martes, 17 de abril de 2018

Los hijos de Dios nacieron de Dios: análisis del decimotercer verso del Evangelio de Juan


En el duodécimo verso vimos quiénes son los “hijos de Dios”: aquellos quienes han acogido a Jesucristo, quienes creen en su nombre. En el decimotercer verso, Juan reafirma que las personas se convierten en hijos de Dios por acto completamente divino: no por descendencia (sangre), no por deseo ni por voluntad humana.
Veamos el decimotercer verso del Evangelio de Juan:

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios

Veamos el correspondiente en griego:

Hoi ouk ex haimatōn oudeek thelēmatos sarkos oudeek thelēmatos andros all’ ek Theou egennēthēsan

Juan quiere darnos una idea muy clara de cómo se convierte y cómo no se puede convertir uno en hijo de Dios. En el duodécimo verso se concentró en lo que se debe hacer para convertirse en hijo de Dios. En el decimotercer verso, Juan disipa cualquier duda, especificando en tres frases negativas cómo no se puede convertir uno en “hijo de Dios”.
Primero que todo, no se puede convertir uno en hijo de Dios por sangre. En el griego original, la palabra haimatōn significa “sangre” en plural. Juan quiere expresar el concepto que las descendencias humanas no producen “hijos de Dios”.
En otras palabras, no nos convertimos en cristianos “de nacimiento”. El hecho de que una persona nazca físicamente de dos padres que son “hijos de Dios”, no significa que ella sea “hija de Dios”. 
El segundo medio por el cual nadie puede convertirse en hijo de Dios es por voluntad de la carne. Esto se refiere al deseo natural del hombre, que incluye los deseos de los sentidos. Estos no lo acercan a Dios, sino que más bien lo separan de Dios. Hay una continua lucha en el hombre entre deseo carnal y anhelo espiritual.
El Nuevo Testamento enseña que el hombre no puede salvarse solo. Además, muchas personas, incluso si saben que solo Dios tiene el poder de salvar, tienen una naturaleza tan degenerada que no quieren ni siquiera que les sea impuesto el deseo de Dios de salvarlos.
El tercer medio por el cual el hombre no puede convertirse en “hijo de Dios” es por voluntad de hombre. Cabe notar que la palabra usada en la frase “voluntad de hombre” es andros y no anthroopou. Andros se refiere específicamente al masculino mientras que anthroopou se refiere al concepto de ser humano en general.
Ningún hombre puede volverse hijo de Dios por esfuerzo o por poder de otro hombre. En práctica, esto significa que incluso si una persona se esfuerza en evangelizar y hacer que una persona crea en Jesucristo, podrá acercar a su interlocutor a la fe, pero no podrá realmente volverlo “hijo de Dios”. Ningún hombre, con su poder y su voluntad, puede hacerse “hijo de Dios”. 
Finalmente, en la última frase “sino de Dios”, Juan especifica que los “hijos de Dios” nacieron de Dios, o sea es Dios mismo el que interviene y provoca el renacimiento, la conversión y, por tanto, el “bautizo en el Espíritu Santo”. Justamente como nuestros padres físicos tomaron la iniciativa y nos hicieron nacer físicamente, Dios toma la iniciativa y nos hace renacer completamente, volviéndonos “hijos de Dios”.
Cabe notar que Juan no escribe “nacidos del Dios” (en este caso habría tenido que escribir “ek tou Theou”), sino más bien “nacidos de Dios”, o sea “ek Theou”. Recordemos que la omisión del artículo indica el carácter general de Dios, o sea no “un dios” o “aquel dios”, sino más bien “Dios”, el único y verdadero Dios (1).
En práctica, los creyentes se convierten en hijos de Dios, puesto que nacen de Dios, de su plenitud.

Yuri Leveratto
@2016

Traducción de Julia Escobar Villegas
Bibliografía: Cristo era Dio? Spiros Zodhiates

Nota: 
1-Grammatica della lingua greca, John Henry e James Parker, a859, pág. 124.

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