sábado, 21 de octubre de 2017

La misión del Bautista: análisis de los versos séptimo y octavo del Evangelio de Juan


En el sexto verso del Evangelio de Juan vimos que el Evangelista se detiene para señalar a la persona de Juan el Bautista. Ahora, en el séptimo verso está descrita la misión del Bautista.
¿Cuál fue el propósito por el cual el Bautista vino al mundo? ¿Quizás para realizar milagros? No, ya que en el cuarto Evangelio se lee: (10, 41):

Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad. 

El Bautista no hizo milagros, sino que fue elegido por Dios para mostrar a los hombres el Mesías, Jesucristo.
Veamos el verso 1, 7:

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 

Veamos la pronunciación en griego del verso en cuestión:

Houtos ēlthen eis martyrian hina martyrēsē peri tou phōtos hina pantes pisteusōsin di’ autou

Leyendo el verso 1, 7 parece que el Evangelista se repite: en efecto, está escrito “vino por testimonio” y luego está escrito “para que diese testimonio”.
Estas dos afirmaciones en realidad no son para nada una repetición, como alguien apresuradamente ha aseverado.
La primera afirmación se refiere al hecho de que Juan el Bautista vino por “testimonio”. Entonces se refiere a su carácter, a su moralidad, a su serenidad como persona.
Un testimonio debe necesariamente ser una persona con sólidos preceptos morales y el precursor de Jesús lo era ciertamente.
La vida y la conducta moral de Juan el Bautista eran irreprensibles, de modo que su testimonio podía ser aceptado y reconocido como veraz.
¿Por cuál razón Juan el Bautista es considerado un hombre correcto y moralmente justo? Por su conducta de vida. Y es Jesús mismo quien nos dice que Juan el Bautista fue el hombre más grande de todos los tiempos, en el Evangelio de Mateo (11, 11):

De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.

Aunque Jesús nació de mujer, en realidad ha existido desde siempre (Evangelio de Juan, 1, 1). Por tanto, Jesús, no siendo un simple hombre, no entra en la categoría de los “nacidos de mujer”.

El objetivo de la llegada al mundo de Juan el Bautista se deduce del verso 1, 7. La primera parte del verso podría expresarse de esta manera: “Él vino para ser testimonio”. ¿Cómo puso en práctica “el ser testimonio”?
Lo hizo seguramente con su vida, con sus actos, pero sobre todo con las palabras. Las palabras son fundamentales en la vida del hombre porque suscitan emociones, impulsos irracionales, reflexiones. Las palabras pueden suscitar la conversión si se pronuncian en el contexto adecuado y con el tono de voz apropiado, porque tocan el corazón.
Juan el Bautista se presentó como la voz que grita en el desierto (retomando la profecía de Isaías, 40, 3), Evangelio de Mateo (3, 3):

Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo:
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
Enderezad sus sendas.

Además Juan el Bautista dio su testimonio que Jesucristo es el Cordero de Dios, como se puede ver en los versículos del Evangelio de Juan (1, 29-34).

En la segunda frase del verso 1, 7 está la palabra “hina”, que significa “con el fin de” y la sigue la palabra “martyrēsē”, en el tiempo aoristo. Significa “con el fin de dar testimonio”.
Pero luego está escrito: “a la luz”. ¿Cuál es la luz a la que se refiere el Evangelista?
Sin duda, hace referencia al Cristo eterno, a la luz eterna a la cual el Evangelista se refirió en el quinto verso de su Prólogo. La palabra “luz” se usa aquí en el sentido absoluto, como en el quinto verso.
Pero, ¿la luz necesita quizá que alguien la señale? No realmente, ya que como no hay necesidad de señalar el esplendor del sol, del mismo modo no hay necesidad de señalar la Luz eterna de Cristo, que continúa brillando, prescindiendo de todos quienes la reconocen como tal.
El hecho, por tanto, de que Juan el Bautista vino para dar testimonio sobre la Luz eterna de Cristo, no quita de ninguna manera el poder de la luz de revelarse de modo autónomo. Sin embargo, había necesidad de que Juan el Bautista diera el testimonio de la Luz eterna encarnada en el hombre Jesús.
Los seres humanos habían caído en tal oscuridad y perversión que eran casi del todo incapaces de comprender el lado espiritual de la Revelación de Dios. Viendo al Jesús hombre, muchas personas no reconocieron en él al Jesús eterno, al Verbo encarnado. Era necesario, por tanto, que Juan el Bautista diera su testimonio, indicando que más allá del hombre Jesús estaba el Jesús eterno.
El testimonio de Juan el Bautista debe también servirnos de enseñanza. Si nosotros no testimoniamos la luz eterna de Jesús como hizo Juan el Bautista, muchas personas no podrán llegar a concebir y a contemplar su esplendor.
Pero, ¿quién es aquel que puede testimoniar la Luz eterna de Cristo?
A un testimonio se le pregunta si ha vivido una situación sobre la cual se intenta comprender lo que ha sucedido en realidad. Del mismo modo, quien testimonia a Cristo debe haber estado expuesto a la Luz de Dios, con el fin de poderla divulgar. Solo el hombre que conoce a Cristo puede contar a otros sobre él. Solo quien conoce a Cristo puede testimoniar a Cristo.
Ahora analicemos las últimas dos frases del séptimo verso del Prólogo del Evangelio de Juan:

