viernes, 2 de diciembre de 2016

La fundación de la escuela alejandrina


La cristianización de Egipto inició con la misión del judío Marcos, el evangelista. Según la tradición de las Iglesias Coptas y Ortodoxas de Alejandría, Marcos llegó a Egipto el 49 d.C. y empezó a predicar la Buena Nueva. Marcos bautizó a Aniano, quien fue luego el segundo obispo de Alejandría. Aún siendo obispo de Alejandría, Marcos se ausentó por un período de dos años durante los cuales viajó a Cirenaica, en la ciudad de Ptolemaida, y después a Roma y a Aquilea. A su regreso a Egipto, Marcos encontró que la comunidad de los cristianos se había desarrollado y que había sido construida una Iglesia en la localidad de Bucolia, en el puerto de Alejandría.
Según San Jerónimo, Marcos fue también el fundador de la escuela catequística de Alejandría, cuyo primer decano fue Justo (1).
Durante el primer siglo, Alejandría era una ciudad cosmopolita donde convivían diferentes pueblos y varias creencias religiosas. Había egipcios, griegos, romanos, etíopes y la lengua más hablada era el griego.
Desde la fundación de la ciudad portuaria, por obra de Alejandro el Grande, se habían desarrollado varias corrientes culturales: la oriental, heredera de las tradiciones babilónicas, persas e indias (védicas); la egipcia, heredera de las antiguas religiones de los faraones, al interior de la cual se adoraban todavía a Horus, Isis y Osiris; y la griega, con los dioses del panteón olímpico.
En Alejandría, sin embargo, había también judíos que adoraban a YHWH, y desde el segundo siglo a.C. había habido cierto intercambio cultural entre la cultura judía y la griega, ya que el Tanaj había sido traducido al griego, o bien, los libros que ahora conforman el Antiguo Testamento (la Biblia de los setenta).
Uno de los sabios judíos más famosos de la Alejandría del siglo I fue Filón, que reconocía al demiurgo o Logos de Platón como el Dios de la tradición judía.
Según una tradición copta, Marcos fue martirizado en el 68 d.C. cuando paganos, adoradores del dios egipcio Serapis, lo ataron a la cola de un caballo y lo hicieron arrastrarse por la ciudad hasta que murió (2).
El segundo obispo de Alejandría fue Aniano, del 68 d.C. hasta el 83 d.C., fecha de su muerte.
Justo de Alejandría fue el decano de la escuela alejandrina hasta 118 d.C., cuando fue elegido obispo. Los sucesivos decanos de la escuela fueron Eumenes de Alejandría (118-129 d.C.) y Marcos II de Alejandría (129-152 d.C.).
A partir del siglo II se sintió la necesidad de defender la fe cristiana contra posibles ataques externos. Fue esta la razón de que la escuela alejandrina se desarrollara y floreciera, justo en la ciudad donde estaba más difundido el gnosticismo, una tendencia opuesta al Cristianismo apostólico.
La visión gnóstica no fue una fe original, sino una adaptación de conceptos gnósticos aplicados al Cristianismo, en fuerte contraposición al Antiguo Testamento. Los gnósticos, viendo solo la negatividad del mundo terreno, o sea el mal, el dolor y el sufrimiento, se las atribuyeron a YHWH, al que identificaban con el demiurgo malo.
A Jesucristo, en cambio, no podían repudiarlo, porque fue un personaje histórico y muchos estaban dispuestos a morir por él. Por tanto, efectuaron un sincretismo, adaptándolo a su creencia.
El “Jesús gnóstico” que resultó, por consiguiente, ya no era el descrito por los Apóstoles, que fueron los que vivieron con el Salvador, sino el inventado e idealizado por los gnósticos. Aquel “Jesús gnóstico” no había sufrido en la cruz, ya que su naturaleza meramente divina le impedía sufrir y, por tanto, tampoco la Resurrección tenía sentido, era una alegoría. La importancia de la venida de Jesús era solamente su acción de “puente” que podría llevar al hombre a la verdadera gnosis, o sea, a Dios. Resultó un Jesús completamente falseado y no correspondiente a los textos neotestamentarios.
Los dos filósofos más conocidos que divulgaban la fe gnóstica en Alejandría eran Basílides y Valentino, ambos activos en el segundo siglo.
Las cuatro características de la escuela alejandrina fueron: el contenido metafísico en la predicación de la fe, la influencia platónica, la dirección conceptualmente idealista y el método de interpretación alegórico de varios pasajes de las Sagradas Escrituras.
Uno de los decanos más importantes de la escuela alejandrina fue Panteno, quien dirigió la escuela a partir del 181 d.C.
Según Eusebio de Cesarea, Panteno viajó como misionario hasta la India. Veamos el pasaje correspondiente, extraído de su obra “Historia eclesiástica”, (5, 10):

1.  Un hombre celebérrimo por su cultura, llamado Panteno, dirigía entonces la escuela de los fieles de aquella ciudad, dado que por vieja costumbre existía entre ellos una escuela de doctrina sagrada: esta se ha conservado hasta nosotros, y hemos sabido que está en manos de hombres hábiles con la palabra y con el estudio de las cosas divinas. Se narra que el mencionado Panteno se distinguió entre los más brillantes de aquel tiempo, ya que provenía de la escuela filosófica de los denominados Estoicos.
2.  Se dice entonces que mostró tal ardor en su fervorosísima disposición para la palabra divina, que se le designó heraldo del Evangelio de Cristo en las naciones de Oriente, llegando hasta la India. Había, de hecho, había todavía en aquellos tiempos, numerosos evangelistas de la palabra que se preocupaban de llevar fervor divino imitando a los apóstoles para engrandecer y edificar la palabra divina.
3.  También Panteno fue uno de ellos, y se dice que se fue entre los Indios, donde encontró, como narra la tradición, entre algunos del lugar que habían aprendido a conocer a Cristo, que el Evangelio según Mateo había precedido su venida: entre ellos, en efecto, había predicado Bartolomé, uno de los apóstoles, que había dejado a los Indios la obra de Mateo en la escritura de los Judíos, y esa se había conservado hasta la época en cuestión.
4.   Panteno, en todo caso, después de numerosas empresas, dirigió al fin la escuela de Alejandría, comentando a viva voz y con los textos los tesoros de los dogmas divinos.

Esta cita indica que posiblemente Panteno recorrió los senderos del Apóstol Bartolomé y encontró una copia del Evangelio de Mateo escrita tal vez en arameo. En el camino de regreso a Occidente, Panteno se detuvo por algunos años en la ciudad de Edesa y fue ordenado cura por el obispo de Antioquía, Serapión. Panteno, junto a Serapión, participó activamente en la confutación de las tesis gnósticas de Bardaisan, quien en aquel tiempo se había establecido en la corte de Agbar IX, rey de Osroena. Panteno volvió a Alejandría en el 200 d.C., fecha de su muerte.
Durante la ausencia de Panteno, la dirección de la escuela alejandrina fue asumida por el ateniense Clemente (Atenas, 150 – Cesarea de Capadocia, 215).
Para Clemente, entre la filosofía griega y las Sagradas Escrituras existe una relación armoniosa querida por Dios. El Creador dio la Ley a los judíos y la filosofía a los griegos. Ambas vienen de Dios y ambas conducen a Cristo.
Tanto el pensamiento de Clemente de Alejandría como el de sus predecesores (como Justino, Atenágoras, Teófilo de Antioquía) y de sus sucesores (Orígenes, Alejandro de Jerusalén) estuvieron caracterizados por el reconocimiento del valor del pensamiento de Platón, el primer filósofo que admitió la existencia de un plano metafísico, no con la fe, sino con la razón. En los filósofos cristianos alejandrinos, sin embargo, está el reconocimiento de la superioridad del Cristianismo sobre la filosofía griega, porque la Verdad, que los griegos habían solo rozado con la descripción del Logos, con el Cristianismo se reveló en toda su plenitud.
Desde este punto de vista no se puede hablar de helenización del Cristianismo, sino de cristianización del mundo helénico. Para ellos, Jesucristo es la Verdad última y vino para completar no solo la ley judía, sino también la filosofía griega, ya que se reveló a sí mismo a nosotros, el Logos que se hizo carne. El Cristianismo, por tanto, además de ser la única verdadera religión, es para ellos la única verdadera filosofía divina.
Sabemos que el Cristianismo apostólico se basaba en el arrepentimiento de los propios pecados y en la fe en Jesucristo para obtener la salvación, mientras que el gnosticismo estaba centrado en el conocimiento, o gnosis, para alcanzar la unión con Dios.
Clemente de Alejandría indica una tercera vía, ya que para él la fe y el conocimiento están íntimamente relacionados. La fe para Clemente es el fundamento de la gnosis. Para él, cada creyente puede ser gnóstico, pero el gnóstico eclesiástico es el perfecto cristiano.
La primera obra de Clemente fue el Protréptico (del griego “exhortación”, escrito posiblemente entre el 180 d.C. y el 200 d.C.). Era una exhortación a la conversión al Cristianismo dirigida a los paganos y, sobretodo, a los cultos de los griegos.
Su segunda obra fue el Pedagogo, donde se le enseña al cristiano la disciplina y una vida de rectitud.
La tercera obra de Clemente de Alejandría es denominada Stromateis (Mosaico), porque analiza muchos argumentos con el fin de reconocer la justa vida cristiana a través de la fe y el conocimiento que, según él, llevarían a la verdadera gnosis.
En práctica, las tres obras están unidas por un delgado hilo. Es como si fuera Jesucristo mismo, quien primero exhorta a emprender el camino de la conversión, luego enseña el camino correcto a recorrer y, por último, como un maestro enseña la vía a recorrer a través de la fe, por el verdadero conocimiento.
Clemente escribió también otras obras, entre las cuales se recuerdan las Disposiciones, que fueron comentarios a la Biblia, y algunos textos no canónicos, como la epístola de Bernabé y el Apocalipsis de Pedro.
En el 202, el emperador Septimio Severo ordenó la persecución de los cristianos en la parte oriental del imperio y en Egipto. Clemente de Alejandría fue entonces obligado a abandonar Egipto y la dirección de la escuela pasó a Orígenes Adamancio.
Clemente se dirigió a Cesarea de Capadocia, en la actual Turquía central, donde se dedicó a la Iglesia local, ya que el obispo Alejandro había sido encarcelado. Murió en Cesarea de Capadocia pocos años después, probablemente en el 215 d.C.
Durante aquellos años, la escuela alejandrina estaba dirigida por Orígenes Adamancio (Alejandría, 185 d.C. – Tiro, 254 d.C.), uno de los principales filósofos del Cristianismo antiguo.
En el tercer siglo, la convicción de que la Verdad había sido revelada al mismo tiempo a los judíos con la Biblia y a los griegos con la filosofía, y la creencia de que esta se había encarnado en la persona de Jesucristo, se enfrentaron con el pensamiento de los filósofos neoplatónicos, entre los cuales se recuerdan Amonio Saccas, Plotino y Porfirio.

