viernes, 25 de agosto de 2017

La luz resplandece en las tinieblas: análisis del quinto verso del Evangelio de Juan



Hasta ahora hemos visto que Juan quiso describir la esencia del Logos, el Verbo, su comunión eterna con Dios Padre y algunas de sus características. Por ejemplo, en el tercer verso del Prólogo se indica que el Verbo creó “todo”, y de eso se deduce que es la Causa Primera.
En el cuarto verso se subraya que el Verbo es la vida misma y, además, se señala que la vida espiritual en Cristo puede pertenecer al hombre con la conversión.
Ahora analicemos el quinto verso del Evangelio de Juan:

La luz en las tinieblas resplandece, 
y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Veamos la pronunciación correspondiente en griego:

kai to phōs en tē skotia phainei kay hē skotia auto ou katelaben

La primera parte del verso se refiere a la luz eterna de Cristo. El verbo “phainei”, o sea, “resplandece”, está en presente indicativo durativo del verbo “phainoo”, que significa “resplandecer”.
Con esto, Juan nos quiere expresar que la luz de Cristo no comenzó a brillar a partir de la Encarnación, sino que ha brillado desde la eternidad del pasado.
En cierto sentido, sin embargo, la luz de Jesucristo ha brillado de una forma especial después de la caída del hombre, y de forma todavía más especial después de la Encarnación. Además, en esta primera parte del verso, notamos que Juan quiere resaltar que la luz de Jesucristo brilla independientemente del hecho de que algunos hombres no la acepten. Obviamente, muchas personas han repudiado la misión salvadora de Jesucristo, y esto se deduce de muchos pasajes bíblicos; por ejemplo, del Evangelio de Juan (3, 19):

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Sin embargo, aunque muchos han negado que Jesucristo es la luz verdadera, esta continúa brillando. Es un poco como una persona que se recluye en una caverna y no quiere salir al aire libre para contemplar el sol. Aún si esta persona se queda toda la vida dentro de la caverna, el sol no cesará de brillar.
No obstante, la luz sirve para vencer la oscuridad. Dios sabía que el hombre escogería las tinieblas y por esto decidió enviar a su Hijo, la luz verdadera, que resplandece en medio de la oscuridad.
Observemos que tanto frente a la palabra “luz” como frente a la palabra “tinieblas” está el artículo definido. Juan, en efecto, está describiendo la luz específica de Jesucristo y las tinieblas que vinieron a este mundo luego del pecado y de la muerte.
Analicemos ahora la palabra griega “skotia”. La traducción correcta es “tinieblas”, “oscuridad”, pero en sentido figurado esta palabra significa “las consecuencias del pecado” (1) (2).
Veamos el pasaje siguiente de la Primera Epístola de Juan (2, 10-11):

El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.

El hombre, en efecto, es pecador en cuanto, habiéndose alejado de Dios, siente odio hacia su prójimo. Por el contrario, si el hombre está en comunión con Dios, siente amor hacia su prójimo. La primera parte del quinto verso del Evangelio de Juan, “la luz en las tinieblas resplandece”, significa por tanto que la luz resplandece en la oscuridad que se formó luego de las consecuencias del pecado.
Obviamente, una de las consecuencias del pecado es el autoengaño. El hombre se engaña solo pensando que puede ver, o sea, que puede, a través del conocimiento, alcanzar la “plenitud de Dios”, o que incluso puede, mediante su “luz personal”, alimentar su felicidad. Pero esta condición de pedantería no le permite ver la luz verdadera; lo nubla, lo confunde.
Veamos ahora la segunda parte del verso:

y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Una vez más, encontramos la palabra “skotia”, o sea, tinieblas. Aquí puede entenderse como: corrupción, pedantería, autoengaño, presunción, alejamiento del hombre de Dios y, en suma, muerte espiritual, como consecuencia del pecado.
En todo caso, Dios no es responsable del pecado. Dios no creó la oscuridad o las tinieblas, y ni siquiera hizo al hombre pecador para después poderlo salvar. El pecado no proviene de él, sino de la libre elección del hombre. Adán y Eva creyeron que la consecuencia de su elección los llevaría al perfecto conocimiento y, en cambio, su decisión los llevó a la muerte. En efecto, según la Epístola a los romanos (6, 23):

