domingo, 12 de octubre de 2014

La prueba de la presencia de indígenas no contactados en la reserva de Kawahiva, Amazonía brasilera




Hace pocos días, la televisión brasilera Globo mostró un video donde se ve el paso de algunos indígenas no contactados por plena selva amazónica brasilera.
El video fue grabado en la reserva de Kawahiva, un área de aproximadamente 410.000 hectáreas, ubicada en la frontera del estado de Mato Grosso con el estado del Amazonas. Ya desde hace algún tiempo, algunos indigenistas del Funai habían observado algunos rastros de la discreta presencia de indígenas en la zona, pero no los habían filmado todavía. En el video se ve claramente que, en cierto punto, cuando los nativos perciben a los forasteros, se alejan velozmente y gritan la palabra TAPUIM, que fue interpretada como “enemigo” por la estudiosa que sale en la parte final del video.
Todavía hoy entonces, en el 2013, 500 años después de la llegada de los europeos a Suramérica, hay varias tribus de nativos no contactados.
El proceso de contacto y, posteriormente, de “civilización forzada” con la sociedad brasilera es, por desgracia, inevitable. Estos indígenas, de hecho, de los cuales no sabemos el nombre ni conocemos su complejo sistema cosmogónico, no entran ya, desde hoy, en la categoría de los no contactados, sino que están ahora “en fase de contacto inicial”.
Es triste resaltarlo, pero como muchas otras etnias que cambiaron su estatus de no contactados o “aislados” a “indígenas en contacto inicial”, también estos indígenas serán estudiados (su lengua ya se conoce, es una variante del Tupi llamada Tupi-Kawahiva), sus tradiciones serán examinadas y sus conocimientos (sobre todo los concernientes a la utilización de plantas medicinales) serán analizados.
No obstante, el problema, como por lo general sucede en estos casos y como lo he destacado en otros de mis artículos (ver, por ejemplo, la reserva Roosevelt), es que, después del contacto inicial, se le concede la entrada al interior de la reserva a una ONG extranjera, que después de ganarse la confianza del jefe de la tribu (cacique), obtiene valiosa información sobre todo del campo de la botánica, la cual es utilizada a continuación en medicina y cosmética.
Es la llamada biopiratería cuando biodiversidad que es sustraída, saqueada y reutilizada con enorme provecho por ávidas multinacionales.
En la segunda fase del “contacto”, se estudia el área desde un punto de vista minero y, aunque la reserva es considerada “intangible”, a veces se da la concesión a empresas extranjeras para proceder a una extracción de la cual no se benefician los pueblos suramericanos sino sólo las élites que lideran a los países.
Me refiero por ejemplo al caso de la Reserva Nahua Nanti en Perú, creada en 1990 para preservar a los Nahua Nanti y a otros pueblos como los Kugapakoris y los Masco Piros. En la actualidad, la reserva fue dada en concesión a la empresa argentina PlusPetrol, la cual tiene planeado abrir cientos de pozos para la extracción de gas.
¿Qué les sucederá a los nativos si se procede con esta segunda fase del contacto? Aquellos que sobrevivan a las enfermedades llevadas por los científicos de las ONG se fusionarán con otras etnias, tal vez atávicamente hostiles a ellos (como sucedió en la tierra indígena Raposa Serra do Sol), o simplemente pasarán de ser nómadas a sedentarios como acaeció a los Yanomami de Xitei.
Comúnmente, en Suramérica, varios gobiernos juegan a mostrarse indigenistas o amigos de nativos que, según ellos, deben ser preservados a toda costa, pero luego, cuando se encuentra petróleo en su tierra u otros minerales preciosos, todos los buenos propósitos desaparecen y el área se da en concesión a multinacionales extranjeras, como sucedió por ejemplo en el Tipnis, en Bolivia.

YURI LEVERATTO
Copyright 2013

Artículo traducido por Julia Escobar, Medellin, Colombia

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