martes, 22 de mayo de 2012

Prácticas chamánicas en la Amazonía colombiana





La Amazonía colombiana es uno de los últimos territorios vírgenes de Suramérica. Con una extensión de aproximadamente medio millón de kilómetros cuadrados, representa un poco más del 7% de toda la cuenca del Río Amazonas. La atraviesan inmensos ríos: el Putumayo (llamado Ica en Brasil, de 1500 km de longitud) y el Caquetá (llamado Yapurá en Brasil, 2850 km), ambos afluentes directos del Río Amazonas; el Apaporis (805 km) y el Vaupés (1050 km), afluentes del Caquetá y del Río Negro, respectivamente.
En la cuenca del Vaupés vivieron desde tiempos remotísimos indígenas de etnia Arawak que probablemente eran originarios del Río Xingú (aunque algunos antropólogos sugirieron que su origen se sitúa en el actual Roraima).
En un tiempo desconocido, probablemente dos mil años antes de Cristo, llegaron a la cuenca del Vaupés pueblos de idioma Tukano, una lengua que no pertenecía a las tres familias más difundidas en la Amazonía (Arawak, Caribe y Tupí Guaraní).
Los Tukano que todavía hoy viven en la cuenca del Vaupés colombiano se dividen a su vez en Desana, Barasana, Bará, Tukano propiamente dicho y Tatuyo. Su existencia está constantemente amenazada tanto por narcotraficantes que utilizan sus tierras para plantaciones ilícitas de coca, como por buscadores de oro ilegales sin escrúpulos. Últimamente, sin embargo, un territorio que para ellos es ancestral, la Serranía del Taraira, se declaró parque natural protegido (llamado Yaigojé Apaporis) y se evitó así la aberrante posibilidad de una explotación de oro a larga escala que habría implicado grandes riesgos de contaminación con cianuro y mercurio de las aguas de los ríos.
Los Tukano tienen una visión del mundo muy distinta a la de los descendientes de los europeos que viven en Suramérica.
En primer lugar, como todos los autóctonos de América, producen sólo lo que les sirve para vivir dignamente y no acumulan exceso de producción para venderlo después en momentos de carencia o necesidad, con el fin de lucrarse. Esta es la gran diferencia entre los Tukano (como otros indígenas de la Amazonía) y el hombre occidental. La insensata carrera hacia el llamado progreso, que induce al hombre moderno a acumular bienes materiales pensando en poder venderlos para lucrarse, no llama la atención de los autóctonos, quienes, en cambio, intentan sobre todo vivir en armonía con su ambiente.
Con el fin de alcanzar y mantener el equilibrio, los Tukano desarrollaron algunas normas que controlan el crecimiento de la población, la explotación de los suelos, la caza, la pesca y el comportamiento interpersonal. El objetivo final de la sociedad Tukano es lograr formar un conjunto de personas felices, en paz consigo mismas y con las otras etnias, y en total equilibrio con el ambiente, sin producción de desperdicios contaminantes.
Los lugares sagrados para los Tukano son sitios apartados donde se cree que viven los espíritus de los antepasados: la selva más profunda y las fuentes de los ríos. Mucha importancia tienen también los barrancos en las profundidades de los ríos, donde se cree que viven enormes anacondas, monstruos que dan la vida y que la destruyen. Estas cavidades sinuosas del río son consideradas como si fueran úteros de mujeres, donde se genera la vida.
Los cerros que se yerguen sobre la selva son también sagrados para los Tukano. En las grutas se pueden encontrar restos óseos de animales matados en épocas remotas por los antepasados de los Tukano; a menudo, en las paredes de las cavernas, hay pictogramas y petroglifos dejados en herencia a los descendientes de los antiguos habitantes de estos valles. Para los Tukano son lugares sagrados donde están los espíritus de sus antepasados.
Son las mismas creencias atávicas las que impulsan a los Tukano a regular la tasa de natalidad, a no cazar a gran escala porque esto podría causar la extinción de animales, a evitar pescar en zonas de río donde los peces se reproducen, a regular las prácticas sexuales excesivas y a controlar los comportamientos agresivos de los miembros de la sociedad.