YURI LEVERATO
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com

Notas:
 (1)-http://www.copticchurch.net/topics/patrology/schoolofalex/I-Intro/chapter1.html
(2)- http://www.copticchurch.net/topics/synexarion/mark.html

miércoles, 16 de noviembre de 2016

La línea de la fe


No es una novedad que haya personas no creyentes. Ya desde los años inmediatamente posteriores a la vida terrena de Jesucristo, había personas que no creían que Él era realmente el Hijo de Dios. La tarea de nosotros los cristianos no es la de forzar a los otros a creer. Nosotros debemos solo dar testimonio, en diferentes modos, del Evangelio de Jesucristo. Nuestro testimonio debe ser tranquilo, cortés, humilde, pero firme. Con nuestro testimonio lograremos acercar a las personas a Jesús, y lograremos acercarlas a “la línea de la fe”. Lo que no podremos es hacer que una persona crea. Esto es imposible por parte del hombre. La verdadera conversión, según las palabras de Juan (1, 12-13), viene directamente de Dios, o sea, es obra del Espíritu Santo:

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Sin embargo, como acabo de escribir, nuestra tarea es testimoniar el Evangelio. Pero hoy hay gente que no quiere escuchar el Evangelio, porque tiene prejuicios sobre Jesús o sobre los primeros cristianos y, por tanto, se pone a la defensiva. Analicemos brevemente estos prejuicios y demostremos su falta de fundamento.
Antes que nada, siguiendo al liberalismo, muchas personas hoy creen que Jesús fue un gran “sabio”, una persona de altísimo valor moral que predicó el bien y que tuvo varios secuaces. Prácticamente lo reconocen como una persona iluminada, un gran filósofo o “el sabio más grande de todos los tiempos”. Otros, siguiendo esta línea, consideran que Jesús era un “predicador apocalíptico”.
Esta interpretación es fácilmente demolida no solo por la Biblia, sino sobre todo por la lógica. Primero que todo, veamos este punto: si Jesucristo hubiera sido “solo” un “gran sabio”, no habría resurgido de entre los muertos al tercer día. Entonces ninguno de sus secuaces habría divulgado su Resurrección, arriesgando la vida tanto frente al poder sacerdotal judaico como frente al poder romano. ¿Qué habrían ganado los secuaces de Jesús divulgando una mentira sabiendo que divulgaban una mentira? Nada.
Además, el mensaje central del Evangelio no es solo amor, sino que es salvación. De las fuentes bíblicas e históricas en nuestro poder, se deduce que desde los años inmediatamente siguientes a la vida terrena de Jesús, los Apóstoles y otros secuaces de Cristo predicaron que solo a través del arrepentimiento de los propios pecados y la fe de que Jesús murió en la cruz para perdonar todos los pecados se puede acceder al Padre. En práctica, ellos predicaron que solo a través de Jesús se puede obtener la vida eterna (Evangelio de Juan 14, 6). Además, los primeros cristianos bautizaban en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Evangelio de Mateo 28, 19), demostrando que creían en la Trinidad y, por tanto, que consideraban que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. La mayoría de los primeros cristianos fue al martirio incluso por no negar la Resurrección de Jesús en la carne y su plena Divinidad.
Todos los Apóstoles, excepto Juan, murieron mártires. Y, además, Esteban, Pablo, Bernabé, Santiago el Justo, Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía, Justino Mártir y otros también murieron en el patíbulo, culpables de no haber renegado de la Divinidad de Jesucristo.
En este punto alguien podría objetar que la Resurrección misma no fue un evento real, sino que los Apóstoles se convencieron de haber vuelto a ver a Jesús, su maestro, y divulgaron su Resurrección. En mi artículo “Consideraciones sobre la Resurrección de Jesucristo” analicé varias hipótesis sobre la Resurrección. Por ejemplo, que el cuerpo de Jesús haya sido sacado de la tumba o que los Apóstoles hayan tenido alucinaciones colectivas.
Analicemos el primer punto: primero que todo hay que recordar que la ley judía prohibía expresamente abrir los sepulcros (si no era para depositar otros muertos) y castigaba con la muerte el hurto de cadáveres; por tanto, la hipótesis de que alguno de los secuaces de Jesús haya realmente extraído el cuerpo es, desde un punto de vista histórico, remota. Los Apóstoles mismos no habrían ganado nada divulgando una mentira que ellos mismos habrían inventado. Al contrario, se habrían arriesgado a la muerte. Incluso si uno de los Apóstoles, por absurdo, hubiera extraído el cuerpo, la verdad hubiera salido a la luz, y nadie habría divulgado una mentira, poniendo en riesgo la vida. Está excluida la posibilidad de que los sacerdotes judíos o los soldados romanos hayan extraído el cuerpo, justamente porque no tenían ningún interés en alimentar el mito de que Jesús había resurgido de entre los muertos.
También la hipótesis de la alucinación colectiva debe descartarse. Los estudiosos de fenómenos de alucinación sostienen que normalmente las alucinaciones se verifican a través de uno de los cinco sentidos. Por tanto, se pueden verificar alucinaciones visuales, olfativas, auditivas, táctiles e incluso gustativas. Es rarísimo, sin embargo, que el fenómeno de alucinación se manifieste en modo completo, o sea, viendo, escuchando y tocando “a alguien o a alguna cosa”: Además, todavía más difícil es que una alucinación se manifieste en varias personas al mismo tiempo.
Pero las apariciones de Jesús no tuvieron lugar en un solo evento. Hubo varias, y en diferentes lugares. Además, los Apóstoles, luego de las apariciones, no dieron signos de delirio o locura, sino que vivieron de forma dócil, calma y tranquila, divulgando con firmeza la Buena Nueva.
Por otro lado, el hecho de que ninguno haya contradicho a los demás es otro indicio de que lo que vieron era verídico. Además, el hecho de que los primeros cristianos estuvieran dispuestos incluso a morir con tal de no renegar de Jesucristo es una ulterior prueba de la veracidad de las apariciones.  Ninguno de ellos hubiera ido a morir si no hubiera estado más que seguro de que quien se le apareció después de la Resurrección era justamente Jesús, en carne y hueso, recordando obviamente que este evento había sido anunciado por él, mientras estaba en vida. Además, hay un hecho por considerar: si la teoría de las alucinaciones fuera verdadera, debería ser verdadera también la teoría de la extracción del cadáver de Jesús de la tumba. En este punto, los escépticos de la Resurrección deben conciliar varios hechos para negar que la Resurrección sucedió realmente: deben, de hecho, asumir que el cuerpo de Jesús fue robado (teoría que, como vimos, es, desde un punto de vista histórico, remota) y que al mismo tiempo todos los Apóstoles, además de María Magdalena, los discípulos de Emaús, Santiago el Justo y luego Pablo de Tarso tuvieron alucinaciones en grupo por más de una vez. Considerando, de hecho, que en el Nuevo Testamento hay descritas al menos doce apariciones diferentes entre ellas (excluyendo el Apocalipsis), resulta altamente improbable que hayan sido todas debido a alucinaciones, incluso teniendo en cuenta que durante los años sucesivos ninguno de los Apóstoles dio signos de esquizofrenia o delirio.
Vemos, por tanto, que la teoría de Jesús como un “gran sabio” cae justamente por el comportamiento de los Apóstoles. Si hubiera sido solo “un gran sabio”, ninguno de ellos habría divulgado su Resurrección en la carne.
Analicemos ahora la teoría del Jesús revolucionario, partisano antiromano que habría combatido contra las injusticias con el fin de liberar a Israel del yugo de los romanos. Primero que todo, podemos confutar esta teoría con la primera argumentación: si Jesús hubiera sido solo un partisano antiromano, ninguno habría divulgado su Resurrección. Pero hay más: si Jesús hubiera sido un partisano antiromano que quería generar una revuelta para liberar a Israel, sus secuaces, después de su muerte, habrían difundido ideas revolucionarias y violentas, pero la historia prueba que ellos divulgaron el Evangelio, o sea, amor hacia los enemigos y salvación para quien acepta el sacrificio de Jesús sobre la cruz.
El simple hecho de que los Apóstoles murieron como mártires desmiente la posibilidad misma de que Jesús fuera un revolucionario antiromano. El martirio, de hecho, era un acto pacífico y no violento. Ellos preferían morir en vez de negar el nombre de Jesús y su Divinidad.
Si, en cambio, hubieran tenido como objetivo un complot antiromano, no se habrían hecho matar después de torturas atroces para no renegar la Divinidad de Cristo (como las infligidas, por ejemplo, a Bartolomé, que fue desollado vivo), sino que habrían renegado, salvándose la vida y desarrollando sus ideas de otra manera. También la teoría del Jesús partisano antiromano decae, por tanto.
Analicemos ahora brevemente la teoría islámica sobre Jesús. Según el Corán, Jesús fue solo un profeta de Dios, pero no la encarnación de Dios. Además, no murió en la cruz (Corán 4, 157-158) y, por tanto, no pudo perdonar los pecados del mundo. Obviamente, para los islámicos, Jesús no resucitó en la carne.
La teoría islámica sobre Jesús se confuta fácilmente con las citaciones históricas sobre la muerte de Jesucristo en la cruz; también y, sobre todo, con la lógica. Si, de hecho, Jesús no hubiera muerto en la cruz, no habría tampoco resucitado de entre los muertos. Nadie habría entonces divulgado su Resurrección, arriesgando la vida tanto frente al poder sacerdotal judaico como frente al poder romano.
Analicemos ahora la última teoría sobre Jesús, o sea la del “Jesús gnóstico”. Primero que todo, reconozcamos brevemente qué fue el gnosticismo cristiano del segundo siglo de nuestra era. La visión gnóstica de Basílides, Valentino y Marción no fue una fe original, sino una adaptación de conceptos gnósticos aplicados al Cristianismo, en fuerte contraposición con el Antiguo Testamento. Los gnósticos, viendo solo las negatividades del mundo terreno, o sea, el mal, el dolor y el sufrimiento, se las atribuyeron a YHWH, que identificaban con el demiurgo malo.
A Jesús, en cambio, no podían repudiarlo, porque su mensaje era grandioso y muchos estaban dispuestos a morir por él. Por tanto, efectuaron un sincretismo, adaptándolo a su creencia.
El “Jesús gnóstico”, por tanto, ya no era el descrito por los Apóstoles, que fueron quienes vivieron con el Salvador, sino que era el inventado e idealizado por los gnósticos. Aquel “Jesús gnóstico” no había sufrido en la cruz, ya que su naturaleza puramente divina le impedía sufrir y, por tanto, tampoco la Resurrección tenía sentido, era una alegoría. La importancia de la venida de Jesús era solo y solamente su acción de “puente” que habría podido llevar al hombre a la verdadera gnosis y, por tanto, a Dios. Resulta, de esta manera, un Jesús completamente falseado que no corresponde a los textos neotestamentarios.
Los gnósticos actuales, por lo general, reconocen a Jesús como una persona iluminada que fue capaz de encarnar en sí la “consciencia de Cristo” (a menudo utilizan el término “consciencia crística”, en perfecto estilo nueva era), y lo señalan como un puente para poder obtener la salvación. Declaran, además, que aceptan la Biblia como revelación de Dios, pero ninguno de ellos habla del pecado y del mensaje de salvación que Jesucristo dio. Repudian la Gracia que nos fue dada por Jesucristo con su muerte en la cruz y, por tanto, niegan el concepto de la “Muerte vicaria de Jesucristo”. Cuando se les hace observar que los Apóstoles predicaron el concepto de “muerte vicaria de Jesucristo” y el concepto de expiación de los pecados, sostienen que este pensamiento fue de Pablo de Tarso, pero no de los Apóstoles. Esta tesis es fácil de confutar. Primero que todo, las citas sobre la “muerte vicaria de Jesucristo” son numerosas no solo en las cartas de Pablo, sino también en los Evangelios y en otros libros neotestamentarios. En segundo lugar, es errado decir que Pablo de Tarso influenció a los otros Apóstoles y Evangelistas. Antes que nada, según algunos estudiosos, tanto el Evangelio de Mateo como el Evangelio de Marcos fueron escritos antes de las epístolas de Pablo. Para el estudioso J. Carmignac, el Evangelio de Mateo fue escrito en el 45 d.C., inicialmente en arameo. Además, según el estudioso O’Callaghan, uno de los fragmentos de los Rótulos del Mar Muerto sería parte del Evangelio de Marcos, y se remontaría incluso al 50 d.C.
Además, si antes del concilio de Jerusalén los Apóstoles se hubieran dado cuenta de que Pablo de Tarso sostenía tesis que no coincidían con el mensaje central de Jesucristo, el kerygma (o bien, Jesucristo nació de una virgen, por tanto es el Hijo de Dios, murió sobre la cruz para perdonar todos los pecados y resurgió al tercer día en la carne), lo habrían alejado e incomunicado y no le habrían permitido predicar la palabra del Señor.
En tercer lugar, las Epístolas de Pablo fueron dirigidas a las comunidades cristianas de los tesalonicenses, los corintios, los gálatas, los filipenses, los romanos, los efesios y los colosenses. Por tanto, estas cartas inicialmente no llegaron a las manos de otros Evangelistas, que entonces no habrían podido copiar su contenido. En cuarto lugar, hay que considerar que Pablo de Tarso no viajó a Egipto, ni a Bizancio (Constantinopla), ni a Armenia, ni a Etiopía, ni a Persia y mucho menos a India. Sin embargo, en aquellos lugares se difundió el kerygma desde el siglo I. ¿Quién difundió el kerygma en aquel territorio donde Pablo de Tarso no viajó? Los Apóstoles, naturalmente. Si Pablo de Tarso hubiera inventado algo, y si su prédica no hubiera coincidido perfectamente con la enseñanza de Jesucristo, habría resultado que en los lugares que cité se habría difundido algo distinto, mientras solo en las áreas visitadas por Pablo se habría difundido el kerygma, pero como sabemos, no fue así; por ejemplo, en Egipto se difundió el kerygma y el Cristianismo apostólico, exactamente igual al Cristianismo difundido por Pablo, y el primero que lo difundió fue el Evangelista Marcos. Y lo mismo para otros lugares que he citado: Andrés para Bizancio, Judas Tadeo y Bartolomé para Armenia, Tomás para India, etc.
Además, Pablo de Tarso fue al martirio para no renegar de lo que había escrito y dicho sobre Jesucristo. Naturalmente, las fuentes históricas sobre el martirio de Pablo de Tarso son numerosas.
Queda entonces demostrado que la doctrina de la “muerte vicaria de Jesucristo” es apostólica, o sea, fue divulgada por todos los Apóstoles y no fue una invención de Pablo de Tarso.
Por tanto, la visión gnóstica que no considera el Evangelio en su totalidad, o sea, descarta el pecado y el mensaje central de la predicación de Jesucristo sobre la salvación, resulta ser una fe falseada, acomodada a las exigencias de una tendencia de moda, que muestra un Evangelio de amor, pero no de salvación. Se descartan las partes del Evangelio que son mordaces y que resaltan el arrepentimiento de los propios pecados y la fe de que Jesús murió para expiarlos en nuestro lugar, y se detiene solo en el amor, la compasión y la misericordia.
Hemos visto entonces que cada una de estas cuatro teorías (a saber, Jesús como “gran sabio” o “predicador apocalíptico”, “Jesús revolucionario antiromano”, “Jesús islámico” y “Jesús gnóstico”) no tienen un fundamento sólido ni desde el punto de vista histórico ni desde el punto de vista lógico.

