martes, 27 de octubre de 2015

Evolucionismo contra creacionismo


Hoy en día no está de moda hablar de Dios. Muchos prefieren decir “la madre naturaleza”, “la energía del cosmos” o “la evolución”. Estos términos están “de moda”. Pero, ¿explican realmente cuál es el origen del universo, de la vida sobre la tierra y de nosotros, seres humanos, seres dotados de consciencia?
La teoría de la evolución es, justamente, una teoría que no está probada científicamente y que no está demostrada. En la base de esta teoría, divulgada por Charles Darwin (1809-1882), está el absurdo concepto de la generación espontánea.
Según esta teoría, que hoy se presenta como si fuera cierta en todos los colegios e universidades, al principio hubo una gran explosión, el big bang, el “gran bang”, del cual se originaron las galaxias, las estrellas, el sol y la tierra. Por una increíble secuencia de casualidades se habría originado la vida, de la nada, de la materia inerte, y entonces del ser unicelular se habrían originado, también casualmente, todos los animales, hasta llegar al ser humano que sería “solo” un animal más desarrollado, con más inteligencia que los otros.
Del caos, por tanto, se habría originado el orden, por medio de la casualidad. Pero, de acuerdo a la segunda ley de la termodinámica, existe una tendencia a pasar del orden al desorden, y no viceversa.
Pero, ¿qué había antes del big bang? Si asumimos que había materia, hacemos entonces un “acto de fe”. Sí, ¡fe!
No obstante, de la nada no puede crearse la materia por casualidad. Es imposible. Sin embargo, los científicos evolucionistas sostienen que de la nada se originó una enorme explosión, de la cual a su vez “evolucionaron” las galaxias, las estrellas y nuestro sistema solar.
Fue el belga George Lemaître quien primero propuso la teoría del big bang en 1927. Según Lemaître, de la explosión inicial se originaron los protones, los neutrones y los electrones, pero no se especifica qué había antes de la explosión. ¿Estaba quizás el tiempo, antes de la explosión? No nos es dado saberlo.
Y, ¿de dónde se habría originado la materia que se condensó en un solo punto? De la nada no se puede originar algo casualmente. Además, ¿cómo habría podido explotar una cantidad de materia si todavía no había átomos?
No es cierta una explosión atómica, por tanto. Por otro lado, hubo otra tesis contra el big bang: en el universo no hay suficiente masa que haga pensar que una explosión inicial existió. Es el famoso problema de la masa faltante. Esa es la razón por la que la teoría del big bang se acepta como un “acto de fe”, en cuanto no está demostrada ni es demostrable.
Está luego el problema del origen de la vida. De la materia inerte no se puede generar vida en modo casual. Se hicieron experimentos para intentar demostrar que, uniendo átomos de carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno y, por tanto, añadiendo descargas eléctricas, se podían generar algunas moléculas elementales, pero hasta ahora no han dado ningún resultado. Fueron producidos (con intervención humana) algunos aminoácidos, pero no proteínas. Y, además, el paso casual de la proteína a la célula dotada de membrana es inaceptable.
Según los evolucionistas, la vida habría nacido de los elementos inertes producidos después del big bang. Pero esta hipótesis es contraria a la ley de la biogénesis de Pasteur, que sostiene que la vida solo puede nacer de la vida, y no de la materia inerte. Algunos evolucionistas sostienen “por fe” que la generación espontánea sucedió solo una vez, miles de millones de años atrás. Pero ninguno de ellos ha probado que esta sucedió y ninguno ha explicado por qué no puede suceder de nuevo.
El famoso libro de Darwin, cuyo título completo es “El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida” fue publicado en 1859.
El mensaje central del libro de Darwin, que hasta hoy no ha sido demostrado científicamente, es que a partir de mutaciones casuales, algunos animales se adaptan mejor que otros al ambiente circunstante y que, en el transcurso del tiempo, se transforman, originando nuevas especies.
Pero la selección natural, o bien, la supervivencia del mejor, del más apto, no produce nuevas especies. Hay una gran diferencia entre “adaptación”, “mutación genética” y “evolución de la especie en otras especies con patrimonio genético diferente”.
Hasta hoy, la mutación genética es el único mecanismo que algunos científicos evolucionistas han propuesto para llegar al cambio evolutivo, en práctica para explicar que de la sola molécula se ha llegado al ser humano. Pero la mutación genética es un evento raro, y no ha sido probado que produzca nuevo patrimonio genético”.
Veamos a propósito una cita del científico evolucionista (no creacionista) Theodosius Dobzhansky: (1)

“El proceso de mutación es la única fuente de la variabilidad genética y por tanto de la evolución… las mutaciones que se originan demuestran, sin embargo, con raras excepciones, una involución, o sea, una peor adaptación al ambiente circunstante”.

