viernes, 15 de julio de 2011

Francisco de Orellana, gobernador de la Amazonia


En los primeros días de 1543 Francisco de Orellana regresaba a Europa, después de su fantástico viaje en el cual descubrió el Rio Amazonas. 
Sin embargo, el navío donde viajaba el capitán Orellana no atracó en España sino en Portugal, en Lisboa.
¿Cuál fue el motivo de este cambio de planes? Tal vez debían hacer escala en Lisboa por razones comerciales. Por el contrario, algunos historiadores sostienen que Orellana quiso tener una audiencia con João III, el rey de Portugal.
Orellana estaba convencido de que debía ofrecerle las tierras que había descubierto a su rey Carlos V, pero sabía cómo andaban las cosas en el Consejo de Indias, la organización de la Corona encargada del gobierno y de la administración del Nuevo Mundo. Sabía que, una vez que llegara a su patria, tendría que enfrentar miles de dificultades para poder convencer al rey y a sus burócratas de que le encargaran el mando de una expedición para la conquista y el gobierno de un área inmensa. Su audiencia con el rey de Portugal, según sus planes, favorecería justamente la solicitud que le haría a Carlos V.
João III le ofreció participar en una empresa al mando de naves portuguesas, pero él rechazó la propuesta, reservándose la posibilidad de aceptarla después.
En realidad, Orellana estaba tratando de ganar puntos con la Corona de España, sabiendo que el rey Carlos V pronto se enteraría de su audiencia con João III. Él le demostraría que ya tenía una propuesta del soberano de Portugal, para que su solicitud resultara más vendible.
No obstante, había otro punto, muy significativo, que Orellana no ignoraba: el tratado de Tordesillas. Según este acuerdo, aprobado en 1494, el papa español Alejandro VI había dividido el mundo entre España y Portugal a partir del meridiano de 46 grados: las tierras ubicadas al oeste de tal línea serían propiedad de España, mientras que aquellas situadas al este, de Portugal. Sin embargo, no estaba claro en dónde caía exactamente esa demarcación y si el estuario del Río Amazonas resultaba ser de propiedad española o portuguesa.
Orellana se presentó frente al rey de Portugal porque pensó que si luego se demostraba la influencia portuguesa sobre la Amazonía o sobre parte de ella, él podría contar entonces con la propuesta que le había hecho el soberano.
La última razón por la cual Orellana pidió una audiencia con éste fue quizá la más importante. Sabía que Gonzalo Pizarro lo había desacreditado frente a la Corona, tildándolo de traidor. Seguramente, las quejas de Pizarro ya habían llegado a oídos de Carlos V. Si estas acusaciones se comprobaban o en el caso de que él no pudiera refutarlas, tenía todavía la posibilidad de partir con barcos portugueses.
Luego, Orellana se dirigió a Valladolid, donde estaba la corte del rey de España. Llegó allí en el mayo de 1543 y de inmediato pidió una audiencia con Carlos V.
Durante aquellos meses el rey estaba en guerra con los luteranos, había empezado a tener querellas con el papa y, contraviniendo a los tratados de amistad, había dado inicio a un conflicto contra Francisco I, el soberano de Francia. Toda Europa era un embrollo de confusión, hambre, miseria y enfermedades.
Cuando estuvo en presencia del rey, Orellana le describió los colosales territorios que había descubierto y atravesado. Los relatos sobre el río, los numerosos indígenas que allí vivían y las extraordinarias riquezas que los inmensos bosques podían encerrar, intrigaron a Carlos V, quien escuchaba el testimonio del capitán.
Como Carlos V debía viajar lo más pronto posible a Alemania, dispuso que el Consejo de Indias investigara sobre el viaje del capitán extremeño, teniendo también en consideración las cartas que habían llegado a la corte de parte de Gonzalo Pizarro.
El Consejo de Indias existía desde aproximadamente veinte años.
Tenía una jurisdicción civil y militar sobre la gran mayoría de las tierras americanas y también un representante diplomático frente al pontífice.
Los funcionarios del Consejo de Indias se mostraron escépticos, sobretodo sobre un punto: ¿el estuario del río caía bajo influencia española o portuguesa? Y además, algunos demostraban desconfiar de Orellana, más aún después de haber leído la carta de Pizarro, con fecha del 3 de septiembre 1542, la cual lo desacreditaba. He aquí un fragmento:

