sábado, 4 de junio de 2016

¿Quiénes son los hijos de Dios?


Hoy en día se escucha a menudo la frase “todos somos hijos de Dios”. Es dicha con frecuencia por creyentes cristianos, por fieles de otras religiones e incluso por agnósticos y ateos. Su origen es el difundirse del relativismo, la filosofía por la cual todas las religiones serían verdaderas, ya que todas difundirían el amor y cada creencia llevaría a la salvación, o sea al amor con el Absoluto, con Dios.
Primero que todo, quien apoya el relativismo demuestra no haber estudiado la esencia de las diferentes religiones que, justo porque están generalmente en contradicción entre ellas, no pueden todas juntas contener la Verdad. La Verdad es, por tanto, un concepto último, la causa primera y, por definición, debe existir una sola “Verdad”.
Veamos ahora algunos pasajes bíblicos sobre el concepto de “hijos de Dios” del Evangelio de Juan (1, 11-13):

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Es cierto que el amor de Dios se extiende a todo ser humano, y es justo por esto que Dios se manifestó a todos con la encarnación del Verbo (Evangelio de Juan 3, 16). Pero el Apóstol Juan nos dice que solo cuando recibimos a Jesucristo y solo cuando creemos en él nos viene dada la autoridad, el derecho y el poder de volvernos hijos de Dios. Por tanto, en este sentido, nos convertimos en otras personas, o sea nos convertimos en personas diferentes.
Releamos el texto del Evangelio de Juan (1, 11-13). El verbo genesthai en griego (traducido por convertirse al español) está en armonía con el sustantivo tekna que se traduce por “hijos”. Esta palabra viene del griego tiktein que significa “dar a luz”. Está implícito, por tanto, que cuando aceptamos a Jesucristo, arrepintiéndonos de nuestros pecados y creyendo que, con su sacrificio en la cruz, Jesús expió y perdonó así nuestros pecados, nos volvemos creaturas nuevas. A tal propósito veamos este pasaje de la Segunda Epístola a los Corintios (5, 17):

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Además, hay que considerar otro punto: el Señor Jesucristo no es nunca llamado “teknon Theou”, o sea “un hijo de Dios”, sino que siempre es llamado “ho huios tou Theou”, o sea “el Hijo de Dios” (en algunos pasajes es llamado “ho huios tou anthropou”, o sea “el Hijo del hombre”).
La palabra teknon (hijo), que viene del verbo tiktein (dar a luz), no se aplica a Jesucristo, puesto que su persona es eterna e infinita. En efecto, Dios Padre no dio nunca a luz a Dios Hijo. Este concepto se deduce también del Evangelio de Juan (1, 1):

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Por tanto, teknon indica derivación de, mientras huios denota comunión o relación con.
Volviendo al tema de la transformación que ocurre en quienes reciben a Jesucristo como su único Señor y Salvador, estos nacen realmente de nuevo, y pueden ser llamados hijos de Dios. Veamos a tal propósito el pasaje del Evangelio de Juan (3, 3-8):

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 
Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 
No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 
El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Por tanto, lo que sucede en el momento de la conversión, cuando aceptamos a Jesucristo, no es la unión de lo humano con lo divino, sino que es el ingreso de la naturaleza divina en la personalidad humana.
La palabra teknon, “hijo”, tiene características especiales de delicadeza y gentileza. En cambio, la palabra huios, “hijo”, describe un derecho legal. El Apóstol Juan nos quiere entonces comunicar que, después de la aceptación de Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, los creyentes no solo obtienen la remisión de los pecados y la salvación, sino que se vuelven también amados hijos de Dios.

YURI LEVERATTO
Copyright 2016

Foto: Papiro 66, Evangelio de Juan, 200 d.C.

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com

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