para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 

Testimoniar a Jesús no siempre lleva a la conversión de quien escucha. La conversión se lleva a cabo por medio del Espíritu Santo. Nosotros, como seres humanos, debemos testimoniar a Jesús, del mismo modo como lo hizo Juan el Bautista, pero la completa conversión, siendo obra del Espíritu Santo, no depende de nosotros.
Sin embargo, ¿por qué en el séptimo verso está escrito “para que todos creyeran por medio de él”? La palabra usada es pantes. Sabemos que la fe es personal. Aunque un predicador difunda el Evangelio, no puede hacer que alguien acepte la fe por otros. Cada uno la acepta por sí mismo, ya que la fe es personal. Si se fuerza a un grupo a creer, podría suceder que la fe se diluya y la creencia se convierta en un simple formalismo, pero no es realmente vivida por el fiel.
Según algunos lingüistas expertos en gramática griega (1), pantes puede significar “cada uno”, equivalente a la palabra griega hekastos.
¿Quiénes serían estos “todos” o quién sería “cada uno”? Son todos quienes podían escuchar a Juan el Bautista y, por extensión, todos los habitantes de la tierra. Dios, en efecto, no quiere que nadie se pierda y quiere que todos se salven. Veamos a tal propósito este pasaje de la Primera epístola a Timoteo (2, 4):

el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. 

Dios no quiere que ninguno se pierda, pero lamentablemente no todos aceptarán su palabra. En efecto, veamos este verso del Evangelio de Mateo (22, 14):

Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

En todo caso, el testimonio del Bautista tenía que estar obligatoriamente dirigido a todos porque él no sabía quién se opondría a su testimonio o quién objetaría el Evangelio.
La frase “para que todos creyeran” (la apalabra en griego es pisteusōsin), se refiere naturalmente a reconocer que Jesucristo es el Verbo encarnado. Significa aceptar a Cristo como nuestro único Señor y Salvador.
Para concluir, las palabras “por medio de él” se refieren a Juan el Bautista, en el sentido que él dio testimonio de Jesucristo.

Veamos ahora el octavo verso del Prólogo del Evangelio de Juan:

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. 

Veamos la correspondiente pronunciación en griego:

Ouk ēn ekeinos to phōs all’ hina martyrēsē peri tou phōtos

En este verso, el Evangelista corrobora que el Bautista no es la luz eterna, sino que vino para testimoniar la luz. Como se ve, el primer verbo utilizado en negación es el verbo en. Es el imperfecto durativo del verbo eimi (“ser”) que, cuando es utilizado en los primeros 18 versos del Prólogo del cuarto Evangelio en referencia a Cristo, indica su eternidad. Por tanto, el Evangelista nos dice que el Bautista no era, de ningún modo, “la luz”. Sin embargo, hay un punto del cuarto Evangelio que podría generar confusión a las personas poco atentas.
Veamos el pasaje (5, 35):

Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz

En realidad, mientras la luz de Cristo se expresa con la palabra phoos, o sea la luz más resplandeciente que podamos imaginar, la palabra usada para “antorcha”, para describir al Bautista en (5, 35) es luchnos, o sea una lámpara manual alimentada por aceite. La diferencia es fundamental. La primera luz es eterna, infinitamente resplandeciente; la segunda, aunque produce luz, es temporal. Juan el Bautista, por tanto, no habría podido hacer nunca lo que hizo Jesucristo. El Bautista vino con el fin último de dar testimonio de la luz.

Yuri Leveratto

Nota: 

1-Léxico greco-inglés, séptima edición, New York, 1889, pág. 1160.

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com  

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