jueves, 29 de marzo de 2012

Crónicas de Quibdó, afrópolis colombiana



El departamento colombiano del Chocó, de una extensión de más de 46.000 kilómetros cuadrados, está escasamente poblado: viven en total 454.000 personas, una buena parte condensada en la capital, Quibdó.
El Chocó cuenta con dos océanos: en efecto, por un breve trecho, lo baña el Mar Caribe (Océano Atlántico). La parte costera del Océano Pacífico es, sin embargo, la más extensa. En la mayoría del departamento se extiende la selva pluvial tropical, una de las más lluviosas y biodiversas del planeta.
Antes de la llegada de los europeos, el territorio actual del Chocó era habitado por indígenas Kuna (en el golfo de Urabá), Wounaan (en el actual Río San Juan) y Emberá (en el Alto Río Atrato).
Cuando los europeos llegaron al Nuevo Mundo, fue justamente en el actual Chocó donde, en 1510, fundaron su primera ciudad: Santa María la Antigua del Darién.
Luego hubo una lenta penetración de los jesuitas españoles en las selvas casi inextricables del interior, que culminó en la fundación de Quibdó, la actual capital del departamento, en 1648.
La historia del Chocó está estrechamente ligada a la explotación aurífera.
Por esta razón, en el curso de los tres siglos del comienzo de la colonización europea hasta la independencia de Colombia (1510-1810), miles de africanos fueron transportados para luego obligarlos a trabajar en las minas de oro. Hoy, el 85% de los habitantes del Chocó es de origen africano. Paseando por las calles de Quibdó, la capital, se tiene la sensación de estar realmente en África, y es por esto que la ciudad es llamada la afrópolis colombiana.
A partir del inicio del siglo XX, el Estado colombiano dio concesiones a varias empresas extranjeras para explotar ricos yacimientos de oro. Por ejemplo, la Compañía Minera Alemana Colombiana (1912), la PacificMetalsCorporation (1917) o la British Platinum and Gold Corporation (1919).
Estas empresas no aportaron nada a la economía del Chocó ya que se limitaron a extraer oro y dejaron una minoría de sus ganancias al Estado colombiano, el cual, sin embargo, no invertía en infraestructuras y servicios básicos para el Chocó.
Entonces, a partir del comienzo del siglo XX, la población afrodescendiente del Chocó permaneció en un estado de creciente subdesarrollo.
La mayoría de las empresas multinacionales que se había instalado en los ríos Condoto, Istmina, San Juan e Iró causó crecientes conflictos sociales, ya que impidió a los nativos llevar a cabo una explotación artesanal y contaminaba los ríos con mercurio.
Lamentablemente esta situación de explotación aurífera por parte de empresas multinacionales continúa aún hoy y las regalías que recibe el Estado colombiano no siempre benefician a los habitantes del Chocó, que todavía hoy denuncian graves carencias en las infraestructuras, en la seguridad y en los servicios sociales, como escuelas y hospitales.
La crónica falta de calles en buen estado es, por desgracia, uno de los más graves problemas del Chocó.
Por ejemplo, la calle Medellín-Quibdó está en pésimo estado, y para recorrer los 220 kilómetros que separan las dos capitales del departamento, todavía hoy un autobús de línea se tarda unas 30 horas, un tiempo totalmente inaceptable, sin contar los frecuentes ataques de personas violentas y los accidentes que lamentablemente han causado muchas muertes en los últimos años.
También las cifras de desempleo son, por desgracia, muy altas: por ejemplo, en la capital, Quibdó, el 19% de la población activa está sin trabajo.
Todo esto mientras se sigue dando en concesión inmensas áreas a empresas multinacionales extranjeras, como el caso de la Colombia Hardwood, que a partir del 2006 ha explotado una gran área en Bahía Solano para exportar leña valiosa a China. Se exportarán miles de árboles de la especie prosopis, cedro, bálsamo, caimito, cuya preciada leña es muy requerida en Oriente.
Asimismo, en lo que concierne a la explotación petrolera, Chocó está en la mira de grandes empresas multinacionales.
El 90% del departamento, no obstante, es declarado área de propiedad colectiva y utilidad pública, no vendible, o tierra indígena, y por tanto no se entiende cómo es posible que se den áreas en concesión a empresas nacionales y extranjeras para la explotación petrolera, minera o forestal.
Actualmente, en el Chocó no se produce todavía petróleo, pero algunas áreas fueron dadas en concesión para exploración, o bien, para verificar si la explotación es económicamente factible.
Empero, aunque el Chocó es uno de los departamentos más ricos y paradójicamente más pobres de toda Colombia, no faltan los ejemplos de un cambio hacia una explotación minera más eco sustentable. Por ejemplo, la iniciativa "oro verde", sacada adelante por grupos de mineros afrocolombianos que extraen el codiciado mineral con técnicas no invasivas y poco contaminantes para el ambiente, que es riquísimo en biodiversidad.
En mi opinión, un ecosistema tan delicado como la selva pluvial tropical del Chocó debería ser preservado.
Conceder a grandes empresas multinacionales la explotación de enormes áreas para la extracción de minerales, petróleo, valiosa leña y también de biodiversidad, no aporta ningún valor adjunto a Colombia, sino que más bien le quita.
Al contrario, en Quibdó se deberían incentivar cursos de agricultura biológica para favorecer las producciones locales, vendiendo los eventuales excesos de producción en los departamentos vecinos como Antioquia y Risaralda, pero para esto el Estado debería mejorar el acceso vial. Además, se debería incrementar la navegabilidad del Río Atrato, a través del cual se podrían transportar mercancías hacia el Caribe colombiano.

YURI LEVERATTO
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