Dobzhansky pasó su propia vida estudiando las moscas de la fruta (Drosophila melanogaster), provocando en ellas mutaciones genéticas con algunas radiaciones ionizantes. Al final obtuvo solamente otras moscas de la fruta, no nuevas especies con nuevo y diferente patrimonio genético, sino los mismos insectos, además estériles.
Los axiomas que el evolucionista acepta “por fe” son siete, y ninguno está demostrado científicamente:
1-De la materia inerte se origina la vida. Generación espontánea.
2-La generación espontánea sucedió solo una vez.
3-Virus, bacterias, plantas y animales tienen una raíz común.
4-De los protozoos se originaron los metazoos.
5-Varias especies de invertebrados están interrelacionadas.
6-De los invertebrados se generaron los vertebrados.
7-Entre los vertebrados, de los peces se generaron los anfibios, de los anfibios los reptiles, y de los reptiles las aves y los mamíferos.
Normalmente se habla de la séptima, y se ignoran las otras seis, ninguna de ellas demostrada.
Si el séptimo punto fuera verdadero, hubiéramos debido encontrar un número enorme de fósiles de animales intermedios entre todas las especies que han vivido en la tierra.
Pero estos fósiles, estos “eslabones perdidos” no fueron hallados nunca. En práctica, no se ha encontrado jamás un solo fósil que pruebe el séptimo punto. En cambio, se han encontrado fósiles de animales que experimentaron mutaciones inmediatas y que se adaptaron a particulares nichos ambientales, pero dentro de las especies examinadas.
El archaeopterix, que por mucho tiempo fue mostrado como un ave-reptil, y por tanto como el eslabón perdido entre los dos grupos de animales, no era más que un ave adaptada a un particular nicho ambiental.
Pero son los propios científicos evolucionistas quienes afirman que los fósiles de los supuestos animales de transición no fueron hallados nunca. El mismo Darwin demostraba estar confundido en una carta a un amigo suyo escrita en 1863 (2):

Cuando entramos en los detalles no podemos probar que una sola especie ha cambiado, además no podemos probar que los supuestos cambios dan beneficios, lo que estaría en la base de la teoría. No podemos siquiera explicar por qué algunas especies cambiaron en otras y otras no.

