lunes, 18 de septiembre de 2017

El precursor del Mesías: análisis del sexto verso del Evangelio de Juan


En los primeros cinco versos de su Prólogo, Juan nos comunica que la “Palabra”, el “Verbo”, o sea Jesucristo, es Dios. Presenta el Verbo como Creador de todo lo que existe, el origen de la vida y la luz del mundo.
Del sexto al octavo verso, el Evangelista Juan hace una pausa. En estos tres versos no describe el Verbo eterno, sino a un simple hombre enviado por Dios: Juan el Bautista.
Primero que todo, veamos el sexto verso:

Hubo un hombre enviado de Dios, 
el cual se llamaba Juan.

Veamos el correspondiente en griego:

Egeneto anthrōpos apestalmenos para Theou onoma autō Iōannēs

Después de cinco versos dedicados a comunicarnos la esencia misma del Verbo eterno, Juan empieza a describir a un simple hombre, Juan el Bautista, casi para hacer énfasis en que, por el contrario, Jesucristo no era un simple hombre. El Evangelista Juan está empezando lentamente el recorrido que lo llevará, en el verso decimocuarto, a describir el evento fundacional del Cristianismo, o sea, la Encarnación del Verbo. Para hacerlo, empieza describiendo una simple persona como Juan el Bautista, indicando cuál fue su misión.

Juan el Bautista llega casi cuatrocientos años después de Malaquías. Es natural que, dado su gran personalidad, alguien hubiera podido pensar que él mismo era el Mesías.
Pero el Evangelista Juan nos indica con mucha precisión que Juan el Bautista no era divino, no tenía ninguna cualidad sobrenatural.
En efecto, Juan el Bautista en ninguna ocasión quiso pasar por quien no era. En cambio, era humilde, pero firme en su misión de precursor. ¿Por qué el Evangelista Juan tiende a disminuir la figura del Bautista en comparación con la persona de Jesucristo?
Una primera respuesta podría ser que, como el Evangelista quiere mostrar la plena Divinidad de Cristo, cualquier otra figura humana, en su presencia, debe necesariamente ocupar un rol menor.
Pero hay también otra razón. Durante el período en que el Evangelista estaba describiendo su Evangelio, hacia el fin del primer siglo en Éfeso, en Asia Menor (actual Turquía), había una secta judaica que se denominaba emero-bautistas (1), o bien “quienes se bautizaban diariamente”.
Entre ellos había quienes daban una gran importancia a Juan el Bautista.
Fue justamente por este hecho que el Evangelista Juan quiso recalcar en algunos de sus versos el hecho de que Juan el Bautista era un simple hombre que no se debía confundir con Jesucristo, el Verbo eterno.
Como hemos visto, el verso inicia con las palabras griegas “Egeneto anthrōpos”. El verbo “egeneto” indica una acción puntual y definida, y significa “vino”, “llegó”. Este verbo difiere profundamente del verbo “en” (imperfecto durativo de “eimi”, o sea “ser”). El verbo “en” fue usado para indicar la eternidad de Jesucristo, mientras que el verbo usado para describir la aparición de Juan el Bautista se encuentra en la forma llamada aoristo, refiriéndose a un hecho histórico preciso. Juan el Bautista empezó a existir desde su nacimiento, mientras que Jesucristo existe desde siempre, ya que era Dios antes de que apareciera en forma humana.
Obviamente, esta afirmación contrasta, por ejemplo, con la tercera parte del primer verso:

y el Verbo era Dios

En efecto, el Evangelista nos indica, en cambio, que Juan el Bautista era solo hombre.
Regresemos ahora a la primera frase del sexto verso:

Hubo un hombre enviado de Dios

Algunas personas piensan que los Apóstoles fueron solamente las personas que Jesucristo eligió durante su predicación. Pero en el sexto verso del Evangelio de Juan se utiliza la palabra “mandado o enviado”, “apestalmenos” en griego. Observen que esta palabra deriva del verbo “apostelloo”, que significa justamente “Apóstol”.
En realidad, la palabra “apostelloo” es la unión de apo (“de” o “afuera”) y la palabra “stello” que significa “enviar”.
Un Apóstol no se representa a sí mismo, sino que representa a quien lo ha enviado. Juan el Bautista fue enviado por Dios y no buscó nunca gloria personal. Al contrario, su misión era la de testimoniar la luz, como se verá en el verso sucesivo. La actitud de Juan el Bautista fue siempre la de testimonio de la misión salvadora de Jesucristo y nunca adoptó un comportamiento presuntuoso o pedante. Veamos algunos pasajes del Evangelio de Juan:

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios. (Juan 1, 29-34)

*

Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe. (Juan 3, 28-30)

La llegada de Juan el Bautista fue anunciada aproximadamente cuatro siglos antes por el profeta Malaquías. Veamos el pasaje del libro correspondiente (3, 1):

He aquí, yo envío a mi mensajero, y él preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero del convenio en quien vosotros os complacéis. He aquí, viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Juan el Bautista fue enviado por Dios mismo. Incluso si no fue elegido por Jesucristo, Juan el Bautista era un Apóstol. Pero el Evangelista Juan reafirma que era “hombre” con el fin de diferenciar su obra, aunque importante, de la salvadora de Jesucristo.
Después de esto, el Evangelista nos da su nombre. Este nombre, Juan, no le fue dado al niño por sus padres, sino que le fue asignado directamente por Dios. Veamos el verso correspondiente, Evangelio de Lucas (1, 13):

Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.

Además, recordemos que el nombre Juan significa “regalo misericordioso de Dios”.

Yuri Leveratto
Copyright 2017

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com 

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