lunes, 27 de noviembre de 2017

El mundo no le conoció: análisis del décimo verso del Evangelio de Juan


Si bien el Evangelista Juan se había referido a la “luz verdadera que venía al mundo” en el noveno verso del Prólogo, en el décimo verso vuelve a describir la existencia previa de Cristo, el Verbo.
“Venía al mundo” se refiere a la Encarnación, que estaba a punto de ocurrir. “Estaba en el mundo”, en cambio, se refiere a su existencia eterna, al Verbo, el Logos.
Veamos el décimo verso del Prólogo:

En el mundo estaba, 
y el mundo por él fue hecho; 
pero el mundo no le conoció.

Veamos el correspondiente en griego:

En tō kosmō ēn kai ho kosmos di’ autou egeneto kai ho kosmos auton ouk egnō

En el noveno verso vimos que el Evangelista utiliza el verbo “erchomenon”, o sea, “venía”. Pero en la primera parte del décimo verso utiliza el verbo “en”, o sea, “estaba”, el imperfecto durativo del verbo “eimi” que, como hemos visto varias veces, se refiere, en el Prólogo, a la eternidad de Cristo.
La palabra “kosmos” (mundo) tiene múltiples significados. En este caso se refiere al universo, al conjunto del espacio físico donde están incluidos el sol y la tierra.
La frase “estaba en el mundo” puede entenderse como “Cristo no se separó nunca de su creación”. Al contrario, siempre se ocupó con amor de lo que creó, y continúa con su acción manteniendo la armonía y el orden. Cristo, por tanto, no solo creó el mundo, sino que continúa siendo su fuerza sustentadora.
Este concepto está expresado también por Pablo de Tarso en la Epístola a los colosenses (1, 17):

Y él es antes de todas las cosas, 
y todas las cosas en él subsisten.

La palabra griega original para “subsistir” es “sunesteeken”, que significa “mantener unido”.
El “kosmos” es, justamente, un conjunto ordenado de formas que subsisten en armonía.
Pensemos un momento en la tierra que gira alrededor de sí misma y del sol, en la luna que causa las mareas, en las plantas que crecen y producen hojas y frutos de los cuales se alimentan los animales. Es un conjunto armónico, contrapuesto al caos, o sea, al desorden.
Este concepto está expresado también en la Epístola a los hebreos (1, 3):

El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

“Sustenta todas las cosas”, o sea, el universo, está expresado en griego con las palabras “pherōn te ta panta”.
Mientras que en los versos precedentes del Prólogo se deduce que Cristo existía antes de la creación (1,1) y que él creó el universo (1, 3), en esta primera parte del décimo verso se afirma que él sostiene el universo.
Esto, obviamente, no debe ser malinterpretado con el panteísmo. Que Cristo esté en el mundo, o sea, que se ocupe de su creación, no significa que él “sea el mundo”. La naturaleza no es Dios como algunos erróneamente creen, sino que es simplemente una creación de Dios.
En la segunda parte del décimo verso está escrito: “y el mundo por él fue hecho”. El verbo utilizado aquí es “egeneto”, o sea, “crear, hacer, entrar en existencia”. Es el mismo verbo utilizado en el tercer verso del Prólogo.
Juan, por tanto, usa “egeneto” cuando quiere referirse a un hecho histórico que sucedió en un determinado momento, la creación del mundo. Prácticamente, Juan ratifica lo que afirmó en el tercer verso.
En la última parte del décimo verso está escrito: “pero el mundo no le conoció”.
La palabra “kosmos” se usa también para referirse al conjunto de los seres humanos, o sea, la humanidad (1).
Las palabras griegas traducidas “no le conoció” son “ouk egnō”. Es el tiempo aoristo del verbo “ginoosko”, “conocer”. Significa “conocer por observación” y difiere del verbo “eidenai”, que significa “conocer por reflexión”. Prácticamente, esta tercera frase del décimo verso significa que cuando el Verbo se encarnó en la persona de Jesucristo, fue observable, visible, pero a pesar de eso, la humanidad (el mundo) en su conjunto no le conoció como el Cristo eterno, el Logos.
Esto se deduce también del siguiente verso del Evangelio de Juan (16, 3):

Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí.

Será en el duodécimo y en el decimotercer verso donde Juan describirá, en cambio, quiénes son aquellos que lo acogieron.

YURI LEVERATTO
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com 

Nota 1- Otras veces, la palabra “kosmos” se refiere al conjunto de los comportamientos humanos considerados negativos desde el punto de vista bíblico.

Foto: Codex Bezae, Prólogo del Evangelio de Juan 1, 1-16 AD 400.

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