YURI LEVERATTO
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com

lunes, 31 de octubre de 2016

La Creación: análisis del tercer verso del Evangelio de Juan



Como analizamos en los artículos anteriores, los primeros dos versos del Evangelio de Juan describen a la persona de Jesucristo, denominado “Palabra” o “Verbo”. Las cuatro afirmaciones de estos dos primeros versos son:

1, 1ª. “En el principio era el Verbo”. O sea, el Verbo existe desde siempre, desde la eternidad.

1, 1b: “Y el Verbo era con Dios”. En este pasaje se confirma la eterna comunión del Verbo con Dios Padre, desde siempre.

1, 1c: “Y el Verbo era Dios”. Esto significa que el Verbo, siendo de la misma sustancia de Dios Padre, es Dios, si bien tiene una personalidad diferente.

2: “Este era en el principio con Dios”. En este segundo pasaje se confirma que el Verbo siempre estuvo en comunión con Dios Padre, desde la eternidad.

Después de haber hecho estas afirmaciones de fundamental importancia, el Apóstol Juan empieza a describir la obra del Logos, el Verbo, Jesucristo. Y lo hace en el tercer verso del primer capítulo de su cuarto Evangelio:

todas las cosas por él fueron hechas, 
y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 

Veamos la pronunciación correspondiente en griego:

Panta dia autou egeneto kay chōris autou egeneto oude hen ho gegonen

Empecemos a analizar la primera parte del tercer verso:

todas las cosas por él fueron hechas

La palabra griega con la cual el Apóstol Juan empieza este verso es “panta”, o bien, “todo”. En algunas otras versiones (nueva Diodati) es traducida por “cada cosa”. En griego, el artículo definido (ho) se omite antes de “panta”, justamente con el fin de volver absoluto el significado de “todo”. Juan, prácticamente, quiere referirse a la totalidad de las cosas que fueron creadas en todos los tiempos, o sea, en el pasado, en el presente y en el futuro.
Panta es el nominativo plural del neutro pan. En práctica, significa: todas las cosas que fueron, todas las cosas que son y todas las cosas que serán: todo.
La segunda palabra que encontramos en el análisis de este tercer verso es δι’, cuya pronunciación es dia. Se traduce “por medio”. En realidad, esta palabra griega es pariente de “duo” (dos) o “dis” (dos veces). El significado basilar de la palabra indica el intermediario o la causa para llegar a un resultado final. Encontramos esta preposición en la palabra diagrama. El diagrama es, en efecto, algo que está entre el concepto de una cosa y el resultado final de la cosa misma. Se hace un diagrama para mostrar lo que se va a construir.
Juan explica entonces que “todas las cosas por él fueron hechas”, o sea por medio de Jesucristo, el Verbo, el Logos eterno. El Verbo, sin embargo, es Dios (ver verso 1, 1c), y su sustancia siempre ha sido la misma de Dios Padre. Esto fue confirmado también por Pablo de Tarso en su Epístola a los colosenses (2, 9):

Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad

Como el Verbo, Jesucristo, fue el Creador, del mismo modo fue el Redentor. Por tanto, Él fue tanto el agente de la creación como el agente de la redención.
El hecho, sin embargo, de que él haya sido el agente de la creación no significa que haya sido diferente en esencia o inferior a Dios Padre. Él pudo ser tanto la Causa Primera como el agente de la Creación. Esto se deduce también de la Epístola a los romanos (11, 36):

Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

También del célebre pasaje del Génesis se deduce que Jesucristo fue tanto la Causa Primera, como el agente de la Creación (Génesis 1, 26):

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Dios creó el universo y al hombre por medio del Verbo, pero en un cierto sentido todas las tres personas de la Trinidad participaron en la obra de la Creación, así como todas las tres participaron en la obra de la redención y de la salvación del hombre.
El verbo utilizado por Juan fue egeneto, o sea, “hizo”. Todas las cosas se volvieron por medio de Él, por medio de Jesucristo. El verbo egeneto difiere del verbo en utilizado en el primer y en el segundo verso. Mientras en significa “era”, en un tiempo eterno, egeneto significa “hizo”, en un momento definido. Este verbo “egeneto” excluye entonces que Juan quisiera referirse a una creación eterna o continua. Juan describió que el mundo fue creado en un determinado momento, y que antes de la Creación el mundo no existía, mientras Dios existía desde siempre.
Para concluir, añado que en esta primera parte del tercer verso se afirma indirectamente que Jesucristo es el Creador del universo, la Causa Primera, Dios. Si, en efecto, el Verbo fuera un ser creado, no habría podido crear “todo”, sino que habría creado “todo excepto a sí mismo”. En cambio, Juan nos dice que el Verbo hizo “todo”.
Analicemos ahora la segunda parte del tercer verso del Evangelio de Juan:

y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Después de haber hecho una afirmación positiva, Juan hace énfasis en la parte negativa de tal afirmación. Las palabras “y sin él” se refieren inequivocablemente al Verbo, o sea, a Jesucristo. La palabra griega “chōris”, significa “sin”.
Se afirma, por tanto, que sin el Verbo, o sea Jesucristo, nada de lo que existe fue hecho. Juan, escribiendo la palabra “chōris”, nos hace entender que el universo no tiene la posibilidad de auto crearse. No es posible que la materia se transforme en algo vivo, ni es posible que una célula se transforme en ser consciente sin que haya una voluntad creadora.
En este punto, sin embargo, alguien podría afirmar que como nada fue hecho de lo que existe sin la voluntad creadora del Verbo, él creó también el mal.
La Biblia, sin embargo, nos enseña que el mal tuvo origen del primer acto de no humildad efectuado por una creatura del Señor, la cual quiso suplantar a Dios (Libro de Isaías 12 y Libro de Ezequiel 28, 12-18). Cuando luego el hombre desobedeció a Dios, el Señor, siendo perfectamente sagrado, no pudo hacer otra cosa que permitir que el hombre sufriera las consecuencias de su decisión. Luego de la separación del hombre de Dios, el hombre y el mundo se hundieron en el pecado y en el mal. Todo eso llevó a la necesaria venida de Dios al mundo en la persona de Jesucristo (Evangelio de Juan 1, 14), con el fin de redimir al hombre y restablecer su relación inicial con el Creador.
De esta segunda parte del tercer verso se deduce que el Verbo no fue hecho, y que todo lo que fue hecho, no es el Verbo. Juan, en efecto, expresa el concepto de que antes de la Creación, el Verbo ya existía. Pero él mismo no fue hecho, era auto existente y, por tanto, era Dios. (Evangelio de Juan 1, 1).
De aquí se deduce también que el mundo no se auto creó. Por tanto, no es Dios. Es un error garrafal afirmar que la naturaleza es Dios. A veces se escucha la expresión “madre naturaleza”, como si la naturaleza fuese “madre” o como si la naturaleza fuese “Dios”. Es un error inducido por filosofías nueva era y panteísticas. Juan, en cambio, nos indica claramente que Dios es completamente distinto de su creación.
También esta segunda parte del tercer verso del Evangelio de Juan excluye que Jesucristo sea un ser creado. Si, de hecho, Él fuera un ser creado, no tendría sentido la frase: “y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”, que significa que no hay nada en la creación que no tenga origen en Jesucristo. Por tanto, vemos que el Creador no puede ser creatura, ya que si Él fuera creatura, habría tenido que crear todo excepto a sí mismo, pero esto no es lo que Juan nos comunicó.
Se deduce lógicamente que Jesucristo, siendo auto existente, es Dios, exactamente como lo es Dios Padre. Ambos, por tanto, son co-iguales y co-eternos. El Apóstol Pablo confirma este concepto en la Epístola a los colosenses (1, 16):

Porque en él fueron creadas todas las cosas,
las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, 
visibles e invisibles; 
sean tronos, sean dominios, 
sean principados, sean potestades; 
todo fue creado 
por medio de él y para él.

