miércoles, 23 de enero de 2013

El incierto porvenir de Cerro de Pasco, la ciudad más alta del planeta



Mi viaje a Cerro de Pasco comenzó en Chosica, base de mis expediciones a Marcahuasi y a la ciudadela de Chuya.
El recorrido hacia el altiplano central es tortuoso y la subida es muy escarpada. Después de aproximadamente cuatro horas de viaje se llega al paso llamado Ticlio, situado a unos 4818 msnm. Luego se desciende hacia la Oroya, ciudad minera famosa por ser la terminal de una de las ferrovías más altas del mundo.
De La Oroya, el camino hacia Cerro de Pasco se desanuda a lo largo del estrecho valle del Río Mantaro (afluente del Río Apurímac) y, luego, a lo largo del altiplano central, a una altura de alrededor de 4400 msnm. Después de más o menos dos horas se llega a Cerro de Pasco, ciudad que, ubicada a 4372 msnm, es la más alta del mundo.
Aunque La Rinconada, pueblito de 27.000 habitantes localizado en la cordillera de Puno, debajo del imponente Nevado Ananea, a 5200 msnm, es sin lugar a dudas el poblado más alto del mundo, no se puede considerar una ciudad, no sólo porque su población no alcanza los 50.000 habitantes, sino también por carecer de servicios básicos, tales como red de alcantarillado y sistema de abastecimiento hídrico modernos.
Por el contrario, Cerro de Pasco no sólo tiene una población total de aproximadamente 75.000 habitantes, sino que cuenta con las características de una verdadera ciudad, por ejemplo, una red de alcantarillado y un sistema de distribución de agua satisfactorios, colegios, hospitales y centros de recreación.
Pertenece al restringido “club” de las tres ciudades localizadas por encima de los 4000 msnm, en las que se encuentran también El Alto (Bolivia, 4100 msnm) y Potosí (Bolivia, 4067 msnm).
Al llegar a la estación de autobuses tuve la sensación de estar en una especie de círculo dantesco: cientos de vendedores se concentraban en la salida de la terminal, ofreciendo los típicos choclo con queso y papa rellena. Viejos andrajosos agachados en el pavimento exhibían papas, maca, quinua, quiwicha y animales vivos como gallinas, ocas y cuyes (un roedor comestible muy apreciado en Perú). Además, había vendedores de queso, fruta, verdura, coca (proveniente de la selva de Huánuco), carne y huevos. Manadas de perros callejeros merodeaban de aquí para allá buscando algo de comer, mientras que los niños jugaban en las aceras, abandonados a su suerte, y el ambiente estaba contaminado del denso humo que emitían los silenciadores deteriorados de viejos carros.
Después de hospedarme en un pequeño hotel del centro y de beber un beneficioso mate de coca, que sirve sobre todo para contrarrestar los problemas cardíacos producidos por la altura, decidí dar una vuelta por la ciudad (situada a casi 4400 metros de altura y construida alrededor de un hueco gigantesco, la mina a cielo abierto más alta del mundo) con el fin de conocer una de las realidades más extrañas del planeta.
Después de pocos minutos de camino llegué a los bordes de la mina, un colosal agujero en la tierra, de unos 700 metros de profundidad, cuyo diámetro supera el kilómetro. Desde lo alto se pueden divisar los gigantescos camiones que transportan lentamente el mineral hacia arriba, donde está la fábrica de la empresa Volcán.
Quise caminar alrededor de todo el denominado “tajo abierto”, o bien, la mina a cielo abierto más alta del mundo, con el propósito de darme cuenta de las dimensiones de esta descomunal herida en la Tierra, de donde se extraen cantidades ingentes de plomo, cobre y zinc, si bien antes la mina era famosa por la extracción de plata, en segundo lugar solamente respecto a la de Potosí.
Fue una caminata de aproximadamente dos horas, la cual me permitió también conocer otros barrios de la ciudad, donde hay guetos degradados, habitados en su mayoría por mineros dependientes de Volcán.
