lunes, 10 de septiembre de 2012

La grandeza de Tenochtitlán, la capital de los Aztecas


El ocho de noviembre de 1519, un grupo de conquistadores españoles, dirigido por Hernán Cortés, llegó al valle de México. A lo lejos se podía ver el lago Texcoco y varios pueblos que surgían en sus orillas: Mixquic, Iztapalapa, Huitzilopochco, Coyoacán, Tlacopán y Texcoco.
En el centro del lago, repleto de canoas, vieron, en una vasta isla atravesada por canales, una gran ciudad: era la capital del reino de los Aztecas, Tenochtitlán.
A continuación, un comentario del conquistador Bernal Díaz del Castillo, extraído de su libro Historia verdadera de la conquista de la Nueva España:

Al ver tantas ciudades y pueblos construidos en el agua, y otras poblaciones en tierra firme, nos quedamos admirados. Hubo quienes pensaron que se trataba de un hechizo, como los que se narran en el libro de Amadís, pues había grandes torres, templos y pirámides erigidos en el agua. Otros se preguntaban si todo eso no sería un sueño.

La aglomeración del lago Texcoco estaba constituida por Tenochtitlán, isla rocosa en la cual estaban los templos y los edificios públicos más importantes, y Tlatelolco, unida a Tenochtitlán, donde había un templo y un mercado. La ciudad, fundada por el mítico rey Tenoch en 1325, fue construida también en terrenos pantanosos, después de un paciente trabajo que duró muchos años, utilizando material de cimentación.
A comienzos del siglo XVI, tenía una extensión de aproximadamente 1000 hectáreas (10 km cuadrados) y estaba dividida en cuatro barrios: Cuepopán, al norte; Teopán, al sur; Moyotlán, al este y Aztacalco al oeste.
En cada barrio había grupos de casas llamados Calpulli, los cuales disponían de su propio templo, escuela y jefe de barrio. Los Calpulli se distinguían también por el trabajo de sus habitantes: artesanos, comerciantes o pescadores.
Sobre la población de Tenochtitlán a la llegada de los conquistadores se ha especulado mucho. Los libros de los historiadores españoles de la época reportan que en la ciudad había de 60.000 a 120.000 “fuegos”, hogueras, o bien, unidades residenciales.
No obstante, el verdadero número de la población de Tenochtitlán sigue siendo un misterio. De algunos libros de aquel período, como la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Vastillo, se deduce que las familias eran muy numerosas.
Si se considera que en cada casa vivía un promedio de siete individuos, se puede evaluar que un total de aproximadamente 700.000 personas vivía en la capital de los aztecas.
Otras estimaciones más prudentes proponen un número de 550.000 pobladores. De todos modos, este valor, muy respetable para el siglo XVI, hacía de Tenochtitlán la ciudad más poblada de América y la tercera del mundo después de las ciudades chinas de Pekín (700.000 habs.) y Hangzhou (600.000 habs.), con notable diferencia de Estambul (300.000 habs.) y Sevilla (250.000 habs.).
El centro de la actual Ciudad de México, llamado Zócalo, corresponde a lo que fue el centro de Tenochtitlán. En marzo de 1978, algunos arqueólogos mexicanos encontraron evidencias de lo que fue el llamado Teocalli, una pirámide de 30 metros de altura, con base de 100x80 metros, en cuya cima había dos santuarios: Tláloc (Dios de la lluvia y de la abundancia) y Huitzilopochtli (Dios del Sol y de la guerra).
A los lados del Teocalli se encontraban dos internados-monasterios, llamados Calmécac, donde vivían los sumos sacerdotes. En frente del Teocalli estaba el santuario del Dios del viento Ehécatl, una construcción cónica sostenida por una base de cuatro plataformas. Entre este último santuario y la muralla que separaba el centro ceremonial (llamado Coatepantli) de la ciudad, había un patio, llamado Tlachtli, utilizado para el juego de la pelota, al cual se atribuía una significación cosmológica (el balón representaba el Sol). Al interior del centro ceremonial había, además, depósito de armas, balnearios para baños rituales, una academia de música y casas donde se hospedaban nobles que llegaban a peregrinaciones. Asimismo, había un lugar macabro: en el llamado Tzompantli se exponían los cráneos de las víctimas que habían sido sacrificadas.
El palacio del soberano se encontraba, en cambio, por fuera del centro ceremonial, pero muy cerca del mismo. La residencia de Moctezuma II, el rey de los Aztecas al momento de la llegada de Hernán Cortés, era suntuosa.
Era una construcción de dos pisos, con amplios jardines interiores donde abundaban las plantas exóticas, donde elegantes cisnes nadaban en los estanques y donde numerosas aves multicolores gorjeaban en las pajareras.
Hernán Cortés y sus hombres quedaron atónitos cuando Moctezuma II, pecando de ingenuidad, los invitó a residir en el palacio.
He aquí una descripción del conquistador español de la capital de los aztecas, extraída de la Segunda Carta de Relación al Emperador Carlos V (1522):