Volvamos a analizar la segunda parte del tercer verso del Evangelio de Juan:

y sin él nada de lo que ha sido hecho, existe.

Mientras el primer verbo de esta segunda parte del verso es “egeneto”, volverse, traducido por “fue hecho”, el último verbo utilizado es “gegonen”, traducido por “existe”. Juan se refiere a “lo que ahora existe”. Prácticamente Juan indica que todo lo que ahora existe deriva del poder creativo de Jesucristo. Este segundo verbo se encuentra en el tiempo perfecto y esto indica indirectamente que Jesucristo permite la existencia de cualquier cosa que nos circunda y de cualquier ser viviente. Es la Gracia la que nos sostiene, la que nos permite cada día despertarnos en la mañana, la que es causa de la germinación de las flores y del crecimiento de las plantas, de las cuales se alimentan los seres vivientes.

YURI LEVERATTO
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com 

Bibliografía: Spiros Zodhiates, Cristo era Dios?

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Confutación de la religión islámica

La palabra “islam” significa “sumisión” y se refiere a la sumisión a Dios. El nombre “musulmán” viene de la misma raíz y significa “aquel que se somete”. La historia de su origen y expansión está interconectada con las guerras de conquista que algunos grupos de musulmanes llevaron a cabo a partir del séptimo siglo d.C. El fundador del Islam fue Mahoma, quien nació en la Meca en el 570 d.C.
La tradición de los árabes se remontaba a los tiempos de Abraham y a la promesa que Dios había hecho a su hijo Ismael (Génesis 17, 20). Según los árabes, el ángel de Dios habló a Agar en la Meca cuando Agar estaba huyendo de Sarai (Génesis 16). También según la visión árabe, la profecía tuvo su cumplimiento en el multiplicarse de las tribus de los descendientes de Ismael, el hijo de Abraham y Agar. Los árabes creían que Ismael, y no Isaac, era el hijo que Abraham estaba por sacrificar en el monte Moriah cuando Dios intervino. Pero la Biblia es clara y en el capítulo 22 del Génesis se describe claramente que Abraham estaba por sacrificar a Isaac y no a Ismael, cuando luego Dios intervino e interrumpió el sacrificio. Está claro, además, como se deduce de la Biblia, que la persona con la cual Dios hizo una alianza perenne fue Isaac, y no Ismael. Veamos el pasaje bíblico correspondiente, Génesis (17, 19-22):

Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. 
Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación.
Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene. Y acabó de hablar con él, y subió Dios de estar con Abraham.

Según la tradición árabe, Abraham e Ismael edificaron la Kaaba en el desierto en el lugar donde sucesivamente se construyó la ciudad de la Meca. Además, la tradición indicaba que en un lado de la Kaaba estaba la piedra negra (probablemente un meteorito), que el ángel Gabriel habría traído del cielo.
La historia misma confuta esta tesis, ya que, ante todo, como vimos en la Biblia, el hijo de Abraham con el cual Dios hizo el pacto era Isaac, y no Ismael. Además, Abraham no viajó nunca a la península arábiga, sino que viajó desde Ur a Harrán (ciudad de la Mesopotamia septentrional, hoy situada en Turquía) para luego desplazarse definitivamente a la tierra de Canaán (actual Israel). La Kaaba, además, era una construcción preislámica (1), y está comprobado que allí se adoraban ídolos paganos como la divinidad masculina Hubal (2). Alrededor del séptimo siglo d.C., por tanto, los árabes, aun reconociendo su descendencia de Abraham, se habían alejado de la fe de Abraham en un solo Dios, YO SOY – YHWH, y habían empezado a adorar a una multitud de ídolos y dioses. Obviamente, en la península arábiga había también cristianos apostólicos, cristianos nestorianos y judíos ortodoxos.
Alrededor del 610 d.C., Mahoma afirmó que el ángel Gabriel se le había aparecido en un sueño y le había dicho que él debería predicar lo que Alá (término usado por los árabes para referirse a Dios) le habría dicho. Mahoma empezó entonces a predicar lo que para él era el mensaje divino. No escribió nada, pero luego de su muerte otras personas recopilaron sus palabras en el libro del Corán.
Muchas personas en la Meca repudiaban el mensaje de Mahoma y en poco tiempo su vida estuvo en peligro. Algunos de sus secuaces escaparon a Etiopía. Mahoma y su amigo Abu Bakr se desplazaron a Medina, ciudad de la cual escaparon el 20 de junio del 622 d.C. Esta fecha es recordada como la fundación de la religión islámica (la llamada hégira). En la ciudad de Medina, en todo caso, la doctrina de Mahoma influenció a muchas personas y, por tanto, indujo a sus secuaces a una “guerra santa” (yihad) para someter a todas las personas a la fe en Alá. Cuatro años después, en el 624 d.C., los musulmanes, guiados por Mahoma, combatieron contra las fuerzas de la Meca en la batalla de Badr. Pero fue en el 630 d.C. cuando Mahoma, frente a un ejército de aproximadamente diez mil soldados, lideró las fuerzas musulmanas hacia la conquista de la Meca. Luego de la victoria de las fuerzas musulmanas, la religión islámica se difundió en la península arábiga. Mahoma depuró la Kaaba de los ídolos e hizo de ella un santuario islámico.
También aquí se notan fuertes diferencias entre la difusión inicial del Cristianismo y la difusión del Islam. El Cristianismo no se impuso con la fuerza, ya que los primeros cristianos eran combatidos por el poder; eran, de hecho, perseguidos y asesinados por el poder romano. El Islam, en cambio, se impuso con la fuerza y, desde la conquista de la Meca, el Islam mismo se identificó con el poder político y militar dominante, primero en Arabia y luego en gran parte del Medio Oriente.
Mahoma estableció los cinco pilares del islam, requisitos para cualquier musulmán: el credo, la oración, la limosna, el ayuno (ramadán) y el peregrinaje (hajj). Inicialmente, Mahoma trataba con respeto a los cristianos y judíos, pero viendo que estos se negaban a aceptar sus tesis, su actitud hacia ellos cambió. Se empezó a observar el viernes como día sagrado, y no el sábado, como era según la tradición bíblica; además, se impuso que en la oración el fiel tenía que dirigirse a la Meca, y no hacia Jerusalén.
Cuando Mahoma murió en el 632 d.C., Abu Bakr fue nombrado su sucesor. Inicialmente se le ordenó recopilar las palabras de Mahoma y ordenarlas en un libro, el Corán. El sucesor de Abu Bakr fue un joven militar de nombre Omar, quien lideró la conquista armada de algunos países vecinos como Palestina, Siria, Persia y parte de Egipto.
Analicemos ahora la doctrina del Islam desde un punto de vista teológico. Primero que todo, la creencia islámica se refiere a un solo Dios, omnipotente. Para los musulmanes, Dios es el Dios de la Biblia, y es también el Dios que inspiró a los profetas del Antiguo Testamento. En el Corán está escrito expresamente que la Biblia (se refiere a la Torá y a los Evangelios, denominados Ingil) es la palabra de Dios. Veamos algunos pasajes correspondientes:

Sura (5, 46):

E hicimos que tras ellos, siguiendo sus huellas, viniera Isa, hijo de Maryam, confirmando aquello que ya estaba en la Torá. Y le dimos el Inyil en el que había guía, luz y una confirmación de lo que ya estaba en la Torá, así como guía y amonestación para los temerosos.

Sura (3, 3-4): 

Ha hecho que descienda sobre ti el Libro con la Verdad confirmando lo que ya había, al igual que hizo descender la Torá y el Inyil. Anteriormente como guía para los hombres. Y ha hecho descender el Discernimiento. Es cierto que los que niegan los signos de Allah tendrán un fuerte castigo. Allah es Irresistible, Dueño de venganza.

Sura (2, 136):

Decir: Creemos en Allah, en lo que se nos ha hecho descender, en lo que se hizo descender a Ibrahim, Ismail, Ishaq, Yaqub y a las Tribus, en lo que le fue dado a Musa e Isa y en lo que le fue dado a los profetas procedente de su Señor (Torà, Salmos y Inyil). No hacemos distinciones entre ninguno de ellos y estamos sometidos a Él.

De estas citas coránicas se deduce que el Corán mismo afirma que la Biblia (incluidos los Evangelios, llamados  “Inyil”), es la Verdad, dada por Dios al hombre. Pero la Biblia contradice el Corán en muchos puntos. Por ejemplo, en la Biblia está escrito que Jesucristo murió en la cruz, mientras que en el Corán se niega la muerte en cruz de Jesucristo. Por tanto, ya al inicio de nuestra confutación nos encontramos frente a una lógica deficitaria para el Islam: si el Corán dice lo verdadero, la Biblia es la Verdad. Pero si la Biblia es la Verdad, el Corán no es la verdad. (3).
Algunos musulmanes responden a esta crítica diciendo que los Evangelios habrían sido alterados, pero en el Corán no se dice que los Evangelios hayan sido alterados. Por tanto, es el Corán mismo el que se contradice fuertemente.
Analicemos ahora la visión islámica de Jesús. Primero que todo, veamos el pasaje donde se niega la muerte en cruz de Jesús:

Corán (4, 157-158):

Y por haber dicho: Nosotros matamos al Ungido, hijo de Maryam, mensajero de Allah. Pero, aunque así lo creyeron, no lo mataron ni lo crucificaron. Y los que discrepan sobre él, tienen dudas y no tienen ningún conocimiento de lo que pasó, sólo siguen conjeturas. Pues con toda certeza que no lo mataron. Sino que Allah lo elevó hacia Sí, Allah es Poderoso y Sabio.

