda frase:

“Éste es de quien yo decía: 
El que viene después de mí, 
es antes de mí; 
porque era primero que yo”.

Esta frase es similar (pero no exactamente igual) a la del trigésimo verso del Prólogo. Algunas personas en el primer siglo se equivocaron y pensaron que Juan el Bautista era el Mesías. Hoy algunas personas se confunden y piensan que entre Juan el Bautista y Jesús hubo una cierta rivalidad. Pero Juan el Bautista, como se le describió en el primer capítulo del Evangelio de Juan, dio un testimonio veraz y clarísimo, primero de la misión de Jesucristo (1, 29), pero sobre todo de la identidad de Cristo (1, 30). Según este verso, Jesucristo era antes del Bautista, entonces “era” desde siempre, por lo que es la Encarnación de Dios. Además, Juan dijo que Jesucristo bautiza en el Espíritu Santo (1, 34), y que es el Hijo de Dios (1, 34).
Analicemos la frase en cuestión: “El que viene después de mí”. Esta frase se refiere al hecho de que Jesús nació después de Juan el Bautista (seis meses después, pero no sabemos las fechas exactas) y empezó su ministerio público después del de Juan el Bautista. Cabe notar que “erchomenos”, o sea “que viene”, es el mismo verbo que se usó en el noveno verso del Prólogo cuando se refería a la luz eterna de Cristo.
En la frase “es antes de mí” está el adverbio emprosthen, que significa “adelante”.
El verbo utilizado en la frase “es antes de mí” es gegonen, tiempo perfecto del verbo ginomai que significa “empezar a ser”. Esta frase se refiere al tiempo y no al rango. Entonces, incluso si Jesús vino después de Juan el Bautista, en realidad “era” antes de él”.
Es en la última frase donde el sentido del decimoquinto verso se revela toda su plenitud. De hecho, en la última frase se transmite “porque era primero que yo”. Con esta frase, el Bautista declaró la verdadera naturaleza del Hijo de Dios, o sea su coexistencia con el Padre desde siempre, desde la eternidad del pasado.
Una vez más, transmitiendo la frase del Bautista, Juan nos quiere indicar que Jesucristo, en su eternidad y deidad, no fue creado, sino que es autoexistente. Jesucristo no es entonces una criatura, sino que es Dios mismo. Como verdadero hombre, Él vino después de Juan el Bautista, pero como Cristo eterno, Él “era” desde siempre (el verbo utilizado es “en”, que indica la eternidad). Por tanto, Juan el Bautista no tuvo necesidad de describir el rango superior de Jesús respecto al suyo. Declaró simplemente que Jesucristo existe desde siempre y que, en consecuencia, es verdadero Dios. De esto se deduce que todo predicador que compara a Jesús con otros hombres sabios del pasado no está predicando el Evangelio, ya que en el Evangelio Jesús es el verbo, el Cristo eterno, Dios que se hizo carne para dar la posibilidad a los hombres de convertirse en hijos de Dios.

Yuri Leveratto

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com

Bibliografía: Spiros Zodhiates, Cristo era Dio?