martes, 28 de octubre de 2014

La Amazonía amenazada: la construcción de las represas sobre el Río Madeira



El sistema fluvial de Bolivia pertenece casi completamente a la cuenca amazónica. Sus ríos más importantes son el Beni y el Mamoré.
Ambos tienen su origen en la cordillera de los Andes. El Río Beni convoya las aguas de Bolivia occidental y, además, recibe las aguas de su afluente mayor, el Río Madre de Dios, en la ciudad amazónica de Riberalta. En cambio, el Río Mamoré convoya las aguas de Bolivia central y oriental, recibiendo afluentes importantes como el Río Grande (que viene de la cordillera de Cochabamba) y el Río Guaporé o Iténez.
El Río Beni y el Río Mamoré, uniéndose, dan origen al poderoso Río Madeira, que es considerado el segundo afluente más grande del Río Amazonas (por caudal, lo supera sólo el gigantesco Río Negro).
La confluencia del Río Beni con el Río Mamoré, que tiene lugar en las coordenadas 10° 23′ 15″ S, 65° 23′ 30″ W, se encuentra en la frontera entre Bolivia y Brasil. De ese punto el río se denomina Madeira y señala la frontera con Bolivia hasta la confluencia con el Río Abuná, de donde se adentra en el territorio del Brasil.
Es evidente entonces que el 98% de las aguas de Bolivia (se excluyen algunas cuencas endorreicas del altiplano andino y algunos pequeños afluentes de la cuenca de Paraguay) confluye en el Río Madeira.
Como se sabe, en la zona del Río Madeira, ya en territorio brasileño, que va de la confluencia del Río Abuná hasta la ciudad de Porto Velho, fueron construidos dos diques que obstaculizaron el flujo del río. El primero es el embalse de Jirau, a aproximadamente 120 km de Puerto Velho; el segundo es el embalse de San Antonio, a unos 7 km de la capital de Rondonia.
Los dos embalses, por tanto, contienen toda el agua que viene de Bolivia. Se estima que, a toda velocidad, en el 2016, generarán una potencia de aproximadamente 6850 megavatios.
La característica principal de estos diques son las turbinas Kaplan, adecuadas para pequeños desniveles de agua en los ríos de gran caudal. En práctica, el flujo del Río Madeira no se detiene, pero el agua, fluyendo a través de las turbinas, genera electricidad. Según los constructores de estas represas, las dos obras faraónicas no crearían lagos inmensos como, en cambio, sucedió en la Presa de las Tres Gargantas en China, que es una construcción tradicional.
En efecto, no se crearon grandes lagos, sino que, durante los primeros meses del 2014, a causa de fuertes lluvias, el nivel de las aguas, río arriba de las presas, creció muchos metros y gran parte de Bolivia amazónica permaneció inundada.
La construcción de los dos embalses sobre el Río Madeira debe ser considerada desde distintos puntos de vista para intentar comprender cuál es el proyecto que hay detrás y cuál es el objetivo final de estas colosales estructuras.
Primero que todo, hay que conocer el proyecto IIRSA (Iniciativa para la integración de la infraestructura regional en Suramérica), cuyo objetivo es integrar las vías de comunicación del continente, principalmente para construir salidas a las exportaciones brasileñas hacia el Océano Pacífico. 
En efecto, los dos diques sobre el Río Madeira fueron construidos en puntos del río donde había pequeñas cascadas que no permitían la navegación. Con la construcción de los diques y de varias esclusas será posible navegar a lo largo del río hacia Bolivia y así llegar a la ciudad de Guayaramirim, en la frontera. Se podrá entonces aumentar la navegabilidad del Río Madeira y de los ríos de su cuenca, con el objetivo principal de alcanzar luego, por tierra, los puertos del Océano Pacífico peruano (Ilo, Mollendo) y exportar productos agrícolas (principalmente soya transgénica) a Asia.
El proyecto IIRSA está entonces destinado sustancialmente a beneficiar a las grandes empresas productoras de soya y no a crear verdadero desarrollo con miras a incrementar el trabajo y el rédito de los pequeños propietarios de tierras y de las pequeñas empresas de manufactura.