Este pasaje, en el cual se niega la muerte en cruz de Jesús, es completamente antihistórico y antilógico. Ante todo, de la Sura (5, 46) vimos que los Evangelios son la Verdad. Pero si los Evangelios son la Verdad, como en los mismos Evangelios se afirma repetidamente la muerte en cruz de Jesús, entonces el Corán mismo que afirma que Jesús no murió en la cruz se aleja de la verdad. Además, sabemos que desde un punto de vista histórico, la muerte en cruz de Jesucristo es un hecho histórico y comprobado, no solo por las fuentes documentales, sino también por la lógica. Analicé estos conceptos en mi artículo “La muerte en cruz de Jesucristo” (4). Se cree que la tesis que niega la muerte en cruz de Jesús deriva de algunos Evangelios gnósticos que circulaban en Arabia ya a partir del cuarto siglo (5).
Los musulmanes, luego, consideran que Dios no puede tener un Hijo. Pero este concepto está confutado por la Biblia en numerosos pasajes, por ejemplo en los Salmos (2, 7):

Yo publicaré el decreto;
Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú;
Yo te engendré hoy.

Pero también en muchas otras profecías bíblicas que anuncian la encarnación, la muerte y la Resurrección del Hijo de Dios (6).
Naturalmente, luego están los numerosos pasajes del Evangelio donde se describe la encarnación de Jesucristo, por ejemplo el siguiente pasaje del Evangelio de Lucas (1, 35):

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. 

Además, Dios habló desde el cielo anunciando que Jesús era su Hijo (Evangelio de Mateo 3, 13-17; 17, 1-5). Además de eso, Jesús se refirió a Dios como su Padre y se denominó “Hijo de Dios”, (Evangelio de Juan 3, 16; 5, 17-29).

En lo que respecta al Espíritu Santo, los musulmanes niegan que este sea una de las tres personas divinas, pertenecientes a la Trinidad. Algunos musulmanes interpretan erróneamente algunos pasajes del Evangelio de Juan, sosteniendo que Jesús se refirió a Mahoma cuando prometió la venida del Paráclito (Evangelio de Juan 14, 16-26).
Obviamente es el mismo Evangelio de Juan el que confuta esta fantasiosa hipótesis de los musulmanes. Veamos, en efecto, este pasaje, Evangelio de Juan (14, 26): 

Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. 

La venida del Espíritu Santo que se describe en los Hechos de los Apóstoles (2, 1-4) es el cumplimiento de la promesa hecha en los siguientes pasajes neotestamentarios: Evangelio de Lucas (3, 16), Evangelio de Juan (14, 16-26) y Hechos de los Apóstoles (1, 1-8). Esto está confirmado por Pedro en los Hechos de los Apóstoles (11, 15-16).
Los musulmanes niegan también la Trinidad. A veces, algún musulmán declara que los cristianos adoran tres dioses: Dios Padre, Jesús y María.
Obviamente sabemos que la Trinidad es la Verdad de Dios, único y en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Profundicé en varios pasajes bíblicos que se refieren a la Trinidad en uno de mis artículos (7).
Por tanto, cristianos y musulmanes no rezan al mismo Dios como a veces se escucha decir: para los cristianos, Dios es único, y es Trinidad en las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
También en lo que respecta a la salvación, la doctrina coránica difiere mucho de la Biblia. Como el Corán mismo afirma que la Biblia es la Verdad (Sura 5, 46), he ahí que el camino propuesto en el Corán para alcanzar la salvación (diferente del que propone la Biblia) no puede ser la verdad. Para los musulmanes, Dios hará un balance de los hechos buenos y los hechos malos cometidos por el hombre y luego, con su misericordia, decidirá si enviar al hombre al paraíso o al infierno.
El concepto de salvación expresado en la Biblia es completamente diferente del expuesto en el Corán. Fundamentalmente, para los cristianos, es el sacrificio que Jesucristo efectuó por todos nosotros en la cruz. Los musulmanes, como niegan la muerte en la cruz de Jesucristo, no reconocen siquiera que Jesucristo haya muerto por nuestros pecados. La expiación de los pecados en la cruz por parte de Jesucristo se describe en numerosas profecías del Antiguo Testamento, además de naturalmente en los Evangelios y en los otros libros del Nuevo Testamento. Veamos algunos pasajes:

Libro de Isaías (53, 4-5):

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Libro de Isaías (53, 11-12):

Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 
Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

Evangelio de Mateo (26, 27-28):

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

Es Jesucristo mismo quien asevera que su sangre se derramó para el perdón de los pecados. Según la Biblia, solo quien se arrepiente de los propios pecados y cree que Jesucristo, el Cordero de Dios, muriendo, expió sus pecados en la cruz, o sea que Jesucristo murió en su lugar, obtiene el perdón y la vida eterna. El ladrón que estaba en la cruz al lado de Jesús, de hecho, se salvó por la fe que tuvo en Jesús y no por sus obras, que no fueron buenas (Evangelio de Lucas 29, 39-43).
Analicé varios pasajes bíblicos concernientes a la expiación de los pecados efectuada por Jesucristo en la cruz en uno de mis artículos (8).
Para concluir, agrego que con esta confutación mía de la religión islámica, pretendo abrir un debate amigable con las personas musulmanas, con el fin de señalares el único camino para la salvación: Jesucristo.

YURI LEVERATTO
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com 

Bibliografía: Luisa Jeter de Walker, ¿Cuál? camino? Ed. Vida

Notas:
1-Se considere el lema «Kaʿba»,a cura di J. A. Wensinck e di J. Jomier, su: The Encyclopaedia of Islam, donde se puede leer: "formerly the word was also used to designate other similarly shaped sanctuaries".
2- Claudio Lo Jacono, "Le religioni dell'Arabia preislamica e Muhammad", in Islām, a cura di G. Filoramo, Roma-Bari, Laterza, 1999.
3- http://www.pergrazia.com/apologetica/se-il-corano-e-vero-allora-il-corano-e-falso/2014/
4- http://yurileveratto1.blogspot.com/2015/12/la-muerte-en-la-cruz-de-jesucristo.html
5- http://www.answering-islam.org/authors/masihiyyen/gnostic_islamic_crucifixion.html
6- http://camcris.altervista.org/messia.html
7- http://yurileveratto1.blogspot.com/2015/11/la-trinidad-el-fundamento-de-la-fe.html
8- http://yurileveratto2.blogspot.com/2015/11/lo-scopo-principale-della-missione-di.html

lunes, 29 de agosto de 2016

La eterna comunión del Logos con el Padre: análisis del segundo verso del Evangelio de Juan


El Evangelio de Juan está compuesto por una parte inicial de dieciocho versos donde se describe la esencia misma de Jesucristo. En el artículo anterior analizamos el primer verso y llegamos a la conclusión de que el Apóstol Juan quiso comunicarnos estas tres verdades fundamentales:

En el principio era el Verbo,

Significa que el Verbo (o sea Jesucristo) ha existido desde siempre, desde la eternidad.

y el Verbo era con Dios

Significa que el Verbo (o sea Jesucristo) ha estado siempre en perfecta armonía y comunión con Dios Padre.

y el Verbo era Dios.

Significa que el Verbo (o sea Jesucristo) era y es Dios desde siempre, en su total plenitud.

Ahora analicemos el segundo verso del Evangelio de Juan:

Este era, en el principio, con Dios:

Veamos la pronunciación correspondiente en griego:

Houtos ēn en archè pros ton Theon

En el segundo verso, Juan ratifica algunos conceptos importantes que escribió en el primer verso.
La palabra griega con la que Juan comienza este segundo verso es Houtos, que significa “este”, “esta persona”. Se refiere al Verbo, al Logos eterno, del cual habló en el primer verso, y utiliza un pronombre demostrativo. Houtos aparece en el singular masculino, entonces Juan nos quiere hacer notar que el Verbo es una persona, no es una entidad abstracta.
El verbo que se utiliza es el mismo que se usó en el primer verso. Es el imperfecto del verbo eimi, o sea “ser”.
La expresión “en el principio” es exactamente la misma que se utiliza en el primer verso “en archè”.
Juan está ratificando entonces que el Logos “era” desde el principio, entonces era y es eterno. Pero la eternidad es una característica que solo Dios puede tener, ya que es la Causa Primera. Sin embargo, Juan distingue una vez más entre Este, el Verbo y Dios, o sea Dios Padre. Obviamente, aunque el Verbo (Jesucristo) es descrito con una personalidad diferente de la del Padre, no significa que Este sea menos eterno, menos infinito y menos “Dios” que el Padre.
Luego Juan sigue usando las palabras empleadas en el primer verso: pros ton Theon, traducidas al español “con Dios”.
En griego, pos indica una relación activa e igual entre las dos partes. Entonces Juan nos quiere indicar que Dios Padre es superior al Verbo, pero quiere señalar una relación de comunión eterna y paritaria.
Para nosotros este concepto es incomprensible, ya que nuestras mentes finitas y limitadas no pueden concebir del todo la esencia de Dios en sus tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (del cual se hablará en otras partes del cuarto Evangelio y del Nuevo Testamento). Justamente por esto fue necesario que el Verbo se hiciera carne (Evangelio de Juan 1, 14) y viniera entre nosotros, no solo para salvarnos del pecado, sino también para revelarnos la resplandeciente Trinidad.

YURI LEVERATTO
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com 

Bibliografía: 
Spiros Zodhiates, ¿Cristo era Dios?

Foto: Detalle del Código Vaticano, inicio del Evangelio de Juan.

domingo, 14 de agosto de 2016

Confutación a la religión de los testigos de Jehová

Con este escrito vamos a demostrar fácilmente que las enseñanzas de la religión de los testigos de Jehová cuyo fundador fue Charles Russell (1852-1916), no son bíblicas. 

Este es el primer versículo del Evangelio de Juan: 

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

La última frase de este versículo es, en griego: kai Theos en ho Logos
De la lectura del primer capitulo de Juan se aprende que el Verbo (otras veces denominado “la Palabra”) es Jesucristo (por ejemplo del versículo 1, 14). El Apóstol Juan nos dice que el Verbo es Dios, y que el Verbo es el Creador (1,3): 

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 

En el libro de los testigos de Jehová (que no es la Biblia, ojo, es otro libro con titulo: “Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras) han traducido la tercera frase  del primer versículo así: “y el Verbo era un dios”.

Ósea los testigos de Jehová quieren degradar Jesucristo de Dios a “un dios”, uno de los “dioses menores”, un “ser creado”. Primero que todo si Jesucristo fuese “un dios” no podría haber sido “en el principio” (Juan 1,1), no podía haber estado en eterna comunión con Dios (Padre), y no podría haber creado “todas las cosas” (Juan 1, 3). 