En la cima de la sociedad Tukano está el chamán, persona que es reconocida por todos como el más apto para mediar entre las fuerzas sobrenaturales y los seres vivientes del planeta.
En la visión Tukano, el Universo fue creado por el Padre Sol, quien concibió tres niveles cósmicos: la superficie de la Tierra, el firmamento y el inframundo, una especie de región paradisíaca situada bajo tierra. Luego creó a los animales y a las plantas y los puso bajo el cuidado de seres sobrenaturales.
Cabe notar que el Universo Tukano no es infinito, como en la concepción científica occidental, sino finito y limitado; de ahí que los recursos disponibles sean considerados restringidos y escasos.
También difiere de la visión occidental la concepción que tienen los Tukano de la energía y de cómo es justo y adecuado consumirla. Por ejemplo, cuando se recoge maíz o raíces de mandioca y luego se consumen, o cuando se mata a un animal para absorber proteínas, los Tukano creen que la energía de la flora y de la fauna disminuye, aunque la global se mantiene inalterada, puesto que quien se alimenta de maíz, mandioca o carne asume la fuerza reproductiva y espiritual que pertenecía a la planta o al animal.
Una de las más destacadas entidades sobrenaturales que según los Tukano cuidan y controlan a los animales es el llamado “jefe de los animales”, representado como un enano con exagerados atributos fálicos. Considerado como una especie de guardabosques, protege y vigila a los osos, tapires, ciervos, simios, perezosos y todas las otras especies que hacen parte de la dieta de los Tukano.
Comúnmente, es el chamán quien obtiene del “jefe de los animales” el permiso de matar una presa, pero sólo después de largo tiempo de abstinencia sexual, dietas y ritos de purificación, los cuales tienen la función indirecta de evitar prolongados períodos de caza excesiva.
También para obtener el permiso de pescar el chamán se acerca espiritualmente al “jefe de los animales” al alcanzar el estado de trance narcótico, causado normalmente por la ingestión de ayahuasca, yajé, (banisteriopsis caapi) mezclada con chacruna (psychotria viridis).
Otra restricción de la sociedad Tukano es la prohibición de nutrirse de carne cuando las mujeres están embarazadas, van a parir o están menstruando. Durante estos períodos la familia entera se alimenta exclusivamente de vegetales.
Tanto la recolección de frutos silvestres, nueces, miel, insectos o larvas comestibles, como la de hojas de palma o madera para las cabañas, arcilla para la cerámica o de cualquier otro recurso deben ser autorizadas por el chamán, que a su vez obtiene el permiso del respectivo ser sobrenatural que vigila y protege a todos los animales, plantas o recursos disponibles.
Las creencias Tukano se convierten así en un potente sistema para mantener el equilibrio entre la población y los recursos disponibles.
La teoría sobre lo que origina las enfermedades de los seres humanos está íntimamente relacionada con el mantenimiento del equilibrio en el sistema. Cuando por cualquier razón este equilibrio cae, se genera una enfermedad o una molestia. Pero, ¿qué hizo caer el equilibrio?
Los Tukano creen que la caza excesiva, la explotación de los recursos de manera exagerada, la envidia entre las personas, las prácticas sexuales inmoderadas y la falta de adoración a los seres sobrenaturales conllevan un desequilibrio, una inestabilidad del sistema. El chamán percibe estos desequilibrios cuando entra en estado de trance, pero también cuando sueña. Por ejemplo, si el chamán sueña con un animal en especial, fue a éste al que se cazó en exceso.
Por lo tanto, el chamán asume el control directo de las prácticas de cacería: controla la cantidad y concentración del veneno (curare) que se utilizará en las flechas, decide el número de animales que deben ser matados, determina cuáles peces deben ser arrojados al río antes de que mueran después de haber sido sacados con una red, controla la fabricación de una maloca, de una canoa o supervisa la apertura de nuevos senderos en la selva.
