jueves, 20 de agosto de 2015

Cristo no es Horus, y el Cristianismo antiguo es una religión original


Desde hace ya varios años está en curso un proceso organizado que tiene el fin de globalizar el planeta tanto desde un punto de vista cultural como económico.
Quien persigue el objetivo de homogeneizar las culturas y las religiones tiene interés en uniformar las diferentes creencias para volverlas similares, sincretizándolas. A menudo se escucha decir que “todas las religiones son iguales”, porque todas practican el amor y la paz. Pero, ¿es realmente así?
Según este proyecto, financiado y favorecido sobre todo por corrientes masónicas, la religión cristiana sería comparable a cultos solares preexistentes y, por tanto, los Evangelios no serían originales, sino que se trataría de relatos alegóricos sin fundamento histórico. En este artículo me propongo demostrar que estas tesis están erradas y que el Cristianismo antiguo es una religión original.
Primero que todo, es de fundamental importancia distinguir entre el Cristianismo antiguo y el Cristianismo post-constantiniano
Si hubo una solarización, esta ocurrió entonces en el siglo IV, para sincretizar y obtener la aceptación de las masas, pero no tiene nada que ver con el Nuevo Testamento.
Veamos por qué: en la mitología egipcia, Osiris e Isis se casan. A Osiris lo mata Seth (su hermano malvado), quien lo hace pedazos. Isis resucita a Osiris y de su unión nace Horus, el dios del Sol.
A menudo, quienes sostienen la teoría del “mito de Jesús”, comparan a Isis con María y a Jesús con Horus. Pero en Juan 1, 1-5, está escrito que Jesús es el Verbo, creador del universo y, por tanto, también del sol. Mientras que Horus es el Dios-Sol.
Hay también en algunos escritos una presunta relación de Osiris con Jesús, pero Jesús no fue descuartizado; según Juan, de hecho, no se le rompió ningún hueso (Juan 19, 36) y no fue María (Isis) quien lo resucitó, sino que él mismo resucitó porque venció a la muerte, siendo Dios (Lucas 24, 6).
Según algunos autores, como Acharia S., ya en el Evangelio de Lucas habría una “solarización”. De manera evidentemente forzada se asocia a Juan el Bautista con Seth (mito lunar) y a Jesús con Horus (mito solar). Veamos el pasaje del Evangelio de Lucas (1, 26-31) utilizado por estos escritores para su razonamiento:

A los seis meses, Dios mandó al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, a visitar una mujer virgen llamada María, que estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del Rey David. El ángel entró en el lugar donde ella estaba y le dijo: - Te saludo, favorecida de Dios! El Señor está contigo. María se sorprendió de estas palabras y se preguntaba que significaría aquel saludo. El ángel le dijo: - María no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.

