jueves, 11 de diciembre de 2014

Las grandes multinacionales mineras anuncian faraónicos proyectos de explotación en la Amazonía brasilera





Hace pocos meses leí esta inquietante frase: “La motorización en masa del planeta no ha comenzado aún.”
Es una frase que hace reflexionar; sin embargo, es sustancialmente cierta. En China, país de 1350 millones de habitantes, circulan “solamente” 80 millones de vehículos.
En el 2012, en el país oriental, se produjeron aproximadamente 20 millones de automóviles.
Se estima que en tres años, en el 2016, en China se construirán unos 25 millones más de vehículos (¡más de los que se producirán entre Estados Unidos, Alemania y Japón!)
Sin contar con los otros gigantes asiáticos como India, país de 1250 millones de personas, o Indonesia (250 millones de habitantes), ambos en pleno boom económico.
El gigante chino, desde hace alrededor de un decenio, ha concertado importantes acuerdos con los gobiernos de varios países africanos, como por ejemplo Sudán, con el fin de abastecerse de materias primas.
China ha sellado contratos con varios países suramericanos, como Venezuela, que es el tercer productor de petróleo de América Latina (después de México y Brasil).
La sed china de materias primas, no obstante, no es solamente de petróleo o de carbón, sino también de minerales como el hierro, níquel, bauxita (que sirve para hacer aluminio), cobre, coltán y, naturalmente, oro.
En la mayoría de los casos, las empresas chinas no se ocupan directamente de la extracción de minerales, como sucede en Brasil, Perú o Colombia. En estos países, las grandes multinacionales del sector, como la Vale, la Anglo American, la EBX o la Volcan, son los protagonistas de los procesos de extracción. Los minerales obtenidos se venden a menudo a empresas chinas que los transforman luego en productos acabados en sus fábricas.
¿Adónde conducirá este desarrollo chino?
Es reciente la noticia de que la brasilera Vale y la Anglo American están incrementando sus inversiones en la Amazonía brasilera, particularmente en el estado del Pará.
Se habla de unos 24 mil millones de $ que se invertirán desde hoy hasta el 2016.
Por ejemplo, Vale anunció una inversión de 8 mil millones de dólares en el sitio de Carajás, que es la mina de hierro más grande del mundo. Votorantim anunció una inversión de 3 mil millones de $ en otra mina de bauxita y Anglo-American hará otro tanto.
En Brasil ya se están construyendo digas faraónicas como las del Río Madeira y la que represará al Río Xingú.
Nuevas calles atravesarán la selva, como la BR 230 (Rodovia transamazónica) (1) y otras que conectarán las minas con los puertos de exportación. El impacto ambiental de la construcción de las digas y del aumento de explotación de las minas es enorme.
Además de todo, los legisladores brasileros están llevando a cabo un proyecto de ley para permitir la explotación minera dentro de las áreas indígenas.
Por otro lado, está el hecho de que al interior de las áreas indígenas se está ejecutando ya una fuerte explotación minera ilegal (tanto de parte de los indígenas como de los garimpeiros; ver mi artículo sobre la reserva Roosevelt). Ahora todo eso se quiere legalizar con la fachada del indigenismo y de los buenos propósitos. ¿Quién se beneficiará de estas enormes inversiones en ámbito energético y minero?
Por desgracia serán los pocos accionistas de las multinacionales y no la mayoría de la población.
Y, además, queda la amenaza del tumultuoso desarrollo chino.
China está hambrienta de materias primas y las absorbe para alimentar su desarrollo.
Es evidente que los chinos, desde hace al menos dos décadas, se encauzaron en un modelo de desarrollo “occidental” que lleva a la exaltación del consumismo y del individualismo.
Este modelo, que tuvo su ápice en la última década del siglo XX en Occidente, fue ampliamente reconocido como no-sostenible, y por tanto está siendo cambiado de manera gradual.
La insostenibilidad de este modelo se comprobó con las recientes crisis en Norteamérica y Europa, donde las burbujas inmobiliarias y especulativas dejaron en la calle a miles de ignorantes ciudadanos, muchos de los cuales años atrás eran los primeros en creer ciegamente en el capitalismo desenfrenado.
El nuevo modelo que se propone está, en cambio, basado en un decrecimiento eco-sostenible, en un regreso a la auto-producción alimenticia, en una incentivación del transporte público y en un progresivo alejamiento de la globalización forzada.

YURI LEVERATTO
Copyright 2012

Traducido por Julia Escobar, Medellín, Colombia

(1) http://pt.wikipedia.org/wiki/Rodovia_Transamaz%C3%B4nica

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