Pero volvemos a la gramática: kai Theos en ho Logos. Los testigos de Jehová dicen que como en frente a la palabra Theos no esta el articulo “el”, en griego “ho”, la palabra Theos debería traducirse “un dios” ósea “un dios menor”. Pero el hecho que no haya el articulo “ho” antes de Theos y en cambio que “ho” esté en frente de la palabra Logos no quiere decir que “Theos” deba traducirse come “un dios”. “ho Logos” es el sujeto de esta frase y Theos es el predicado nominal. En griego no es necesario utilizar el artículo determinativo con un predicado nominal en este tipo de frase. Si hubiéramos “ho Theos” significaría que el Verbo es la misma persona del Padre. Pero el Apóstol Juan nos ha dicho que el Verbo es Dios, pero no tiene la misma personalidad del Padre. 

Toda la teología de Charles Russell, el fundador de los testigos de Jehová, niega la Divinidad de Jesucristo y lo presenta como un ser creado, un “dios menor”.  Pero si Jesucristo fuese un ser creado, un ángel, no podría haber perdonado todos los pecados en la cruz, ya que solo Dios puede perdonar los pecados Evangelio de Marcos (2, 7): 

¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? 

Los testigos de Jehová niegan la Divinidad de Jesús y utilizan versículos como este en sus discusiones, Evangelio de Mateo 24, 36: 

Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.

Los testigos de Jehová dicen que como Jesús no sabia todo no podía ser Dios. Pero desconocen que Jesucristo era verdadero Dios y verdadero hombre, y como hombre tenia ciertas limitaciones. Ha tenido que venir en la tierra como una persona con doble naturaleza: como hombre para sufrir en la cruz y espiar todos los pecados con su muerte, como Dios para poder perdonar todos los pecados. 

Además los testigos de Jehová deberían saber que los primeros cristianos bautizaban en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo 

Evangelio de Mateo (28, 19): 

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 

Así que los Apóstoles y los primeros cristianos consideraban que Jesucristo es Dios y no “un dios”. Si hubiese sido “un dios”, ninguno hubiese bautizado en nombre de el.

Además los mártires iban a la muerte porque no negaban la Divinidad de Jesucristo, ósea iban a morir en nombre de el, y también esto es otra evidencia que los primeros cristianos consideraban y creían con toda su alma que Jesucristo es Dios. 

Así que como cristianos debemos enseñar la verdad de Jesucristo, que es Dios, y la verdad de Dios que es Trinidad. Y debemos enseñar la verdadera enseñanza bíblica a los testigos de Jehová.

Yuri Leveratto
Copyright 2016

sábado, 6 de agosto de 2016

El Logos es Dios: análisis del primer verso del Evangelio de Juan


Con este artículo empezaré un análisis profundo de los primeros dieciocho versos del Evangelio de Juan. Estos versos célebres son fundamentales porque describen la esencia misma de Jesucristo, el Verbo que se hizo carne. Los versos sucesivos, del verso diecinueve del primer capítulo, hasta el fin del cuarto Evangelio, están compuestos por una serie de episodios históricos que confirman las afirmaciones hechas en los primeros dieciocho versos del Evangelio.
Primero que todo, veamos el primer verso del Evangelio de Juan:

En el principio era el Verbo, 
y el Verbo era con Dios, 
y el Verbo era Dios. 

Esta es la correspondiente pronuncia en griego:

En archē ēn ho Logos
kai ho Logos ēn pros ton Theon
kai Theos ēn ho Logos

En la frase “En principio era el Verbo”, el verbo aparece en tiempo imperfecto.
El verbo griego es en, que significa “era”. En realidad en es el imperfecto del verbo griego eimi, o sea: ser. El Apóstol Juan nos dice entonces que “en principio”, o sea antes de la creación del mundo, antes de cualquier cosa, desde siempre, existía el Logos, que en español se traduce “la Palabra” o “el Verbo”. Por tanto, se podría concluir que Juan quería indicar que el Verbo existía antes de que hubiera cualquier inicio, antes de cualquier cosa. El Verbo era, por tanto, preexistente a cualquier cosa. Era la Causa Primera.
En esta primera parte del primer verso, el Apóstol Juan no está entonces interesado en explicar quién creó el mundo o quién existía antes de la creación, sino que simplemente está explicando desde cuándo ha existido el Verbo.
El sujeto es el verbo y el énfasis es su preexistencia desde el principio de los tiempos. Juan está empezando a describir quién es el Logos (Jesucristo), pero por ahora nos dice que él existe desde siempre, o sea, no tuvo inicio. Y es justo en el verbo en en griego donde se expresa perfectamente el concepto de eternidad. En práctica, antes de que existiera el tiempo, el Verbo era. El Verbo, por tanto, era y está fuera del tiempo. Es eterno.
Cuando el Apóstol Juan describe a Juan el Bautista (sexto verso del primer capítulo del Evangelio de Juan) utiliza un verbo completamente diferente: egeneto, que significa “vino”, que obviamente se refiere a un determinado tiempo histórico. Por tanto, hubo un tiempo en el cual Juan el Bautista no existía (obviamente antes de su nacimiento), pero no hubo un tiempo en el cual el Verbo no existía. El verbo en, por tanto, que se encuentra en los versos 1, 2, 4, 8, 9, 10, indica una existencia continua, mientras que el verbo egeneto, que se encuentra en los versos 3, 6, 10 y 14, se refiere a una existencia limitada.
Esta primera parte del primer verso del Evangelio de Juan es, por tanto, de fundamental importancia, porque nos dice que “antes de que hubiera un principio”, o sea, antes del tiempo mismo, el Verbo ya era.
¿Qué quería indicar Juan cuando escribió “en el principio”?
También en el primer verso del Génesis está la palabra “principio” (en hebreo: bereshit):

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 

La palabra griega utilizada por el Apóstol Juan en el primer verso de su Evangelio es arché, una palabra muy importante en el ámbito del Nuevo Testamento, cuyo significado merece ser profundizado. Es más, justamente del análisis de esta palabra se deduce que Jesucristo, siendo el Creador del mundo, no puede ser una simple creatura. Esta palabra puede ser usada tanto en sentido absoluto como en sentido relativo. Si se usa en sentido absoluto, se refiere “al principio o al origen de todas las cosas”. En el primer verso del Evangelio de Juan, la palabra arché  es usada en sentido absoluto, ya que no se especifica nada que limite la acción descrita.
La palabra arché con significado absoluto es utilizada también en el Evangelio de Mateo 19, 4; 24, 21; en el Evangelio de Juan 8, 44; en la primera Epístola de Juan 1, 1; 2, 13; 3, 8, etc. Un ejemplo podría ser el siguiente verso del Evangelio de Juan (6, 64):

Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 

Jesús sabía desde el principio quién lo traicionaría.
Volviendo al término arché, la mayoría de los estudiosos sostiene que puede ser entendido en forma pasiva o activa. Si es pasiva, es como si fuera el resultado de otra fuerza. Si, en cambio, es entendida en forma activa, debemos considerarla como “la causa de todas las cosas”.
Hay muchos pasajes del Nuevo Testamento que indican que Jesucristo es el Creador del mundo y no una simple creatura. Por ejemplo, el tercer verso del Evangelio de Juan:

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 

La palabra “todo”, se refiere a “cada cosa”. Si el Verbo, Jesucristo, fuera una creatura, habría creado todo, menos a él mismo. Pero en el tercer verso está escrito: “todo”, entonces significa que el Verbo, Jesucristo, es la Causa Primera, habiendo creado cada cosa. Es una afirmación implícita de su plena Divinidad. La palabra “principio” es, por tanto, usada en forma activa. Se refiere a Jesucristo no como el primer resultado de la creación hecha por Dios, sino como la primera causa de la creación, o sea, como el único y el solo Creador. Él no podría haber sido la primera creatura si todas las cosas, incluido él mismo, fueron hechas por él.
Observemos ahora los siguientes pasajes de la Epístola a los colosenses (1, 15-18):

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 
Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 
Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 
y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

En estos versos, la palabra proototokos, traducida “primogénito”, se refiere a quien tiene la soberanía sobre toda la creación. El verso 16 describe que todas las cosas fueron creadas por medio de él y en vista de él. Entonces Pablo de Tarso precede al Apóstol Juan al indicar que Jesucristo es el Creador. Y en el verso 17 dice que él no solo es el Creador de todas las cosas, pero que ellas en él subsisten. En el verso 18 se usan las palabras arché, “principio” y proototokos, “primogénito”.
Hay otros versos donde Jesucristo afirmó “ser” desde siempre, o sea, desde el principio. Por ejemplo, en el Evangelio de Juan (17, 5):

Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. 

Ahora analicemos la palabra Logos. ¿Por qué Juan utiliza esta palabra para definir al Creador del mundo? Obviamente el Creador existía antes de todas sus creaturas. Y el Creador debe tener obligatoriamente una inteligencia, una mente. Solo en las palabras griegas ho Logos podía encontrar el significado exacto de lo que quería y debía expresar.
Aunque el término Logos era común en el mundo helénico (por ejemplo, a partir de la filosofía de Filón de Alejandría), varios teólogos piensan que Juan tenía en mente la palabra hebrea memra, traducida en la Biblia de los setenta como Logos.
Logos significa, ante todo, “palabra”, entonces Jesucristo es la Palabra de Dios. De Logos se derivó la palabra “lógica”. Juan quiere entonces mostrarnos que detrás del mundo creado está la inteligencia, y no el azar. Pero la inteligencia puede existir solo en una persona, en efecto Juan describe que el Logos es Jesucristo, por tanto no una fuerza impersonal o abstracta.
Jesucristo no fue simplemente un Verbo, sino “el Verbo”. En efecto, esta es la razón por la cual el artículo definido está usado antes de la palabra Logos: en arché en ho Logos.
Pasemos a analizar ahora la segunda parte del primer verso del Evangelio de Juan:

y el Verbo era con Dios, 

Aquí el Apóstol Juan nos señala que el Verbo, aun siendo la Causa Primera, o sea el Creador del mundo, no es la misma persona que Dios Padre. En el verso 18 del primer capítulo del Evangelio de Juan se nos presenta la relación filial que existe entre dos de las tres personas de la Trinidad, el Padre y el Hijo:

A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. 