De este pasaje y del pasaje precedente se deduce que Jesús fue concebido (por el Espíritu Santo) seis meses después de Juan el Bautista.
Además, tales autores sostienen que Juan el Bautista (sol-muriente) nació en el solsticio de verano, seis meses antes respecto al nacimiento de Jesús, que es el 25 de diciembre, o sea el solsticio de invierno. Haciendo un razonamiento errado afirman que tanto Juan el Bautista como Jesús son alegorías de Seth y Horus respectivamente y que, por tanto, no existieron en realidad, sino que son solo avatares.
Parecería un axioma perfecto, pero hay un error de fondo.
En el Evangelio de Lucas no está escrito que Jesús nació el 25 de diciembre. Y ni siquiera en los otros escritos del Nuevo Testamento. De solarización, entonces, no hay rastro en los Evangelios.
El 25 de diciembre como fecha oficial del nacimiento de Jesús fue introducido en el 336 d.C., cuando Constantino efectuó su solarización, como se sabe, para atraer y reunir a las masas.
Así se demuestra entonces que la teoría de “Juan Bautista-Seth-Sol muriente” y “Jesús-Horus-Sol naciente” existe solo en las mentes de tales escritores, mientras que los Evangelios reflejan una religión original que es justamente el Cristianismo antiguo.
Por lo general, estos presuntos expertos históricos como Acharia S. basan sus tesis sobre Horus (el dios del Sol) en el “Libro de los Muertos”, un texto funerario egipcio escrito a partir del 1550 a.C. En realidad, sin embargo, en tal texto hay poca información sobre Horus. La mayoría de las fuentes sobre Horus es popular, procede entonces de proverbios no escritos que surgieron en el transcurso de al menos tres milenios (del 3100 a.C. al 100 a.C.).
La segunda tesis que los sostenedores de la teoría de Jesús-Horus llevan al debate es que Isis era virgen como María y, por tanto, la historia de los Evangelios sería una copia de un mito precedente.
Pero el mito de Horus cuenta que a Osiris, al marido de Isis, lo mató Seth, descuartizándolo. Isis encontró todos los pedazos del cuerpo desmembrado de Osiris excepto el pene, que fue arrojado al Nilo. Con sus poderes, Isis devolvió a Osiris a la vida y recreó su pene (de oro o madera, simbolismo fálico), con el fin de hacerse embarazar y concebir a Horus.
Por tanto, Isis no era virgen, y no es entonces igual a María.
El hecho de que luego, en Roma, en el siglo IV, algunos templos en honor a Isis fueran readaptados y dedicados a la virgen, entra entonces en la solarización y en el proceso de sincretismo actuado por Constantino, pero no tiene nada que ver con el Cristianismo antiguo.
La tercera tesis de quienes apoyan la teoría Jesús-Horus es que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista exactamente como Horus, que fue bautizado por Anup, luego decapitado. Entonces, una vez más, los Evangelios serían copias de mitos preexistentes. Pero en la antigua mitología egipcia no existe ningún Anup.
Esta historia proviene de falsificaciones banales de Gerald Massey, un autor del siglo XIX que no tiene ningún crédito entre los especialistas serios de egiptología. Estas tesis fueron luego retomadas por Acharia S. en su libro “Cristo en Egipto, la conexión Horus-Jesús”. En este libro, Acharia S. hace un paralelo entre el dios egipcio Anubis y “Anup el bautista”. Es posible que en algunas esculturas y pinturas egipcias haya representaciones de lavados rituales, pero ni en el Libro de los Muertos, ni en esculturas, bajorrelieves o pinturas, está Horus bautizado por Anubis.
También la tercera tesis, por tanto, se derrumba y la figura de Juan que bautiza a Jesús en el río Jordán es un hecho original que no proviene de ningún mito preexistente.
La cuarta tesis de los defensores de la teoría Jesús-Horus es que Jesús fue tentado en el desierto por Satanás, exactamente como Seth (dios del desierto) intentó matar a Horus.
Primero que todo, Seth, en la mitología egipcia, no es ciertamente comparable a Satanás. “Intentar matar” o “incitar a batalla” a Horus no es la misma cosa que “tentar”, como hizo Satanás a Jesús en los Evangelios.
La relación entre Horus y Seth no es nunca igual a la de Jesús y Satanás. Horus y Seth estaban a menudo en desacuerdo entre ellos; su sucesiva reconciliación permitió al faraón gobernar Egipto.
Jesús y Satanás, en cambio, no se reconciliaron nunca.
La quinta tesis de los defensores de la teoría de Jesús-Horus es que Osiris (cuyo nombre egipcio es Wsjr, cuya pronunciación es Ausar, Usir o Asar), fue resucitado, exactamente como fue resucitado Lázaro por Jesús.