Y yendo caminando el río abajo la vía que los guías decían, estando setenta leguas desta provincia, tuve nueva de los guías que llevaba como había un despoblado grande en el cual no había comida ninguna: y sabido esto hice parar el real y abastecernos de comida toda la más que se pudo haber: y estándose ansí la gente proveyendo de comida, vino a mi el capitán Francisco de Orellana... y me dijo que las guías decían aquel despoblado era grande y que no había comida ninguna hasta donde se juntaba otro río grande con este por donde caminábamos, y que allí, una jornada el río arriba había mucha comida, de las cuales guías yo me torné a informar y me dijeron lo que habían dicho al capitán Orellana: y el capitán Orellana me dijo que por servir a V.M. y por amor de mi, que el querría tomar trabajo de ir a buscar la comida donde los indios decían, porqué el estaba cierto que allí la habría: y que dándole el bergantín y las canoas armadas de sesenta hombres, quel iría a buscar la comida y la traería para socorro del real, y que como yo caminase hacia abajo y el viniese con la comida, quel socorro seria breve y dentro de diez o doce días tornaría al real.
Y confiado que el capitán Orellana lo haría ansí como lo decía, porquel era mi teniente, dije que holgaba que fuese por la comida, y que mirase que viniese dentro de los doce días y por ninguna manera no pasase de la junta de los ríos, sino que trajese comida y no curase de más, pues llevaba gente para lo hacer ansi. Y me dijo que por ninguna manera el había de pasar de lo que yo le decía, y que el venia con la comida en el termino que había dicho. Y con esta confianza que del tuve le di el bergantín y canoas y los sesenta hombres, porque había nueva que andaban muchos indios en canoas por el río: diciéndole ansimismo, que pues los guías habían dicho que en el principio del despoblado había dos ríos muy grandes, que no se podían facer puentes, que dejase allí cuatro o cinco canoas para pasar el real: y me prometió de lo ansí facer, y ansí se partió.
Y no mirando a lo que debía al servicio de V.M. y a lo que debía de fazer como por mi le había sido dicho, como su capitán y al bien del real y jornada, en lugar de traer la comida, se fue por el río sin dejar ningún proveimiento,...sin haber parescido ni nueva de el fasta ahora...

Orellana dio a los burócratas del rey las diferentes actas que habían sido firmadas en el transcurso del viaje: el nombramiento del escribano Francisco de Isasaga y la declaración de sus hombres que lo elegían como único comandante de la expedición. Con estos documentos quería demostrar que no había actuado de mala fe, queriendo atribuirse la gloria del descubrimiento, sino que se había visto obligado a continuar la navegación a causa de la imposibilidad de regresar donde su comandante Gonzalo Pizarro. Si así lo hubiera hecho, no sólo habría puesto en peligro las vidas de sus hombres, sino que no hubiera podido tampoco llevarle alimento al resto de la expedición porque durante aquellos días las provisiones se hubieran podrido: hubiera sido una empresa sin esperanza.
Los funcionarios del Consejo de Indias le pidieron a Orellana que escribiera un detallado informe del viaje que incluyera los motivos que lo impulsaron a partir. Además, le solicitaron que aclarara qué era lo que pedía exactamente.
En el informe se puede ver cómo Orellana enfatizó en la posibilidad de llevar la fe católica a los nativos de la Amazonía. Este argumento era muy importante para encontrar financiadores dentro del Consejo de Indias. A continuación, un fragmento:

...y por servir a Dios y a Vuestra Majestad e describir aquellas grandes provincias y traellas al conocimiento de nuestra Sancta Fee Catolica las gentes dellas y ponerlas debajo del dominio de Vuestra Majestad y de la Corona Real destos reinos de Castilla, posponiendo mi peligro, y sin interés ninguno mío, me aventuré a querer saber lo que había en las dichas provincias...y pues la cosa ha sido y es tan grande y mayor que nunca cosa de lo poblado y tierra, y que los naturales della podrán venir en conocimiento de nuestra Sancta Fee Catolica, por qué la mayor parte della es gente de razón, suplico a Vuestra Majestad sea servido de me la dar en gobernación para que yo la descubra y pueble por de Vuestra Majestad...

