lunes, 9 de diciembre de 2013

La competencia por la explotación del coltán, la más reciente amenaza al bioma amazónico




En la actualidad, las empresas multinacionales están compitiendo silenciosamente por el acaparamiento de los lugares estratégicos del planeta, contando con el beneplácito de algunos países que han cedido parte de su soberanía a entidades externas, a menudo por motivos “humanitarios”, “ambientales” o “indigenistas”.
En Brasil, por ejemplo, desde hace ya varios decenios, la inmensa zona fronteriza con Colombia, Venezuela y Guyana se ha delimitado oficialmente con el fin de reservarla para algunos pueblos indígenas. Los colonos brasileros fueron obligados a abandonar sus tierras y fueron indemnizados, como en el caso del área indígena Raposa Serra do Sol.
No obstante, según muchos brasileros, entre los cuales se encuentra el comandante militar de la Amazonía, el verdadero objetivo de estas demarcaciones es otro: poder disponer de inmensas tierras vírgenes (más de 300.000 kilómetros cuadrados casi totalmente deshabitados), permitiendo a entidades externas (ONG) entrar y llevar a cabo estudios específicos de biodiversidad, exploraciones mineras y explotación de recursos hídricos.
Mientras que en territorio brasilero la zona fronteriza está “blindada” y nadie puede entrar sin la autorización del FUNAI (Fundacion nacional do Indio), la región de Amazonía que corresponde a Colombia y a Venezuela (más allá del departamento colombiano de Vichada) ha sido durante muchos años el centro de operaciones de grupos armados de narcotraficantes que controlan aún hoy parte del área en cuestión.
Cuando hace cinco años se anunció al mundo el descubrimiento de un gran yacimiento de coltán en la Amazonía venezolana, se inició una peligrosa competencia con el fin de asegurarse territorios amazónicos, por lo general ancestrales para algunos grupos de indígenas (como los Tukano).
Mientras que en Venezuela el gobierno militarizó el área, justamente para evitar el surgimiento de grupos armados ilegales que pudieran controlar el comercio, en Colombia se originó un flujo de traficantes y especuladores que se dirigieron a los departamentos de Vichada, Guainía y Vaupés, que limitan con el Área indígena Alto Río Negro, en Brasil.
El coltán, que es un conjunto de columbita (niobio) y tantalita, es un mineral importantísimo para la producción de aparatos electrónicos como teléfonos celulares, computadores, televisores de plasma, videojuegos, mp3, mp4, GPS, satélites artificiales y sistemas electrónicos para armas de alta precisión como los llamados “misiles inteligentes”. El tantalio es fundamental porque es utilizado en la construcción y miniaturización de condensadores electrolíticos.
En África, la competencia por la apropiación de las reservas estratégicas de coltán ha provocado una guerra en la que, hasta hoy, han muerto 5 millones de personas.
El Congo posee oficialmente el 60% de las reservas mundiales de coltán, pero el mineral es procesado en su mayoría en Ruanda y Burundi, países de donde se exporta al norte del mundo.
El resto de las reservas de coltán está situado en un área estratégica entre Brasil, Colombia y Venezuela.
Comúnmente, en Colombia, la autorización para extraer el mineral debe darla Ingeominas, pero en lo que respecta al coltán, hasta hoy se han concedido sólo 5 “títulos mineros”, mientras que el resto de la explotación parece ser ilegal.
La mayoría de los comerciantes ilícitos de coltán está obligada a pagar una especie de impuesto (aproximadamente 2500 $ por tonelada) a grupos armados ilegales que controlan el territorio, pero una vez que el mineral es transportado a Bogotá, se puede vender a unos 60.000 $ la tonelada.
Es grande la preocupación de que los departamentos de Guainía y Vaupés se transformen en lugares sin ley donde los traficantes de oro y coltán trabajen a sus anchas.
Las áreas donde se encuentran estos dos ambicionados minerales son a menudo lugares ancestrales para los indígenas Cubeos, Tukano y Puinaves, y su explotación indiscriminada e ilícita podría provocar una alta contaminación de los ríos con mercurio y cianuro, además del trastorno de los usos y costumbres de las poblaciones autóctonas. Algunos periodistas colombianos informan, en efecto, que en Puerto Inírida, la capital de Guainía, hay ya casos de prostitución de menores y aumento de la delincuencia común.
Sería oportuno que la explotación de los yacimientos de coltán presentes en el territorio colombiano estuviera reglamentada por normas precisas, pero la lejanía de la Guainía y del Vaupés del centro de Colombia y la falta absoluta de carreteras aumenta la dificultad de implementar serios controles.
Del otro lado de la frontera, en Brasil, se encuentra la enorme “Área Indígena Alto Río Negro” (conocida en Brasil como la “cabeza del cachorro” por su forma), una zona de selva amazónica atravesada por el Río Negro y por uno de sus afluentes, el Río Vaupés. Allí, donde está absolutamente prohibida la entrada a los ciudadanos normales brasileros o extranjeros, hay importantes yacimientos de oro (Serranía del Taraira) y considerables reservas de coltán, como por ejemplo en las cercanías del llamado Morro do seis lagos.
Según algunos periodistas brasileros, dentro del área indígena Alto Río Negro se está efectuando búsqueda y explotación ilícita de coltán y de otros minerales que están siendo luego contrabandeados en Colombia, dado los pocos controles presentes a lo largo de la extensísima frontera amazónica entre ambos países.
También en este caso sería oportuno que el gobierno de Brasil llevara a cabo rigurosas inspecciones sobre las actividades desarrolladas al interior del Área Indígena en cuestión para evitar que grupos de mineros ilegales contaminen el ambiente, alterando las costumbres de los autóctonos.

YURI LEVERATTO
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