martes, 22 de abril de 2014

La magnificencia de Tikal, antigua capital de los Mayas, y el culto para Kukulcán



Volando a baja altura sobre la selva pluvial tropical de la península de Yucatán no es raro ver a lo lejos algunas arcaicas pirámides que se yerguen sobre la densa capa de vegetación.
La más majestuosa de las antiguas ciudades de los Mayas es Tikal, situada entre el norte de Yucatán y el Pacífico, y entre el golfo de México y el Mar Caribe.
Uno se pregunta cómo fue posible el surgimiento y florecimiento de una ciudad tan extensa y compleja justo en el corazón de la selva tropical, donde las precipitaciones son constantes (3000 mm al año), en una zona infestada de serpientes venenosas y de mosquitos portadores de malaria. No obstante, la región de Tikal era el lugar ideal para cultivar maíz, papas y tomates. En las selvas adyacentes abundaban ciervos, pecaríes, simios, osos hormigueros, tapires y aves; en los ríos y en los lagos había muchísimos peces y tortugas.
Aproximadamente 600 años antes de Cristo, un pueblo anterior a los Mayas se estableció en el lugar donde hoy surgen las ruinas de la ciudad llamada Tikal. Este pueblo vivía en cabañas de madera, utilizaba la arcilla y trabajaba la obsidiana, pero no conocía el hierro ni la rueda. En ciertos aspectos, sin embargo, los Mayas arcaicos ya habían evolucionado en el campo espiritual y científico, porque ya empezaban a utilizar una forma de escritura pictográfica que luego evolucionó en la jeroglífica, esculpiendo sus símbolos en estelas de piedra, con el fin de dejar a la posteridad conceptos complicados sobre su visión del mundo. Además, ya habían desarrollado teorías sobre la cronología cíclica y sobre astronomía, ciencias que tendrían cada vez más valor en los años siguientes.
Esta proto-ciudad no estaba aislada, sino que mantenía contacto con los pueblos vecinos como los que vivían en Peten, Izapa o Kaminaljuyú, con los cuales intercambiaba productos agrícolas.
La primera construcción relevante fue una plataforma ceremonial de 1 metro de altura. Ya alrededor del 100 a.C. se construyeron otras plataformas ceremoniales de unos 3 metros de altura, cuyo acceso estaba compuesto de empinados peldaños. Empero, sólo alrededor del 50 d.C. se empezaron a construir los templos más altos y complicados.
Los profundos estudios llevados a cabo por el científico británico Maudslay (1882), y por el alemán Maler (1904), revelaron muchos detalles de la Tikal clásica (292-869 d.C.).
an la zona central, de unos 16 kilómetros cuadrados de extensión, se erguían unos 3000 edificios de piedra, la mayoría de los cuales pueden visitarse hoy. Según las últimas estimaciones, la población de Tikal alcanzó los 100.000 habitantes.
Una característica de la arquitectura de Tikal fue la superposición. Los antiguos arquitectos construían los nuevos edificios exactamente sobre los anteriores cimientos.
Otra particularidad son las pirámides ceremoniales; una de las más conocidas, llamada “Templo del Gran Jaguar”, que fue construida alrededor del 700 d.C., tiene 45 metros de altura y está conformada por 9 sectores. El llamado “Templo de las Máscaras” (denominado también Templo de la Luna), constituido por cuatro plataformas ceremoniales superpuestas, tiene 38 metros de alto. También esta pirámide fue construida alrededor del período de máximo esplendor de Tikal, el 700 d.C. La pirámide ceremonial del “Gran Sacerdote”, ubicada al oeste del Templo de las Máscaras, fue construida en el 810 d.C. y tiene unos 55 metros de altura.
Sin embargo, la más alta construcción de Tikal es el llamado “Templo de la Serpiente Bicéfala”, pirámide de 64 metros de altura. Aunque no es la más alta y maciza construcción maya (es La Danta, en el sitio El Mirador, de 72 metros), es muy importante porque estaba destinada al culto de la serpiente de doble cabeza, animal legendario, que era venerado también en la cultura de los Incas, donde tenía el nombre de Yawirka.
La ciudad de Tikal fue sin duda un centro comercial de primera importancia debido a su favorable posición geográfica. Asimismo, en lo que respecta a la política, parece que Tikal había asumido un papel fundamental, quizá como capital de la confederación de los Mayas y, seguramente, dada su magnificencia y opulencia, era un imponente centro religioso y ceremonial.
Durante el período clásico, la ciudad de Tikal tuvo frecuentes contactos e intercambios comerciales con el centro del mundo mesoamericano, la ciudad de Teotihuacán. Según algunos estudiosos, las ciudades maya de Yucatán, incluida Tikal, dependían mucho de Teotihuacán tanto desde el punto de vista comercial (se intercambiaban tejidos y obsidianas), como desde el aspecto místico.
El culto del ser antropomorfo (de cutis claro y barbado), llamado Quetzalcoatl (serpiente emplumada), era conocido en Tikal y Chichén Itzá con el nombre de Kukulcán, mientras que entre los Mayas-Quichés se llamaba Gucumatz.
En la cosmogonía de los Mayas había también otros seres antropomorfos, todos de piel clara y barbados, cuyas características eran similares a las de Quetzalcoatl: Votan e Itzamná.
De ahí que muchos estudiosos de cosmología comparada hayan propuesto singulares paralelos entre Kukulcán, el ser antropomorfo cuyo símbolo era la serpiente emplumada, y el Quetzalcoatl del altiplano de México. Otros, como el escocés Graham Hancock, fueron más allá, pues propusieron incluso similitudes entre Viracocha, la figura suprema del mundo andino, y Quetzalcoatl/Kukulcán, la serpiente emplumada, divinidad absoluta del mundo mesoamericano.
En efecto, hay algunas semejanzas entre las diferentes leyendas, como la función civilizadora de Viracocha y Quetzalcoatl/Kukulcán, a quienes se les atribuye la fundación de la agricultura, del calendario y de la escritura en Mesoamérica. Además, tanto Viracocha como Quetzalcoatl/Kukulcán se alejaron de sus respectivos pueblos en una balsa, anunciando su futuro regreso.
Extrañamente, la ciudad de Tikal, junto a muchas otras ciudades maya, entró en decadencia durante el siglo IX d.C. El último gran templo fue inaugurado en 810 d.C., mientras que la última inscripción jeroglífica se remonta al 869 d.C. En aquel período, Tikal, como todos los centros ceremoniales mayas, fue abandonada repentinamente.
Es opinión común entre los históricos que las causas de la decadencia y, por consiguiente, del abandono de Tikal, hayan sido varias: probablemente hubo una caída en la producción agrícola (en especial del maíz), luego de la cual se desarrollaron epidemias fulminantes. Además de esto, pudieron haberse desencadenado revueltas de las clases bajas contra la élite sacerdotal dominante, que sumieron en el caos a toda la población, la cual se encontró de repente sin referentes políticos.
Tikal no fue destruida, sino simplemente abandonada, y permaneció sepultada bajo un intricado estrato de vegetación durante unos 1000 años. En efecto, fue sólo en 1848 cuando los investigadores Modesto Mendes, Ambrosio Tut y Eusebio Lara descubrieron, en las cercanías de la ciudad, una estela con jeroglíficos.

YURI LEVERATTO
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