Al día siguiente de mi llegada a la ciudad de Iztapalapa, decidí partir, y después de haber caminado una media legua, entré en una amplia calle que atraviesa la laguna hasta llegar a la gran ciudad de Temixtitán (Tenochtitlán), que está fundada en el centro exacto de este lago; la avenida era tan ancha que hubiéramos podido transitarla con ocho caballos puestos uno al lado del otro…
Continuamos por esta calle, la cual, a una media legua de la entrada a la ciudad de Temixtitlán, se une con otra vía que la conecta con la tierra firme, y justo ahí hay un castillo de doble torre, una alta muralla y dos puertas principales, una para entrar y otra para salir. A poca distancia hay un puente de madera de unos diez pasos de anchura… una vez que lo atravesamos fue a recibirnos el Señor Moctezuma con otros doscientos señores…Esta gran ciudad de Temixtitán está fundada en el centro de este lago, y de la tierra firme hasta ella hay dos leguas de cualquier punto del que se quiera entrar. Hay cuatro entradas principales, a las que se llega por medio de amplias calles, iguales a las que describí anteriormente. La ciudad es tan grande como Sevilla y Córdoba juntas. Sus vías principales son muy anchas y derechas, y algunas tienen canales paralelos donde transitan muchísimas canoas. Tiene muchas plazas donde hay un mercado activo y gente que quiere vender y comprar. Hay también una plaza tan grande como la ciudad de Salamanca entera, en Castilla, toda rodeada de portales donde cotidianamente concurren alrededor de sesenta mil personas para comprar y vender…

Además de tratarse de un centro ceremonial y político de fundamental importancia, Tenochtitlán era también un punto comercial muy activo. Como se describe en la Carta de Relación, el mercado principal se encontraba en Tlatelolco, donde había unos 25.000 comerciantes que vendían alimentos (maíz, fríjoles, tomates, cacao, papas dulces, sal, miel, pavos y otras aves comestibles; pescado, crustáceos, moluscos), tejidos, calzado, pieles de puma y jaguar, utensilios de piedra, obsidiana y cobre; cerámica, tabaco, madera tallada y otros objetos artesanales; joyas de oro y de jade.
Como no existía moneda, todo se obtenía por medio del trueque, pero la costumbre de intercambiar objetos por semillas de cacao o haba era cada vez más común. Era un intento rudimental de pago. No obstante, se producían numerosas controversias y, por esta razón, había varios vigilantes, además de tres magistrados que, en caso de disputa, emitían una sentencia inmediata.
Como el agua de la laguna no era potable, el soberano Moctezuma I (1440-1469), hizo construir un acueducto de 5 kilómetros de longitud desde las fuentes de Chapultepec.
Luego del aumento demográfico, el agua fresca y limpia empezó a escasear.
El emperador Ahuízotl (1486-1503) hizo construir un segundo acueducto, de 8 kilómetros de longitud, que transportaba agua desde las alturas de Coyoacán.
Tenochtitlán era una ciudad lacustre que dependía del lago Texcoco para abastecerse de pescado, crustáceos y moluscos, pero las frecuentes inundaciones, sobre todo durante la estación de lluvias, hacían que su población pasara calamidades.
Moctezuma I mandó a construir, en 1449, una gran diga, de unos 16 kilómetros de longitud, con el fin de contener las crecidas del lago Texcoco.
Por consiguiente, a inicios del siglo XVI, Tenochtitlán era una ciudad cosmopolita donde se cruzaban diversas culturas del altiplano mexicano. ¿Cuál hubiera sido el desarrollo de esa metrópolis del mundo antiguo si no se hubiera dado, en 1519, el terrible impacto destructor de los conquistadores españoles?

YURI LEVERATTO
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