La ciudad de Cerro de Pasco fue fundada en 1578, justo en el lugar donde ya los antiguos Incas habían extraído plata desde tiempos remotos. Toda la zona de Cerro de Pasco fue otorgada en “encomienda” al conquistador Juan Tello de Sotomayor, modelo de una sociedad que durante decenios explotó a los humildes trabajadores indígenas, enriqueciéndose desmesuradamente. En 1639, la ciudad de Cerro de Pasco asumió el título de “Ciudad real de Minas” y, con el descubrimiento, en 1760, del túnel de Yanacancha, la producción minera aumentó significativamente, superando a la de Potosí.
A partir de comienzos del siglo XX las empresas estadounidenses llegaron a Perú y obtuvieron importantes concesiones en la mina de Cerro de Pasco. En 1902, por ejemplo, la empresa “Cerro de Pasco Investment Company” tenía el monopolio de la explotación de la mina, si bien luego fueron dadas en concesión nuevas áreas a otras compañías. 
En la primera mitad del siglo XX aumentó considerablemente la producción de oro, el cual se obtenía del cobre. Durante la segunda mitad del mismo siglo, otras empresas explotaron la mina hasta 1999, cuando toda la propiedad del área pasó a la empresa Volcán, sociedad de capital peruano.
En la actualidad, Cerro de Pasco es una de las ciudades más contaminadas del mundo, principalmente porque la extracción del plomo facilita la emisión de grandes cantidades de finos polvos en la atmósfera, los cuales luego son respirados por los habitantes de la ciudad. Por desgracia, en muchos niños de Cerro de Pasco fue diagnosticado un alto porcentaje de plomo en la sangre, el cual, lamentablemente, aumenta la posibilidad de contraer neoplasias durante su vida. Los síntomas iniciales de la presencia del plomo en la sangre son: dolores abdominales, considerables complicaciones neurológicas (bajo rendimiento en el colegio, fatiga) y envejecimiento precoz en los ancianos (pérdida de memoria o Alzheimer).
También los ríos que se originaron en el altiplano están contaminados irremediablemente; se encontraron, en efecto, cantidades significativas de plomo en los ríos Huachón, Tingo, Huallanga y San Juan.
De otra parte, hoy en día se mantiene una fuerte polémica entre los administradores de la empresa Volcán que presentaron el proyecto de continuar excavando por debajo de la ciudad, y la mayoría de los habitantes que ve en peligro sus casas, sus actividades y, en resumidas cuentas, sus vidas.
En detalle, los dirigentes de la empresa sostienen que por debajo de la ciudad se halla la vena más importante de zinc, cobre y plomo, y que para continuar extrayendo mineral de manera rentable para la empresa sería necesario transferir completamente el centro de Cerro de Pasco a un lugar llamado Villa de Pasco, a unos siete kilómetros de la mina. Los habitantes que cedan sus propiedades a la empresa obtendrían a cambio una justa compensación. 
La mayoría de los habitantes de la ciudad no sabe qué decidir: si, por un lado, consentir a la petición de Volcán significaría perder para siempre sus propiedades y también sus propias tradiciones, vinculadas al lugar de nacimiento, es cierto que Volcán declaró que si no puede continuar excavando por debajo de la ciudad se verá obligada a cerrar y, por lo tanto, se perderán miles de empleos. La ciudad perecería lentamente, ya que depende en todo y por todo de la mina; en el caso contrario, desaparecería rápidamente, pues se transformaría en mina.
En todo caso, las autoridades hacen notar que un “traslado” de ese tipo sería muy costoso, ya que, además de los habitantes, habría que trasladar hospitales, colegios, centros deportivos, bibliotecas y edificios municipales.
Por ahora no hay solución al dilema de Cerro de Pasco, puesto que, si se destruye para abrir espacio a la mina, perderá su memoria, su pasado y su futuro. Si, en cambio, la mina cierra porque deja de ser rentable para sus accionistas, la ciudad morirá lentamente, apagándose como una débil llama al viento.

YURI LEVERATTO
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