Para los Tukano, los animales tienen una gran importancia: mientras que en la sociedad occidental son sobre todo de carne de cañón o a veces son “esclavizados” en los circos, aprisionados en las jaulas de los zoológicos, matados de manera aberrante en las “corridas” o utilizados como conejillos de indias en los infames experimentos de vivisección, en la concepción Tukano sirven como alimento, pero no excesivamente, y son ejemplo de vida para el comportamiento humano; por ejemplo, la organización de los insectos, el sentido de orientación de los pájaros, la precisión y la velocidad de los felinos, son todas cualidades que los Tukano aprecian e intentan imitar.
Son los llamados “tótem” en sentido figurado, los cuales aparecen aún hoy en otras culturas amazónicas, como la de los Ashaninka o Ticuna. Por ejemplo, el águila, símbolo de majestuosidad y cercanía con el Sol, o bien, con Dios; el jaguar, metáfora de fuerza y precisión, ejemplo para el mundo terreno; la serpiente, alegoría del inframundo, pero también imagen del eterno devenir.
Considerados de este punto de vista, los Tukano están perfectamente integrados en el ambiente en el que viven. En cambio, el hombre occidental, en su insensata carrera hacia el lucro, ha formado una sociedad en perenne desequilibrio, donde pocos viven lujosamente, donde se basa el poder en el provecho y donde muchos pasan necesidades; todo en perjuicio del ambiente y de los animales.
Por lo general, cuando un miembro de la sociedad Tukano percibe un desequilibrio en su organismo, el chamán lo interroga y le pregunta cuál es la cantidad de carne que ingiere normalmente y si algún animal ha aparecido en sus sueños. Luego de obtener esta información, el chamán decide imponer restricciones en el consumo de carne, en la caza y en el comportamiento general del individuo en cuestión.
La iniciación chamánica es un proceso complejo que induce a un limitado grupo de personas a obtener las necesarias enseñanzas de algunos ancianos, indispensables para luego poder acceder al mundo de los seres sobrenaturales. El pequeño grupo de hombres vive en aislamiento por varios meses, alimentándose únicamente de mandioca. De noche baila y canta bajo la influencia de plantas alucinógenas.
La inevitable pérdida de peso corpóreo y la vida aislada basan un proceso regenerativo que llevará luego al aspirante chamán a “renacer” espiritualmente hablando. Durante este proceso, el maestro suministra al iniciado una serie de plantas alucinógenas especialmente preparadas; por ejemplo, se aspira rapé (tabaco aromatizado) y se consume corteza de virola (virola calophylla).
Después de haber absorbido estas sustancias, de haber cantado y tocado algunos instrumentos musicales tradicionales, los iniciados miran al oriente, en dirección de la corriente de los ríos. Luego consumen yajé (ayahuasca con chacruna).
Durante la ceremonia de iniciación, mantienen un riguroso ayuno. Luego de varios días de meditación y consumo de sustancias alucinógenas, retoman sus funciones normales, alimentándose únicamente de caldo de mandioca y pescado.
El propósito de la iniciación es que el sujeto, durante el estado de trance, alcance un estado de consciencia de la propia existencia y demuestre que puede llegar a un estado de equilibrio.
Los Tukano de hoy, que en Colombia alcanzan un número de aproximadamente 7000 personas (mientras que en Brasil son alrededor de 3000 individuos que viven en el área indígena Alto Río Negro), intentan conciliar las tradiciones y las creencias atávicas con las ineludibles tendencias de la sociedad colombiana.
En mi opinión, es un error aislarlos en territorios indígenas donde inevitable y lentamente declinarán. Está bien que intercambien información con los no indígenas, siempre y cuando sus tierras no sean invadidas por personas violentas y buscadores de oro sin escrúpulos.

YURI LEVERATTO
Copyright 2011

No hay comentarios:

Publicar un comentario