El consorcio responsable de la construcción de las represas es la ESBR – Energia Sostentavel do Brasil, que está compuesto en un 60% por la empresa multinacional Suez y en el restante 40% por dos empresas brasileñas.
Este consorcio fue acusado de trastornar el delicado ecosistema del Río Madeira, conteniéndolo con dos mega diques, con el fin de producir energía que será principalmente vendida a fábricas del sur de Brasil (estados de São Paulo, Minas Gerais, Paraná) y no servirá para el desarrollo de las zonas menos favorecidas de la Amazonía.
Regresemos al impacto ambiental: la construcción de los diques causó el aumento del nivel del río y la disminución de la velocidad del flujo, con el consiguiente incremento de la posibilidad de inundación del territorio boliviano, como se ha visto en los catastróficos aluviones del 2014.
Recordemos que en marzo de 2009, Brasil fue condenado simbólicamente por el Foro Mundial del Agua, celebrado en Estambul, por la construcción de estas obras inmensas que alteran el ciclo del agua, impiden a los peces pasar del bajo al alto Madeira y causan el aumento desconsiderado del nivel del río (hasta 16 metros durante la estación de lluvias).
Todo eso ha causado una reducción de la pesca con enormes daños a las poblaciones ribereñas que, viendo disminuir su principal recurso, se ven obligadas a conglomerarse en favelas de Porto Velho. Hubo, además, un aumento exponencial de la malaria y del dengue a causa de las inundaciones.
En práctica, el río se mecanizó y se convirtió en un anti-río, como fue bautizado por algunos críticos bolivianos.
El hecho es que no se deben mirar sólo los beneficios que produce la construcción de estos embalses. Hay que intentar comprender y contextualizar el porqué de estas grandes cimentaciones, como por ejemplo los diques en construcción sobre el río Xingú, también en Amazonía.
La Amazonía viene a ser entonces una tierra despojada de sus recursos. No sólo se ejecuta una deforestación cada vez más rápida, a menudo utilizando el fuego para destruir la selva, sino que luego se destinan los suelos a la ganadería bovina o a las plantaciones de soya transgénica, todas modalidades altamente contaminantes.
Además, se construyen caminos, enormes heridas en la selva utilizadas generalmente para facilitar que empresas multinacionales lleguen a los lugares donde serán efectuadas explotaciones petrolíferas (como la BR 230 o la vía que atraviesa el Tipnis, en Bolivia).
Por otro lado, se delimitan enormes áreas, manipulando la noble idea indigenista para poder explotar desconsideradamente los suelos (ver mi artículo sobre la Reserva Roosevelt).
En los últimos años se iniciaron proyectos de construcción de represas monumentales que trastornan la vida de las poblaciones locales, anulan la pesca, modifican los microclimas, causando con frecuencia verdaderos desórdenes climáticos.
Por ejemplo, la construcción de la gigantesca presa de Tucuruí, en el Río Tocantins, un afluente del Pará, también en la cuenca amazónica, inaugurada en 1984.
El lago que se formó, de unos 2850 kilómetros cuadrados, causó la sumersión de 2,5 millones de metros cúbicos de árboles y plantas, cuya consiguiente descomposición produjo, en 1990, la emisión de unos 10 millones de toneladas de Co2 en la atmósfera, aproximadamente el doble de las emisiones anuales de la ciudad de São Paulo (que en 1990 contaba ya con 17 millones de habitantes en el área metropolitana). (1).
En el curso de los años 90 y a partir del 2000 hasta hoy han sido construidas muchas otras grandes presas que han alterado el clima amazónico.
Recientemente, sin embargo, la construcción de los gigantescos embalses tuvo un ulterior impulso con los dos que contienen el Río Madeira y con el otro sobre el Xingú, aún sin terminar.

YURI LEVERATTO
Copyright 2014

Nota:

Traducción de Julia Escobar Villegas

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