“Dios, nadie lo ha visto nunca”, se refiere a Dios Padre. La palabra monogenees, que se traduce como “unigénito”, significa “de la misma sustancia”, que además siempre ha estado en el seno del Padre. La diferencia es entonces entre el Hijo, o sea el Logos eterno, y el Padre, justo porque el primero se hizo carne, (Evangelio de Juan 1, 14). Sin embargo, ambos, junto al Espíritu Santo, citado en otros numerosos pasajes del Nuevo Testamento, son de la misma sustancia, entonces son “Dios”, aun teniendo personalidades diferentes.
El verbo que se usa en la segunda parte del primer verso del cuarto Evangelio es en, igual al que se usó en la primera frase, o sea el imperfecto del verbo eimi, ser. Una vez más, Juan usa este verbo para indicarnos que el Verbo era con Dios desde la eternidad del pasado, o sea, desde siempre, desde antes que el tiempo fuera. Por tanto, el Verbo no adquirió una posición íntima con el Padre en un cierto momento histórico, sino que el Verbo ha estado siempre con el Padre. No existió nunca un tiempo en el cual el Verbo no fuera con el Padre. Este es el significado del verbo en en imperfecto. Y esta es también la razón por la que el Espíritu Santo eligiera el griego como lengua para utilizar en el Nuevo Testamento, de manera que la revelación para nosotros pudiera ser absolutamente clara. En efecto, en otras lenguas no hubiera sido posible expresar la eternidad de Jesucristo y su presencia infinita con el Padre. El término español “era”, de hecho, no transmite del todo la idea de la eterna coexistencia del Logos con el Padre.
Otra palabra importante de la frase es pros, o sea: “con”. Pros es traducido “con” pero transmite la idea de “hacia”, para expresar un movimiento. Juan con este término pros quería posiblemente indicar que el Logos y el Padre estaban unidos en una eterna comunión. No era que el Logos siguiera al Padre, porque eso implicaría una dependencia del Logos hacia el Padre. Estaban en perfecta armonía y comunión desde la eternidad. Si lo consideramos, Jesús se refiere constantemente al Padre en el Evangelio de Juan, y especialmente en el capítulo 17. Jesús ruega al Padre por nosotros. Su fin único es perdonar nuestros pecados con el fin de conducirnos al Padre.
Analicemos ahora la tercera parte del primer verso del Evangelio de Juan:

y el Verbo era Dios. 

Hasta ahora hemos visto que el Verbo era eterno, y coexistía desde el principio con Dios Padre. Pero si era eterno, y si era la Causa Primera, no podía ser sino Dios mismo. En la versión griega original, la palabra Dios está puesta inmediatamente después de la conjunción “e”, y no al final de la frase. En efecto, en algunas versiones de la Biblia, la frase “kai Theos en ho Logos” está traducida: “y Dios era el Verbo”.
No hay un artículo definido antes de la palabra “Theos”. Este hecho indujo a algunos grupos de personas (en este caso aquellos que querían divulgar la idea de que Jesucristo era una persona inferior al Padre, un ser creado, en vez del Creador eterno), a traducir esta palabra como “un Dios”, en vez de “Dios”.
En la gramática griega, normalmente el predicado no lleva el artículo, mientras el sujeto de la frase lleva el artículo (1). En efecto, en esta fase, el sujeto (el Verbo) lleva el artículo definido, mientras el predicado (Dios) no lo tiene. Si Juan hubiera puesto el artículo frente a la palabra “Dios” y frente a la palabra “Logos”, las dos palabras serían intercambiables y la frase se hubiera podido traducir: “y el Dios era el Verbo”. En este caso, el Verbo se habría transformado en el predicado y Dios en el sujeto. Por la misma razón, en la frase transmitida en la Primera Epístola de Juan (4, 16): “Dios es amor”, el artículo ho está delante de Theos y no delante de amor. En efecto, el sujeto es “Dios” y no “amor”. Si hubiera artículo definido también delante de “amor”, se podría decir tanto “Dios es amor” como “Amor es Dios”. Pero, en este caso, el Dios de la Biblia no sería una persona, sino una cualidad abstracta.
Si la tercera fase del primer verso del Evangelio de Juan tradujera: “y el Verbo era un dios”, como hacen los testimonios de Jehová, entonces tendríamos que traducir “un dios” todas las veces que se usa la palabra griega Theos sin el artículo definido. Por ejemplo, en el verso 18 del primer capítulo del Evangelio de Juan, que se traduce “Dios, nadie lo ha visto nunca”, tendría que traducirse: “el Dios, nadie lo ha visto nunca”, y esto sería absurdo, ya que Dios es único.
Por tanto, podemos afirmar que Juan omitió el artículo ho antes de la palabra “Dios” por el hecho que quiere comunicarnos la característica general del Logos, que es Dios en su esencia y en todos sus atributos. En efecto, la palabra “Theos”, o sea “Dios”, sin artículo quiere significar la noción general de Dios, o sea la Causa Primera, el Absoluto. Juan quiere entonces enfatizar la naturaleza misma del Verbo, que es igual a la del Padre.
El Apóstol Juan quiere entonces comunicarnos que Jesucristo no era “divino”, sino que era (y es) “Dios”, en su plenitud. Si hubiera querido comunicarnos que Jesucristo es “divino”, habría podido usar la palabra “theios”. Existe una gran diferente entre las palabras “theios” y “Theos”. Los términos no son en absoluto intercambiables. Lo que es divino no es siempre Dios, pero Dios es siempre divino. De theios derivan las palabras theiotees, Divinidad, y theotees, deidad.
Es, por tanto, totalmente errado traducir la tercera parte del primer verso del Evangelio de Juan como “y el Verbo era divino”, ya que la palabra que se usa es “Theos”, “Dios” y no “theios”, “divino”. Jesucristo, por tanto, no era un hombre que alcanzó la divinidad, sino que era Dios que se humilló a sí mismo para poder asumir la naturaleza humana además de su naturaleza divina, que no abandonó nunca (ver Epístola a los filipenses, capítulo 2).
Resumamos los conceptos expresados en este artículo.

En el principio era el Verbo 

Significa que el Verbo (o sea Jesucristo) ha existido desde siempre, desde la eternidad.

y el Verbo era con Dios

Significa que el Verbo (o sea Jesucristo) ha estado desde siempre en perfecta armonía y comunión con Dios Padre.

y el Verbo era Dios

Significa que el Verbo (o sea Jesucristo) era y es Dios desde siempre, en su total plenitud.

YURI LEVERATO
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com

Bibliografía: Spiros Zodhiates, ¿Cristo era Dios?

Notas:
1-A.T. Robertson, Grammar of the Greek New Testament (Doran, cuarta edición, pág. 767).

domingo, 3 de julio de 2016

¿Es la Biblia realmente la Palabra de Dios?


En el segundo siglo de nuestra era, el Nuevo Testamento ya había sido leído en su totalidad (ver el “fragmento muratoriano”) y conformaba, junto con el Tanakh, o sea el Antiguo Testamento, la “Sagrada Biblia”.
Pero fue justamente a partir de aquel periodo cuando algunas personas, pertenecientes al grupo de los gnósticos, empezaron a criticar la Biblia y a poner en duda que este libro fuera la Palabra de Dios. En el transcurso de los siglos ha habido numeroso críticos de la Biblia y de Jesucristo, como por ejemplo Celso, Porfirio, Friedrich Nietzsche, Dayananda Saraswati o Bertrand Russell. Ninguno de estos, sin embargo, ha logrado demostrar que la Biblia no es realmente inspirada por Dios.
Incluso hoy hay numerosos críticos de la Biblia que a menudo afirman que el Dios veterotestamentario es excesivamente violento en las puniciones contra los malvados. Para responder a estas críticas hay que considerar que, según la mentalidad vigente durante el Antiguo Testamento, la violencia y la punición estaban relacionadas con la justicia de Dios. Dios mostraba su justicia con la punición, porque todavía no había enviado al Hijo. Había enviado profetas para anunciar justamente la llegada del Hijo. En efecto, en el Antiguo Testamento hay alrededor de trescientas profecías que indican la llegada del Hijo. Pero justamente porque el Hijo no había llegado y no había podido salvar el mundo, el pacto entre Dios y el Hombre era todavía “antiguo”. Justamente por esto, cualquier transgresión contra Dios tenía por fuerza que ser castigada con severidad o con la muerte. La venganza era, por tanto, un medio para hacer reinar la justicia entre los pueblos. Dios (YO SOY – YHWH) era un Padre severo que castigaba los pecados, de ser necesario, con la muerte. Castigaba a quien no le obedecía y transgredía la ley, castigaba a quien no tenía fe en él. El Dios veterotestamentario tenía que ser por obligación infinitamente justo, castigando los pecados, exactamente como lo es el Dios neotestamentario. Pero en el Nuevo Testamento, Jesucristo vino precisamente para quitar el pecado del mundo y restablecer el pacto inicial entre Dios y el hombre. Ahora ya no hay un castigo terreno, ni punición terrena, sino que quien cree en Jesucristo está salvado. Justamente por esto Dios envió a su Hijo, que es Dios mismo, el Verbo, con el fin de salvar el mundo del pecado.
Se calcula que la Biblia es el libro más vendido y más leído en el mundo, con alrededor de 5 mil millones de ejemplares. Fue traducida por completo a 349 idiomas diferentes y al menos un capítulo de la Biblia ha sido traducido a otras 2123 lenguas. (1)
Primero que todo, tenemos que evidenciar que la Biblia, considerada en su totalidad, Antiguo y Nuevo Testamento, no es otra cosa que la descripción del proyecto de Dios, iniciado con la creación del mundo y del hombre. Dios amó al hombre y por esto le dio el libre albedrío, la posibilidad de tomar decisiones. El hombre, sin embargo, después de haber sido tentado por Satanás, tuvo que elegir socavar a Dios; es más, decidió volverse él mismo Dios. Por esto se describe el “pecado original” y la “caída del hombre”. El hombre eligió el pecado y la consecuencia del pecado es la muerte. Epístola a los romanos (6, 23):

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. 

A pesar de eso, Dios no abandonó al hombre. Envió a los profetas que anunciaban la misión de su Hijo en la tierra. Al fin envió al Hijo, que vino con el objetivo principal de “quitar el pecado del mundo”, (Evangelio de Juan 1, 29), y establecer con su sangre un nuevo pacto entre Dios y el hombre, el Nuevo Testamento.
Por tanto, si observamos la Biblia desde un punto de vista amplio, nos damos cuenta de que está fuertemente concentrada en Jesucristo, que es el Verbo que se hizo carne (Evangelio de Juan 1, 14).
Obviamente fue la misma misión de Jesucristo sobre la tierra, y su Resurrección, lo que estableció la veracidad de la Biblia.
Un pasaje muy significativo de la Biblia es el siguiente, Segunda Epístola de Timoteo (3, 16-17):

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

Por tanto, es en la misma Biblia donde se afirma que ella es inspirada. La frase griega correspondiente significa: “soplada por Dios”.
Además, hay que reconocer que muchos hombres, incluso no creyentes, han creado obras de arte o de literatura de gran valor, pero ninguno de ellos ha podido hacer profecías que se hayan revelado válidas, como en cambio sucede con los profetas de la Biblia. El Apóstol Pedro nos indica, de hecho, que las profecías no provienen del hombre. Veamos el pasaje correspondiente en la Segunda Epístola de Pedro (1, 21):

porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. 

Una vez, una persona que se creía sabia me preguntó: “¿Cuál es para ti la clave para leer la Biblia?” Se refería a alguna clave esotérica que, según él, habría podido revelar los secretos contenidos en el libro sagrado. Y yo respondí: “Hay solo una clave para leer la Biblia, y esta clave es la humildad”. En efecto, la humildad es el don más grande que una persona pueda tener, y para leer y comprender profundamente la Palabra de Dios es necesario ser humildes. Además, leyendo la Biblia con humildad, y aceptando a Jesucristo, se debe luego también ponerla en práctica. A tal propósito transmito algunos pasajes de la Epístola de Santiago (1, 21-25):

Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.
Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.

