jueves, 16 de febrero de 2012

La biodiversidad amenazada en la selva del Darién


El Darién es un territorio forestal de aproximadamente 20.000 kilómetros cuadrados de extensión; una de sus partes se encuentra en Colombia y la otra en Panamá. El bioma de la selva pluvial tropical ocupa toda su área, siendo uno de los lugares en la Tierra donde hay mayor biodiversidad.
En Colombia se localiza en los departamentos de Antioquia y Chocó, mientras que en Panamá coincide con las zonas indígenas de Kuna-Yala, Madugandí, Wargandí y Embera-Wounaan, y con los distritos de Chimán y de Chepo.
Tiene importancia histórica porque allí se construyó la primera ciudad fundada por los europeos en tierra firme americana, Santa María la Antigua del Darién, en 1510. Además, fue a través de las cordilleras del Darién por donde Vasco Núñez de Balboa pasó en su ansia de encontrar oro, siendo el primer occidental en observar la costa americana del Océano Pacífico, en 1513.
El 25% de las especies de vegetales y animales que se encuentran en el Darién es endémico, o bien, único, no existe en ningún otro lugar del planeta.
Los estudios de John Douglas Lynch, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, constataron que en la selva del Darién, que desde hace millones de años es un extraordinario lugar de paso de animales entre el norte y el sur del continente, hay al menos 550 especies de vertebrados, 113 de peces y 60 de anfibios (vale la pena considerar que en toda Europa hay, en total, 40 especies de anfibios).
El río más importante del Darién es el Río Atrato, el cual desemboca en el golfo de Urabá, en el Mar Caribe, y si bien no es particularmente largo (750 kilómetros), en el estuario su caudal es de unos 4700 metros cúbicos por segundo; esto significa que es el río de mayor caudal en el mundo en relación con su longitud. Esta inmensa cantidad de agua se debe a la altísima pluviosidad del Darién, ya que durante un año caen en promedio 10.000 milímetros de agua, lo que quiere decir que esta área de América es una de las más lluviosas del mundo.
Al interior de este paraíso inconmensurable está, en el área que pertenece a Colombia, el Parque Nacional de Los Katíos, de 720 kilómetros cuadrados de extensión. En la parte panameña, en cambio, se encuentra el Parque Nacional del Darién, de unos 5970 kilómetros cuadrados de extensión, además de la reserva de la biósfera del Darién, la reserva natural Punta Patiño, el territorio protegido Brage y dos zonas indígenas Emberá.
Al interior de estos parques hay jaguares, ciervos, raros murciélagos (por ejemplo el Noctilio Leporinus), tapires, cánidos de la selva (Speothos venaticus), ruidosas simias y una numerosa variedad de aves multicolores, como las guacamayas (papagayos de la especie Ara) y el águila arpía. Los botánicos calcularon que hay, además, 700 especies de flores, pertenecientes a 116 familias distintas.
Como bien se sabe, ninguna carretera ni ferrovía atraviesa la selva del Darién, ya que la famosa Ruta Panamericana finaliza en el pueblo de Chigorodó, en Colombia, mientras que en Panamá se interrumpe en Yaviza. Por consiguiente, no existe ninguna unión vía tierra entre Sur y Norteamérica.
Según algunos columnistas, ha sido Estados Unidos el que no ha permitido nunca la construcción de un camino a través del Darién, puesto que éste incrementaría el flujo de inmigrantes suramericanos. El gobierno de Panamá se opuso a la construcción del mismo aduciendo motivos de carácter ambiental. Según varios grupos de ambientalistas, en efecto, destruir parte de la selva primaria para construir la carretera que conecte a Colombia con Panamá y, por tanto, el sur con el norte del continente, sería una calamidad, ya que causaría la contaminación total del área.
En mi opinión, la construcción de una ruta sería un desastre de proporciones inimaginables, dado que no sólo se tendrían que demoler miles de hectáreas de selva, sino que la consiguiente e inevitable llegada de personas a la calzada, las cuales instalarían quioscos para la venta de comida, ropa, etc., sobre todo en la zona de la frontera, aumentaría en demasía la contaminación de los alrededores.
Parece, no obstante, que la construcción de la llamada Transversal de las Américas, que conectaría Paraguachón, en la frontera Colombia-Venezuela, con la frontera Colombia-Panamá, ya está aprobada.
Existe también un proyecto de construcción de una vía férrea a través del llamado Tapón del Darién, presentado por NAWAPA, el cual no es nuevo, pues fue propuesto por primera vez por el presidente de los Estados Unidos William Mckinley (1897-1901), pero que hasta el día de hoy no se ha realizado.
En el 2008, el ingeniero estadounidense Hal Cooper planteó dos trazos independientes para la hipotética vía: uno occidental, que sería adyacente a la carretera, y uno oriental, mucho más cercano a la costa, donde surge el pueblito de Capurganá. La necesidad de construir dos ferrovías, según Cooper, deriva del hecho de que el segmento occidental, que atravesaría el Parque Nacional del Darién, en el territorio panameño, podría estar sujeto a inundaciones; mientras que la línea oriental no tendría este problema, pero estaría bajo otro tipo de riesgos, como el geológico, ya que estaría cimentada sobre la cordillera (Serranía del Darién).
Los promotores del proyecto sostienen que la protesta ambientalista no tiene fundamento, ya que el daño a la selva sería mínimo. Además, aseveran que la política de mantenimiento y preservación de inmensas áreas de selva potencialmente riquísimas no permite el necesario desarrollo de los países suramericanos.
El tercer proyecto a gran escala que podría trastornar para siempre el delicado equilibrio de este oasis de selva pluvial tropical es la edificación, por ahora sólo hipotética, de un canal interoceánico en territorio colombiano a través del Río Atrato y su afluente Truendó. La parte de cordillera que se desbancaría para llegar al Océano Pacífico sería relativamente corta, de aproximadamente 80 kilómetros.
Se trataría de un canal donde podrían transitar barcos de más de 65.000 toneladas, por ahora el límite máximo para el canal de Panamá.
¿Se quedarán estos proyectos en planos o se llevarán a cabo? De otra parte, ¿cuál es el verdadero objetivo de obras tan colosales? Por ejemplo, el tren (si será construido), ¿será público y podrá accederse a sus servicios con un tiquete de bajo precio y tarifas económicas para el transporte de mercancías, o será privado, lo que quiere decir que no transportará pasajeros, sino sólo materias primas a Norteamérica y, por consiguiente, será un medio de cuyas utilidades se beneficiarán solamente pocas empresas multinacionales?

YURI LEVERATTO
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