Orellana debió esperar muchos meses. El Consejo de Indias se tomaba muchísimo tiempo, ya que debía analizar todos los documentos y juzgar si era económicamente favorable para la Corona española emprender una expedición tan difícil. Además, se esperaba la opinión de algunos cosmógrafos, los cuales debían dictaminar si el estuario del Río Amazonas caía en poder español o portugués.
Orellana viajó a Trujillo, su pueblo natal, donde se reencontró con su madre y donde conoció al nuevo esposo de ésta, el mercader Cosme de Chaves, quien le prometió ayudarlo si obtenía el anhelado contrato.
Sin embargo, Orellana sabía que aún si obtenía la autorización de la Corona, no era seguro que el Consejo de Indias le otorgara los medios económicos para organizar la nueva expedición. Por lo tanto, viajó a Sevilla con la esperanza de ponerse en contacto con mercaderes y financiadores.
En uno de estos viajes conoció a Ana de Ayala, una bellísima joven de bajo nivel social, de la cual se enamoró.
En los meses siguientes fue interrogado nuevamente por los funcionarios del Consejo de Indias, que pocos días después le dieron los vistos buenos para concederle la posibilidad de regresar a la Amazonía con una expedición patrocinada por la Corona.
¿Qué impulsó a los burócratas del rey a apresurar el momento de la decisión?
Seguramente, llegaron noticias de Portugal que contaban que el rey lusitano estaba pensando en autorizar una expedición, encargándole el mando a un misterioso explorador que había viajado por el estuario del Río Amazonas. El embajador español comunicó en secreto que en Lisboa se estaba preparando un ejército para recorrer el gran río.
El plan de Orellana había funcionado. Haberle relatado el viaje al rey João III fue determinante, porque persuadió a los consejeros de las Indias a apoyar su proyecto.
A continuación, un fragmento de la decisión final que el Consejo de Indias envió al príncipe Felipe:
Visto en el consejo esta petición de capítulos y la relación del dicho Capitán Orellana, ha parecido que, según la relación y el paraje en que este río y tierras que dice que ha descubierto está, que podría ser tierra rica y donde Vuestra Majestad fuese servido y la Corona Real destos reinos acrecentada; y por esto parece a la mayor parte del Consejo que al servicio de Vuestra Majestad conviene que las costas deste río se descubran y pueblen y ocupen por Vuestra Majestad, y que esto sea con toda la más brevedad y buen recaudo que se pueda, porque, allende del servicio que a Dios Nuestro Señor se hace en traer a los naturales de aquella tierra al conocimiento de su Sancta Fee Católica e ley evangélica, de que hasta aquí han estado sin ninguna luz, conviene ansi al acrecimiento de vuestra Corona Real...y agora en una carta que los Oficiales de la Casa de Contratación de Sevilla escriben al Príncipe, dicen que tienen nueva que en Portugal se hace armada para entrar por este río; y parece que debe ser verdad, porque ya otra vez, habrá tres o cuatro anos, por industria del tesorero Hernan Dalvarez, hizo cierta armada para entrar por aquella costa, y se perdió; y también nos parece que segundo las demostraciones que por parte del Rey de Francia se han hecho para querer entender en cosas de Indias, que llegado a su noticia esto, se podía acodiciar a ello...nos parece a la mayor parte que este descubrimiento y población se haga, y que se encomiende a este Orellana por lo haber el descubierto y tener noticia dello...