En otros casos, se divulgaron tesis ambiguas que apoyan el séptimo punto, como por ejemplo que las ballenas evolucionaron de mamíferos terrestres que volvieron a vivir en el mar. Se divulgó que el antepasado común de las ballenas sería el pakicetus, pero de este animal se encontraron solo algunos dientes, fragmentos de mandíbula y la calavera de un ejemplar adulto, y no las partes lumbares y femorales que habrían podido probar el estado transicional. Además, según otros estudios, los restos del pakicetus encontrados habrían sido más jóvenes que algunas ballenas normales, por lo que la tesis de la presunta antigüedad de este animal se caería.
En el transcurso del siglo veinte se desarrollaron muchas críticas a la teoría de la evolución, ya que se reconoció en la base de esta teoría hay algunos axiomas no demostrados científicamente y, por tanto, esta no es otra cosa que un sistema basado en la “fe”, de la misma manera que lo es el “creacionismo bíblico”.
Paralelamente, sin embargo, se desarrolló otra teoría, sostenida por científicos, llamada “teoría del diseño inteligente” (3). En práctica, según esta teoría, la realidad del universo visible y de la vida se explica solo con una intervención inteligente, una “causa primera”. Estos científicos no definen “Dios” a la causa primera, sino que se refieren a ella sin entrar en términos teológicos o religiosos. Esta teoría no debe ser confundida con el evolucionismo teísta o “darwinismo cristiano”, al cual me referiré más adelante.
La persona que inicialmente difundió la teoría del “diseño inteligente” fue Philip E. Johnson, con su libro del 1987 “Proceso a Darwin”. Hay otros sostenedores del “diseño inteligente” como Michael Behe, William Dembski, Jonathan Wells y Stephen Meyer. En práctica, estas personas han desarrollado fuertes críticas al modelo evolucionista y han demostrado que este no es científico, o bien, no responde a los criterios de cientificidad, como por ejemplo los de una demostración matemática.
Según la teoría del diseño inteligente, por tanto, la realidad natural que podemos estudiar sería solo admisible a través de la intervención de un “proyectista inteligente”. La mayoría de ellos, incluso si no se pueden definir creacionistas bíblicos, son creyentes de Dios, y del Dios del Cristianismo.
Algunos cristianos, además, han adaptado su credo inicial, basado en la Biblia, al evolucionismo, desarrollando una teoría particular llamada “evolucionismo teísta” o “darwinismo cristiano”. Según esta teoría, la creación no habría salido de las manos de Dios enteramente cumplida, sino en camino hacia la perfección última. Este devenir pone junto a la aparición de ciertos seres, la desaparición de otros, con las construcciones de la naturaleza, pero también las destrucciones. Dios habría creado algunos seres iniciales, habría hecho surgir la chispa de la vida, y de estos seres iniciales se habrían desarrollado luego todas las criaturas vivientes. En práctica, el evolucionismo teísta fue inventado para que los creyentes de la Biblia pudieran “aceptar” la evolución, o para adaptar el credo evolucionista a la Biblia. En efecto, según el Génesis, Dios creó todo el universo, la tierra, las plantas y los animales en seis días (Génesis 1), mientras que, según el teísmo evolucionista, Dios habría creado solo algunos seres primordiales, de los cuales después de miles de millones de años habría evolucionado el hombre. El teísmo evolucionista está entonces en fuerte contraste con el Génesis, que según esta teoría debería ser leído en clave alegórica.
Varios creacionistas bíblicos hicieron duras críticas a las tesis de los “darwinistas cristianos”. Por ejemplo, Thomas F. Heinze, en su libro “Respuestas a mis amigos evolucionistas” sostuvo la interpretación literal de la Biblia, y criticó el hecho de que Dios hubiera tenido necesidad de la evolución para crear al hombre. Heinze hizo notar que en muchos pasajes de la Biblia está escrito claramente que Dios creó a todos los seres vivientes y al hombre, y no creó solo algunos seres de los cuales luego habrían evolucionado los otros. Hizo notar que también en los Evangelios está escrito que Dios creó al hombre (Evangelio de Mateo 19, 4; Evangelio de Marcos 10, 6).
Otro creacionista bíblico que criticó fuertemente las tesis del teísmo evolucionista es el biólogo Jobe Martin. En su libro “La evolución de un creacionista” se opone a los detalles de las tesis de los evolucionistas y de los darwinistas cristianos, y explica algunos puntos controversiales de la paleontología desde un punto de vista bíblico.

YURI LEVERATTO
Copyright 2015

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com

Se puede reproducir este artículo a condición de que:
1-Se reproduzca integralmente.
2-No se altere el título, ninguna parte del mismo ni las fuentes bibliográficas.
3-Se agregue de modo visible el título y al final del artículo: obra de Yuri Leveratto.

Notas:
1-On the methods of evolutionary biology and antropology American scientist, 1957 pag.385.
2-Frances Darwin, The life and letters of Charles Darwin (NY Appleton & Co, 1898 Vol.11 pag 210 (Darwin’s letter to G. Benham, may 22, 1863)
3-Science and Policy: Intelligent Design and Peer Review, American Association for the Advancement of Science, 2007

2 comentarios:

  1. Ha sido muy interesante tu análisis pero se echa a faltar alguna conclusión, parece inacabado. Cargas contra el evolucionismo y haces algún apunte alternativo hacia el final, pero acabas liándote con el tema religioso sin aportar realmente tu opinión. Gracias de todas formas. He seguido tu trabajo en Pantiacolla y me parece muy interesante.

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  2. este análisis de el creacionismo vs el evolucionismo fue muy interesante por que a través de este me dio mas idea de como surgimos , son teorías diferentes , con opiniones de grandes científicos y que podemos saber de donde venimos.
    También nos podemos dar una idea de si dios existe o que si en algún momento venimos de un animal.

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