Pero no fue Horus quien resucitó a Osiris, sino que fue Isis, su mujer.
Además, el nombre Lázaro deriva del hebreo “Eleazar” que significa “Dios ha ayudado” y no tiene nada que ver con el nombre egipcio Wsjr, al cual los más acreditados egiptólogos atribuyen el significado de “el potente”.
La sexta tesis de los divulgadores de la teoría Jesús-Horus es que Horus tenía doce apóstoles, exactamente como Jesús.
Esta leyenda proviene también de Gerald Massey, quien dice que fueron doce los apóstoles de Horus. En realidad, en algunas creencias populares se habla de los cuatro hijos de Horus, semidioses, pero nunca de doce secuaces.
La séptima tesis de los simpatizantes de la teoría Jesús-Horus es que Horus fue crucificado antes de Jesús, por lo que la crucifixión de Jesús sería un mito construido sobre un mito precedente.
En realidad, Horus es representado a veces con los brazos abiertos pero no “crucificado en una cruz”. No hay ni una sola fuente histórica que describa a un personaje real llamado Horus que fuera crucificado y, además de todo, no hay ninguna fuente histórica que compruebe que en el antiguo Egipto se efectuara la crucifixión.
Por el contrario, para la crucifixión de Jesús las fuentes históricas son varias, las cuales describí en mi artículo “El Jesús histórico”.
La octava tesis de los defensores de la teoría Jesús-Horus es que Horus resucitó después de tres días, exactamente como Jesús.
Esta leyenda proviene del estudio aproximativo de la estela de Metternich, conservada en el Metropolitan Mueum of Art de Nueva York. Esta estela no evoca de manera alguna la muerte sacrificial de Jesús. Horus murió siendo niño, picado por un escorpión enviado por Seth, y luego fue resucitado por el dios Thot, pero en las creencias populares no hay rastro del renacimiento al “tercer día”.
Además, Horus no muere llevando consigo los “pecados del mundo”, no muere para redimir a la humanidad que, con el pecado original, se había excluido de la salvación. Horus no es el “Salvador del mundo”, sino que es, según las leyendas, el dios del cielo, del sol y de la guerra.
La lista de falsos paralelos podría continuar, pero ninguno de ellos está basado en fuentes históricas ciertas, pues la mayoría de las veces las “fuentes” son los libros de Gerald Massey (siglo XIX) o de sus seguidores contemporáneos, como Acharia S.
Una última teoría sostiene que, siendo la cruz un símbolo antiquísimo que se remontaría a la civilización egipcia (ankh, llave de la vida o cruz ansada), entonces la religión cristiana sería una copia de religiones antiguas.
También en este punto hay que recordar que en el Cristianismo antiguo el símbolo más utilizado era el pez (Ἰχθύς, ichthýs) y no la cruz, cuyo uso se difundió solo a partir del 313 d.C. con Constantino (in hoc signo vinces).
Los defensores de la teoría de que el Cristianismo antiguo es una religión solar proveniente de cultos preexistentes asocian a Jesús también con otras figuras religiosas del pasado como Mitra o Krisna, pero también estas son simplificaciones banales que no tienen fundamento histórico. Una vez más confunden (¿de buena fe?) el Cristianismo antiguo con el Cristianismo post-constantiniano.
De todo lo anterior se deduce que Jesús no es de ninguna manera Horus, y que los Evangelios y los otros libros del Nuevo Testamento son originales y no están basados en cultos preexistentes. Se sigue que el Cristianismo antiguo es una religión absolutamente original.
YURI LEVERATTO
Copyright 2015

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com

Se puede reproducir este artículo siempre y cuando:
1. Se reproduzca en su totalidad
2. No se altere el título, alguna de sus partes o las fuentes bibliográficas
3. Se adjunte de forma visible, debajo del título y al final del artículo “Obra de Yuri Leveratto”

Bibliografía:
-Antiguo Testamento, Sociedad Bíblicas Unidas
-Nuevo Testamento, Sociedad Bíblicas Unidas
-Libro de los Muertos
-Acharya S. The Christ Conspiracy, the Greatest Story Ever Sold
-Acharia S Christ in Egypt: The Horus-Jesus Connection
-Unmasking the Pagan Christ por Stanley E. Porter y Stephen J. Bedard
-Hopfe, Lewis M.; Richardson, Henry Neil (9-1994). «Archaeological Indications on the Origins of Roman Mithraism». En Lewis M. Hopfe. Uncovering ancient stones: essays in memory of H. Neil Richardson. Eisenbrauns. pp. 147
-Gerald Massey, The natural genesis

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