El príncipe Felipe, al recibir los vistos buenos del Consejo de Indias, consultó el asunto con su padre, el rey. Al fin, el 13 de febrero de 1544, dio a Orellana un contrato firmado por él mismo, con el cual el capitán extremeño era nombrado gobernador de Nueva Andalucía (así fue llamada la cuenca amazónica). He aquí un fragmento:

El Príncipe:
Por cuanto vos el Capitán Francisco de Orellana me hicistes relación que vos habéis servido al Emperador y Rey mi señor en el descubrimiento y pacificación de las provincias del Pirù y de otras partes de la Indias, y que , continuando la voluntad que siempre habéis tenido de servir a Su Majestad, salistes de las provincias del Quito con Gonzalo Pizarro al descubrimiento del valle de la canela, y que para ello empleastes en caballos y armas y herraje y otras cosas de rescate más de cuarenta mil pesos...y habiendo vos ido con ciertos compañeros un río abajo a buscar comida, con la corriente fuiste metido por el dicho río más de doscientas leguas, donde no podistes dar la vuelta, y que por esta necesidad y por la mucha noticia que tovistes de la grandeza y riqueza de la tierra, posponiendo vuestro peligro, y sin interés ninguno, por servir a su Majestad os aventurastes a saber lo que había en acuellas provincias, y que ansí descubristes y hallastes grandes poblaciones y distes en el Consejo de las Indias una relación del suceso del dicho viaje, firmada de vuestro nombre: y que vos, por el deseo que tenéis al servicio de Su Majestad y a que la Corona Real de estos reinos sea acrecentada, y a que las gentes que hay en el dicho río y tierras vengan al conocimiento de nuestra Fee Católica, queriades volver a la dicha tierra y la acabar de descubrir y a la poblar y que para ellos llevareis destos reinos trescientos hombres españoles, ciento a caballo, y los otros de a pie, y el aparejo que fuere necesario para hacer barcas, y ocho religiosos para que entendían en la instrucción y conversión de los naturales de la dicha tierra, todo ello a vuestra costa y minsion, sin que Su Majestad, ni los reyes que después del vinieren sean obligados a vos pagar ni satisfacer los gastos que en ello hicieredes, más que en esta capitulación vos será otorgado, y me suplicaste vos hiciese merced de la gobernación de lo que descubriesedes en una de las costas del dicho río, cual vos senalasedes, sobre lo cual yo mandé tomar con vos el asiento y capitulación siguiente:
Primeramente que seáis obligado y os obliguéis de llevar destos reinos de Castilla al descubrimiento y población de la dicha tierra, la cual habemos mandado llamar e intitular Nueva Andalucía, trescientos hombres españoles, los ciento de caballo y los doscientos a pie, que paresce ser suficiente número y fuerza para ir poblando y defendiéndose. Ansimesmo os obligáis de llevar aparejo para hacer las barcas que serán menester para llevar los caballos y gente por el río arriba. Item que no llevareis ni consentiréis llevar en las barcas indios algunos naturales de parte alguna de las nuestras Indias, Islas y Tierra Firme...so pena de diez mill pesos de oro para nuestra camara y fisco. Otrosí que halláis de llevar y llevéis hasta ocho religiosos, cuales os fueren dados y señalados por los del nuestro Consejo de las Indias, para que entiendan en la instrucción y conversión de los naturales de la dicha tierra; los cuales habéis de llevar a vuestra costa t darles el mantenimiento necesario. Item habéis de procurar de hacer con la gente que llevaredes dos pueblos el uno al principio de lo poblado, en la entrada del río por donde vos habéis de entrar, lo más cercano de la entrada...e otro en la tierra adentro, donde más cómodo e a propósito fuere, escogiendo para ellos los más sanos y deleitosos asientos que se pudieren haber, y en provincias abundosas, y en parte donde por el río se puedan proveer. Otrosí os obligáis de entrar a hacer el dicho descubrimiento y población por la boca del río por donde salistes, y de llevar destos reinos dos carabelas o navíos para que entren por la boca del dicho río...y en ellas algunas personas pacificas y religiosos a hacer las diligencias necesarias para persuadir a los naturales que en la dicha tierra hobiere que vengan a la paz...de forma que en todo caso se procure no venir en rompimiento con los indios. Otrosí que si algún gobernador o capitán hubiere descubierto o poblado algo en la dicha tierra y río donde vos habéis de ir, y estuviere ello al tiempo que vos llegardes, no hagáis cosa alguna ni os entrometáis a entrar en cosa alguna de lo que hubiere descubierto y poblado...y avisarnos heis de lo que pareciere, para que os mande en caso semejante lo que hagáis...Y porque entre el Rey Emperador mi señor, y el serenísimo Rey del Portugal hay ciertos asientos y capitulaciones cerca de la demarcación y repartimiento de las Indias, vos mando que las guardéis como en ello se contiene y que no toquéis en cosa que pertenezca al dicho serenísimo Rey. Haciendo y cumpliendo vos el dicho capitán Francisco de Orellana, las cosas suso dichas, y cada una de ellas, según y cómo en los capítulos de suso contenidos se contiene, y guardando las nuevas leyes y ordenanzas por su Majestad...prometemos de vos hacer y conceder las mercedes siguientes:
Primeramente doy licencia y facultad a vos el dicho capitán Francisco de Orellana para que por su Majestad y en nombre de la Corona Real de Castilla y León podáis descubrir y poblar la costa del dicho río a la parte de la mano izquierda de la boca del río por donde habéis de entrar...siendo dentro de los límites de Su Majestad. Item, entendiendo ser cumplidero al servicio de Dios Nuestro Señor, y para honrar vuestra persona, prometemos de vos dar titulo de Gobernador y Capitán General de lo que descubrierdes en la dicho costa de la mano izquierda del dicho río, con doscientas leguas de costa del dicho río, medido por el aire, las que vos escogierdes dentro de tres anos después que entrardes en la tierra con vuestra armada, por todos los días de vuestra vida, con salario de cinco mill ducados(1) cada un ano; de los cuales habéis que gozar desde el día que vos hicerdes a la vela en el puerto de Sanlucar de Barrameda para seguir vuestro viaje..Item vos hace merced de titulo de Adelantado de lo que ansi descubrierdes en la dicha costa en que ansí fuerdes Gobernador, para vos e un heredero subcesor vuestro, cual vos nombrardes. Ansimismo vos heremos merced del oficio de Alguacil Mayor de las dichas tierras para vos, y un hijo vuestro después de vuestros días, cual vos nombrardes.
Item vos damos licencia para que, con parecer y acuerdo de los Oficiales de Su Majestad de la dicha tierra, podáis hacer en ella dos fortalezas de piedra en las partes y lugares que más convenga, paresciendo a vos y a los dichos nuestros Oficiales ser necesarias para guarda y pacificación de la dicha tierra; Y vos hacemos merced de la tenencia dellas perpetuamente, para vos y para vuestros herederos y sucesores, con salario de ciento y cincuenta mill maravedís(2) en cada un ano con cada una de las dichas fortalezas...Otrosí vos hago merced de la dozava parte de todas las rentas y frutos que su majestad tuviere cada un ano en las tierras y provincias que vos ansí descubrierdes y poblardes conforme a esta capitulación...la cual vuestra merced vos hago para vos y vuestros herederos perpetuamente. Otrosí vos daremos licencia y facultad para que destos nuestros reinos y señoríos, o del reino de Portugal e islas de Cabo Verde o Guinea, podías pasar, y paséis, vos, o quien vuestro poder hubiere, a la dicha tierra ocho esclavos negros, libres de todos derechos. Item franqueamos a vos e a la gente que con vos al presente fuere a la dicha tierra, e a los que después fueren a poblar a ella, que por termino de diez anos primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha desta capitulación en adelante, no paguen derechos de almojarifazgo de todo lo que llevaren para proveimiento y provisión de sus casas en las dichas tierras.
Y porque el Rey Emperador mi señor, habiendo sido informado de la necesidad que había de proveer y ordenar algunas cosas que convenían a la buena gobernación de las Indias y buen tratamiento de los naturales dellas y administración de la justicia, mandó hacer ciertas leyes y ordenanzas, las cuales vos mandamos dar en molde, firmadas de Juan de Samano, Secretario de Su Majestad, habéis de guardar las dichas leyes y ordenanzas en todo y por todo...que son las siguientes: ...que vos ni persona alguna de los que con vos fueren no toméis ni tomen mujer casada, ni hija, ni otra mujer alguna de los indios, ni se les tome oro, ni plata, ni algodón, ni plumas, ni piedras, ni otra cosa que poseyeren los dichos indios, sino fuere rescatado y dándoles el pago en otra cosa que lo valga, y haciéndose el rescate y pago según el dicho veedor y religioso paresciere, so pena de muerte y perdimiento de bienes el que lo contrario hiciere...Item que por ninguna vía ni manera se haga guerra a los dichos indios, ni para ellos se de causa, ni la haya, si no fuere defiendendoos con aquella moderación que el caso lo requiere; antes mandamos que se les dé a entender como nos enviamos solo a les ensenar y doctrinar, y no a pelear, sino a darles conocimiento de Dios y de nuestra Santa Fee Católica...Yo, el Príncipe.

