domingo, 10 de marzo de 2013

Biopiratería: la última frontera de la explotación



El Amazonas es el lugar con la mayor biodiversidad del planeta.
En cuanto a reino vegetal, en una hectárea de bosque amazónico hay en promedio 400 especies diferentes de árboles y plantas, algunas sin estudiar a fondo todavía. Con un quinto de todas las especies de pájaros de la tierra, dos mil especies de mamíferos y dos mil de peces, además de dos millones y medio de especies de invertebrados, el bosque pluvial tropical suramericano es considerado como el lugar biodiverso más precioso del mundo.
Lamentablemente esta enorme riqueza, que pertenece a los estados que tienen parte de su territorio en el Amazonas (Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador y Venezuela) está en grave peligro.
En los últimos años creció exponencialmente una nueva amenaza: la biopiratería.
Por biopiratería se entiende el acceso ilegal o irregular a recursos biológicos y genéticos con el fin de explotarlos económicamente. En la mayoría de los casos, los biopiratas del siglo XXI son científicos sin escrúpulos que se introducen en los territorios indígenas del Amazonas, se ganan la confianza de los nativos, a menudo dando sumas de dinero, logrando de este modo apoderarse de secretos milenarios, como por ejemplo el uso de plantas medicinales o el uso de sustancias contenidas en el organismo de algunos animales (ranas, insectos) para fines terapéuticos. Apenas regresan a su país, los biopiratas registran el uso de la sustancia por ellos estudiada y obtienen una patente internacional, sin el permiso del estado de donde sustrajeron el principio activo. Se estima que las ganancias derivadas de la biopiratería han abonado 4.5 billones de $ anuales a multinacionales del norte del mundo, que actuaron sin las necesarias autorizaciones de los gobiernos de Sur America.
Los daños de los biopiratas son muchos: primero que todo, explotan de manera desconsiderada el patrimonio vegetal y animal amazónico sin ninguna regla o procedimiento científico. Si no se frena este desastre, el 20% de las especies animales endémicas amazónicas desaparecerá en los próximos veinte años.
Además se les quitan vilmente recursos importantes a países en vía de desarrollo, que podrían ser utilizados para mejorar las condiciones de vida de la población y para crear una mayor consciencia ambiental.
Además de eso, los biopiratas, con su presencia no autorizada en los territorios indígenas, causan enormes shocks culturales y sociales y a veces difunden enfermedades mortales entre los nativos que no tienen suficientes anticuerpos para combatir virus y bacterias típicas del mundo occidental. Los biopiratas privatizan los conocimientos autóctonos, que deberían en cambio ser utilizados por los gobiernos gratuitamente, para beneficiar lo más posible a los estratos de población con menor acceso a los servicios básicos.
Desde el punto de vista del derecho internacional, los países del área amazónica firmaron un acuerdo llamado ‘Tratado de las Naciones Unidas sobre la diversidad biológica’, que data del 1992. En este convenio se declaró la soberanía de cada estado sobre los recursos naturales, biológicos y genéticos que se encuentran al interior de su territorio y el derecho a obtener una justa compensación en caso de que fuese concedido el uso de dichos recursos a entidades o empresas no estatales.
He aquí algunos de los ejemplos más conocidos de la biopiratería:
El Cupuacu (pronunciación copuassù), un fruto tradicional amazónico rico en vitaminas, cuyo principio activo fue registrado con un nombre parecido, es utilizado para la producción de chocolate por una reconocida multinacional.
Otro caso famoso es la patente de epibatidina, un alcaloide contenido en la piel de una rana endémica del Amazonas ecuatoriana (epipedobates anthonil). Esta sustancia es eficaz contra el tratamiento del dolor (es 200 veces más potente que la morfina). Aproximadamente 750 ranas de esta especie fueron transportadas ilegalmente fuera de Ecuador. El principio activo de la piel del anfibio fue registrado en Norte América y es utilizado por varias empresas que trabajan en el sector farmacéutico.
El principio activo de la Carapa Guianensis Aubl (llamada Andiroba), utilizada por nativos amazónicos contra la fiebre y como repelente contra los insectos, fue registrado en Europa y Norte América para la producción de cosméticos y medicamentos.
Del Ocotea Rodile (bibiri) se extrae una sustancia activa que fue registrada por una empresa europea y que se utiliza en la lucha contra enfermedades mortales.
Las esencias contenidas en la planta conocida con el nombre Uña de Gato (Uncaria tormentosa), fueron registradas por una reconocida multinacional, después de haber sido substraídas a indígenas Ashaninka de la selva amazónica peruana.
El veneno contenido en las glándulas del reptil Bothrops Jararaca puede servir como potente medicamento contra la hipertensión: una empresa europea registró el principio activo y comenzó a comercializar el producto. Hoy este medicamento es vendido en todo el mundo con enormes ganancias.
La lista de los abusos podría continuar. ¿Cómo frenar este desastre? Se hicieron varias propuestas, pero hasta ahora ninguna ha sido eficaz.
Podría resultar útil una marca internacional, que pueda identificar rápidamente los productos obtenidos con la autorización de los gobiernos de Sur America, de manera que el consumidor sepa distinguir entre un producto autorizado y un producto pirata.

YURI LEVERATTO
2008 Copyright

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