Las características de la Biblia son muchas, pero entre las tantas, se nota que este libro se destaca por siete principales cualidades: antigüedad, actualidad, diversidad, unidad, tema y consolación.
Es verdad que en la Antigüedad fueron escritos poemas o libros antecedentes a la Biblia (posiblemente la epopeya de Gilgamesh), pero la Biblia es el texto más antiguo que haya sido escrito en un arco de tiempo que va de los 1600 (2) a los 1150 (3) años, según las dataciones.
Incluso si la Biblia es uno de los libros más antiguos del mundo, es un libro de una extraordinaria actualidad, no solo en los principios morales.
Hoy en día, un libro científico que tenga más de diez años es completamente obsoleto. Un libro que tenga más de cien años es una curiosidad. Las informaciones médicas contenidas en libros del 1700 d.C. se han demostrado que son erradas y, por tanto, completamente superadas.
Pero en la Biblia no hay conceptos o versos que estén en contradicción con la ciencia moderna y, por tanto, no son falsos. Incluso muchos versos de la Biblia confirman la ciencia actual, ¡el punto es que fueron escritos en el I o en el II milenio a.C.! Veamos algunos de ellos:

La tierra es esférica, Isaías (40, 22):

El está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar. 

La tierra está suspendida en el espacio (Job 26, 7):

El extiende el norte sobre vacío,
Cuelga la tierra sobre nada.

El espacio es demasiado grande para ser medido o para que se puedan contar las estrellas, Génesis (15, 5):

Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia

Jeremías (33, 22):

Como no puede ser contado el ejército del cielo, ni la arena del mar se puede medir, así multiplicaré la descendencia de David mi siervo, y los levitas que me sirven.

En los océanos hay “senderos”, o sea, zonas donde la corriente es fuerte, Salmos (8, 8):

Las aves de los cielos y los peces del mar;
Todo cuanto pasa por los senderos del mar.

Estos pasajes no significan que la Biblia sea un tratado científico, sino más bien que los autores bíblicos no escribieron nunca fragmentos en contradicción con la ciencia. Incluso desde el punto de vista de las prescripciones médicas a seguir en caso de contacto o cercanía con personas enfermas, la Biblia se revela como un texto extraordinariamente actual. Veamos a tal propósito algunos pasajes del Levítico (13, 42-46):

Mas cuando en la calva o en la antecalva hubiere llaga blanca rojiza, lepra es que brota en su calva o en su antecalva.
Entonces el sacerdote lo mirará, y si pareciere la hinchazón de la llaga blanca rojiza en su calva o en su antecalva, como el parecer de la lepra de la piel del cuerpo, leproso es, es inmundo, y el sacerdote lo declarará luego inmundo; en su cabeza tiene la llaga.
Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo!
Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada.

Hay otros pasajes bíblicos que demuestran lo actual que es este libro desde el punto de vista médico.
Tanto el hombre como la mujer son depositarios de la semilla de la vida, Génesis (3, 15):
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Es peligroso comer animales que hayan muerto naturalmente, Levítico (17, 15):

Y cualquier persona, así de los naturales como de los extranjeros, que comiere animal mortecino o despedazado por fiera, lavará sus vestidos y a sí misma se lavará con agua, y será inmunda hasta la noche; entonces será limpia.

Por supuesto, la Biblia es actual sobre todo por los conceptos morales contenidos en ella y por el mensaje de salvación propuesto, el único que contempla la triple realidad de Dios (infinita misericordia, justicia y sacralidad).
Los preceptos morales descritos en la Biblia son innumerables. Desde la lectura del Génesis se resaltan los conceptos de justicia, humildad, pacatería, buen sentido, equilibrio, prudencia. En el libro del Éxodo está la descripción de los “diez mandamientos”, que son normas escritas por Dios en el corazón de los hombres. Por ejemplo, el sexto mandamiento, “no matar”, es de fundamental importancia en toda sociedad humana. Y luego, naturalmente, son fundamentales los preceptos contenidos en los Evangelios y en los otros libros del Nuevo Testamento. Recordemos aquí, por brevedad, solo algunos.
Sobre el concepto de amor hacia el prójimo:

Evangelio de Mateo (5, 38-42): 

Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.
Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;
y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa;
y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.
Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

Evangelio de Mateo (5, 43-48):

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.
Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?
Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Sobre el concepto del perdón:

Evangelio de Lucas (17, 3-4):

Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.

Sobre el concepto de caridad:

Primera Epístola a los corintios (13, 1-8):

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Obviamente, para comprender a fondo los numerosos preceptos morales de la Biblia, hay que profundizar en ellos, leyéndolos directamente en su contexto.
Otra característica de la Biblia es su increíble diversidad.
Ya se evidenció que la Biblia es “cristocéntrica”, o sea que es la descripción del que debía venir (en el Antiguo Testamento), del que llegó (Jesucristo, en los Evangelios) y del que regresará (Jesucristo, al fin de los tiempos, en los otros libros del Nuevo Testamento). Sin embargo, la Biblia es también uno de los libros más diversos del mundo, y abraza preceptos morales, versos poéticos y profecías. Fue escrita por más de cuarenta autores en un arco de tiempo de más de mil años.
El tema de las profecías es el más importante, ya que en ningún otro libro hay tantas profecías que luego se revelaran como correctas.
En la Biblia hay profecías sobre la grandeza, la decadencia y la caída de algunas naciones. La historia de Israel fue descrita en el Deuteronomio (28, 47-68). Además, se hicieron profecías sobre muchas otras naciones, entre las cuales se incluye Asiria (Isaías 10, 12 – 24, 25 – 18, 13) y Babilona (Isaías 13 y Daniel 5, 28).
Hay, además, varias profecías sobre las personas, por ejemplo sobre el rey Josías (1 Reyes 13, 2 – 2 Reyes 23, 15-16) o sobre el reino de Ciro de Persia (Isaías 48, 28 – 45, 1).
En total, en la Biblia hay unas ochocientas profecías, y de estas, unas trescientas se refieren a Jesucristo (4).
Para concluir el tema de la diversidad, se puede agregar que en la Biblia no hay aspecto de la vida y de la espiritualidad del hombre que no sea analizado y descrito. Todos los rasgos de la personalidad humana son explicados y considerados con el fin de la salvación.
La cuarta característica de la Biblia es su unidad. Si hubiera sido escrita por un solo autor, es natural que todas sus partes estuvieran en armonía. Pero en un libro escrito por más de cuarenta autores, a veces separados por cientos de años, las probabilidades de que haya una completa armonía son escasas. Y sin embargo, los sesenta y seis libros de la Biblia están en plena sintonía entre ellos.
En efecto, incluso si la Biblia se divide en Antiguo y Nuevo Testamento, las dos partes están en perfecta armonía entre ellas. Se puede decir que en el Antiguo Testamento está oculto el Nuevo y que el Nuevo Testamento se reveló en el Antiguo. Además, se puede decir que el Antiguo Testamento es la raíz del Nuevo Testamento, que es el fruto.
Notemos algunos puntos de la Biblia:
1-El Génesis inicia con la creación del cielo y de la tierra. El Apocalipsis termina con la creación de los nuevos cielos y de la nueva tierra.
2-En el Génesis se describe la creación de la luz y del sol y de la luna. El Apocalipsis describe el fin del servicio de estos astros para el hombre, ya que la Nueva Ciudad (los cielos), Dios y el Cordero (Jesús) serán la luz.
3-En el Génesis el hombre sufre una derrota por parte de Satanás. En los Evangelios, Jesucristo, muriendo en la cruz, vence el pecado y su origen, Satanás. En el Apocalipsis se combate otra batalla y Satanás será derrotado definitivamente.
4-En el Génesis, el hombre es expulsado del Jardín del Edén; en el Apocalipsis el hombre se reconcilia definitivamente con Dios.
5-En el Génesis el hombre pierde el privilegio de comer frutos del árbol de la vida. En el Apocalipsis, con la derrota definitiva de Satanás, el hombre puede volver a comer del árbol de la vida.
He ahí la razón por la que la Biblia está perfectamente armonizada. Ninguno de los sesenta y seis capítulos está en desacuerdo con los otros.
La quinta característica de la Biblia es su tema central.
Contrariamente a lo que se puede pensar, el tema central de la Biblia no es “la historia de la humanidad” o “la historia de los judíos”. El tema central de la Biblia es Jesucristo. El mensaje del Antiguo Testamento es: “Él viene”. El mensaje de los Evangelios es: “Está aquí”. Y el mensaje de los otros libros del Nuevo Testamento es: “Él regresará”.
Jesús está naturalmente presente también en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, en el libro del Génesis, capítulo 1. Esto se deduce del Evangelio de Juan (1, 3):

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Jesús está presente en el Génesis, capítulo 3, ya que más adelante será él la estirpe de la mujer que aplastará la cabeza a Satanás. (Génesis 3, 15, Epístola a los Gálatas 3, 16).
Jesús está presente en el Génesis (4, 4), siendo representado por el sacrificio del cordero de Abel (véase la Epístola a los judíos, 12, 24).
Jesucristo es, por tanto, el Redentor que tenía que venir, el Salvador que vino, y el Rey que vendrá nuevamente.
La sexta característica de la Biblia es la enorme influencia que tuvo en la historia de la humanidad. Es indudable que este libro cambió el curso de la historia varias veces, inspiró a grandes hombres y suscitó movimientos filosóficos y culturales.
Por ejemplo, sabemos que la conquista europea de las Américas causó indirectamente la muerte de millones de indígenas, sobre todo a causa de enfermedades y virus portados inconscientemente por los colonizadores. A través de la evangelización del mundo indígena, sin embargo, se abandonaron prácticas aberrantes y arcaicas como los sacrificios humanos, que eran llevados a cabo en Mesoamérica y en el mundo andino (ver la “momia juanita”).
La última característica de la Biblia, pero no por esto la menos importante, es su capacidad de consolar a los creyentes en los momentos difíciles de la vida. No existe ningún libro que pueda consolar a una persona triste que sufrió la pérdida de una persona querida como la Biblia. Cuando muere un ser querido, por lo general se dicen palabras de consolación. Pero es la Biblia el único libro que mantiene viva la esperanza de la vida más allá de la muerte, o sea de la resurrección de los cuerpos.
Veamos algunos pasajes.

Salmos (22, 1-4):

Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;

Primera Epístola a los corintios (15, 54):

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

Primera Epístola a los tesalonicenses (4, 17-18):

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

Apocalipsis (21, 4):

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

En el curso de los siglos, todos estos pasajes bíblicos han consolado, dado esperanza y consuelo a millones de personas creyentes.
En conclusión, la Biblia es un libro antiguo, pero siempre nuevo; un libro diverso, pero unitario; es un libro poderoso, pero capaz de convertir y consolar. Es la Palabra de Dios, y está enfocada en el Salvador del mundo, Jesucristo.

YURI LEVERATTO
Copyright 2016

Bibliografía: Cómo volverse un verdadero cristiano, escuela mundial misiones.
Foto: Codex Sinaiticus