El secretario del rey le entregó el contrato a Orellana y le dijo que tenía cinco días para leerlo y firmarlo. Finalmente había obtenido el anhelado acuerdo.
También él podía ambicionar la gloria de Colon, Cortés o Pizarro, incluso más que ellos: los territorios que él administraría eran enormes. Por tanto, sería el gobernador más poderoso de América y nadie, salvo el rey, podría interferir con su autoridad.
Sin embargo, más tarde, leyendo con atención el contrato, se dio cuenta de que su aventura era muy difícil.
En efecto, la Corona le daba un apoyo formal, concediéndole los títulos de gobernador, capitán general, adelantado y alguacil, pero no le proporcionaba los medios económicos para emprender la expedición. No le ponía a disposición las embarcaciones, ni la artillería, ni las armas ligeras. No le suministraba provisiones, ni equipaje, ni pilotos expertos, marineros o carpinteros. El príncipe le concedería un salario de cinco mil ducados anuales, pero sólo desde la fecha de su partida. Además, le prometía la duodécima parte de todos los ingresos derivados de la explotación de las tierras por él conquistadas: una suma potencialmente enorme, si se considera que la Amazonía es enorme, pero todo aquello era hipotético, irreal. El príncipe le ordenaba zarpar con trescientos españoles de los cuales cien iban con caballo incluido, pero era él quien debía reclutar a estos hombres, quienes partirían a una tierra desconocida y peligrosa sin salario fijo. La empresa resultaba muy compleja. Por un momento pensó que debía rechazar el contrato y partir por cuenta del rey de Portugal, quien le había prometido los medios económicos y un ejército de soldados armados, además de carpinteros, herreros y pilotos expertos. No obstante, esa promesa se remontaba a un año antes y ya no había nada de cierto. Si rechazaba el contrato ofrecido por el Príncipe, no sólo perdería la ocasión de su vida, sino que no estaría seguro tampoco de poder cerrar un nuevo acuerdo con Portugal. Además, sería acusado de traidor de la patria, puesto que vendería su Amazonía y su río a una potencia extranjera.
Decidió firmar el documento. Después lucharía con los banqueros, los financiadores y los mercaderes para encontrar los medios económicos necesarios para emprender la aventura. A los hombres los hallaría, aún si tuviera que reclutar a desesperados y a delincuentes prometiéndoles tierras, y riquezas.

YURI LEVERATTO
Copyright 2014

Traducido por Julia Escobar, de Medellín, Colombia


Foto principal: Una página del acuerdo entre la Corona de España y Francisco de Orellana, del 13 febrero 1544. (España. Ministerio de Cultura. Archivo General de Indias. AGI, Patronato, 28, R.16, Capitulaciones de Francisco de Orellana).

Notas:
(1) El ducado era una moneda de oro de 3,6 gramos.
(2) El maravedí era una moneda de cuenta. 350 maravedís valían un ducado.

Bibliografia:
Ramusio, Giovanni Battista (comp.) (1606). Delle Navigationi et Viaggi. Tomo 3.
Fernández de Oviedo, Gonzalo (1855). José Amador de los Ríos, ed. Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme del mar océano. Tercera parte. Tomo IV.

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