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

¿A qué se refiere Juan cuando escribe: “y las tinieblas prevalecieron contra ella”? Juan, escribiendo “las tinieblas”, se refiere a las consecuencias pecaminosas de los hombres que repudiaron la luz. Ellos, los pecadores, son las “tinieblas”, pero no han podido vencer la “luz” porque esta resplandece y continuará resplandeciendo.
¿Qué significado tiene el verbo “katelaben”? El primero es capturar o, por extensión, vencer. El segundo es comprender, entender. El tercero es acoger.
Por tanto, la frase en cuestión significa que quienes repudiaron la Gracia que Jesucristo nos ha ofrecido, no han podido ni siquiera entenderla, no la podrán acoger y no la podrán tampoco vencer.
Desde siempre, el ladrón tiene necesidad de la oscuridad para perpetrar su hurto. Y el asesino tiene necesidad de la oscuridad para llevar a cabo su delito. La luz, por tanto, es enemiga de las tinieblas porque pone al descubierto las obras de las tinieblas. Quien repudia el Evangelio no solo no lo comprende, sino que lo odia e intenta todo lo posible para desmentirlo. Se han llevado a cabo innumerables tentativas para extinguir la luz de Jesucristo, pero todas han fallado miserablemente. La luz continúa resplandeciendo, a pesar de estos miserables ataques. Y mientras continúe resplandeciendo, habrá alguien que las combatirá.

Yuri Leveratto
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas
Foto: Papiro 66 (200 d.C.).

Notas:
1-Según el Biblico-Teological Lexicon of New Testament Greek, T&T Clark, 1954, pp.866-867
2-Mientras la palabra “skotos” significa pecado.

miércoles, 2 de agosto de 2017

La Epístola a los romanos: moralidad cristiana, amor al prójimo y respeto a las autoridades


Todavía hoy hay personas que piensan que Pablo de Tarso tenía un interés específico en la divulgación del Evangelio. Hay quienes sostienen que se trataba de un objetivo de poder. Sus cartas y su irreprensible conducta moral demuestran, en cambio, que Pablo de Tarso no tenía ninguna intención de obtener ventaja alguna de sus predicaciones. Su altísima moralidad y su absoluta concordancia con la predicación de los Apóstoles están confirmadas también por algunas citas de varios de los sucesores de ellos. Veamos específicamente dos fuentes históricas:

Tanto Clemente de Roma como Policarpo de Esmirna describen a Pablo de Tarso como un beato, o sea sincero.

Primera Epístola de Clemente V, (5-7):

“Por razón de celos y contiendas Pablo, con su ejemplo, señaló el premio de la resistencia paciente. Después de haber estado siete veces en grillos, de haber sido desterrado, apedreado, predicado en el Oriente y el Occidente, ganó el noble renombre que fue el premio de su fe, habiendo enseñado justicia a todo el mundo y alcanzado los extremos más distantes del Occidente; y cuando hubo dado su testimonio delante de los gobernantes, partió del mundo y fue al lugar santo, habiendo dado un ejemplo notorio de resistencia paciente”. 

Primera Epístola de Clemente XLVII, 1:

“Tomad la epístola del bienaventurado Pablo el apóstol”.

Policarpo, Epístola a los filipenses:

“Porque ni yo, ni otro como yo, podemos acercarnos a la sabiduría del bienaventurado y glorioso Pablo, que estando entre ustedes, hablándoles cara a cara a los hombres de entonces, enseñó con exactitud y con fuerza la palabra de verdad, y luego de su partida les escribió una carta; si la estudian atentamente podrán crecer en la fe que les ha sido dada”.

Si Pablo de Tarso hubiera tenido una conducta dudosa o ambigua, nadie hubiera escrito estas frases sobre él.
En los capítulos decimotercero y decimocuarto de la Epístola a los romanos, Pablo de Tarso indica cuál debe ser la conducta moral de los cristianos y cuál debe ser su relación con las autoridades.
Veamos este primer pasaje: (12, 9-21):

El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. 
Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndolos los unos a los otros. 
En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; 
gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; 
compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. 
Bendecid a los que os persiguen;bendecid, y no maldigáis. 
Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.
Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.
No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. 
Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. 
No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.
Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.
No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. 

En estos pasajes célebres se observa que la enseñanza de Pablo de Tarso concuerda perfectamente con el Evangelio de Mateo. Veamos, en efecto, los pasajes correspondientes. Evangelio de Mateo (5, 38-48):

Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.
ero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vecon él dos.
Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.
Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.
Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?
Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?
Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Del análisis del capítulo decimotercero de la Epístola a los romanos se deduce además que Pablo de Tarso no estaba en desacuerdo con las autoridades, incluso exhortaba a los cristianos a someterse al Estado. Veamos los pasajes correspondientes: Epístola a los romanos (13, 1-7):

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. 
De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. 
Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; 
porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. 
Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. 
Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. 
Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.

De estos versos se deduce, por tanto, que Pablo de Tarso no tenía ninguna iniciativa subversiva o revolucionaria. Veamos ahora un último pasaje del capítulo decimotercero de la Epístola a los romanos (8-10): 

No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. 

También en estos pasajes se nota la absoluta concordancia con el Evangelio de Mateo. Veamos, de hecho, el pasaje correspondiente (Evangelio de Mateo 22, 34-40):

Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una.
Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.
Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Yuri Leveratto

Traducción de Julia Escobar Villegas