lunes, 10 de noviembre de 2014

El enigma de los Maraká, los últimos pigmeos americanos



La escabrosa cordillera del Perijá, de aproximadamente 300 kilómetros de extensión, se ubica entre los departamentos del Cesar y Norte de Santander, en Colombia.
En el lado occidental está el departamento del Cesar, mientras que en el oriental se encuentran los profundos valles del río Agua Blanca y del Río Catatumbo, los cuales desembocan en el lago de Maracaibo, en Venezuela.
En estos particulares ecosistemas, que van del páramo de alta montaña hasta la selva pluvial tropical, han vivido desde tiempos remotos un conjunto de indígenas que los Españoles identificaron con el término de Motilones. Por lo general, se diferencian los Baros de los Yucos: la lengua de los primeros pertenece al grupo chibcha, mientras que la de los segundos deriva del caribe.
Los Yucos, que siempre fueron especialmente belicosos, habitan la parte occidental de la serranía de Perijá y algunos de ellos viven aún hoy en la llamada Serranía de los Murciélagos.
Los Yucos viven principalmente de agricultura, cultivando maíz, fríjol, mandioca, ñame, banano, caña de azúcar, calabaza, papaya, tabaco y pimientos. Su dieta, pobre en sal, ocasionalmente se enriquece con carne de caza: tapires, ciervos, faisanes y pavos salvajes.
En los últimos años, los Yucos han tenido que enfrentarse cada vez más a menudo con la invasión de colonos colombianos en sus tierras, y se han retirado en lo profundo de la cordillera de Perijá.
En la zona de las fuentes del Catatumbo, en plena selva alta, viven aún hoy grupos de Maraká, indígenas muy bajos, perfectamente integrados a su bioma.
En la era moderna, el primer estudioso que logró establecer un contacto con los Maraká fue Gustaf Bolinder, en 1920.
Según Bolinder, los Maraká, a quienes conoció en el pueblo de Shirapa, tenían que ser considerados bajo todo punto de vista como los últimos pigmeos americanos, ya que la estatura media de los hombres adultos no superaba los 140 cm, mientras que la de las mujeres era de 120.
Bolinder regresó a la Serranía de Perijá en 1936 junto a su esposa. Se estableció por un tiempo en la aldea de San Jenaro, a unos 1200 metros de altura sobre el nivel del mar. En compañía de algunos indígenas Maraká emprendió una arriesgada expedición que tenía por fin atravesar toda la serranía de Perijá. Durante el viaje se relacionó con autóctonos de estatura normal, los Sikakao.
En 1948, los dos estudiosos Cruxent y Wavrin, que estaban explorando la vertiente oriental de la cordillera, tuvieron contacto, en un afluente del Río Tukukú, con algunos autóctonos barbados de altura extremadamente reducida. Según sus indicaciones, estos indígenas eran Maraká.
Cruxent efectuó algunas mediciones de varios grupos de indígenas, verificando que la estatura media de los hombres era de 140 centímetros, mientras que la de las mujeres era de 128.
Los Maraká que Cruxent describió y estudió no eran, sin embargo, para nada negroides, razón por la cual se excluyó cualquier posible descendencia de aborígenes provenientes de África (ver mi entrevista a la arqueóloga brasilera Niède Guidon).
Por el contrario, la mayoría de los Maraká tenía rasgos somáticos similares a los Motilones de estatura normal y algunos de ellos incluso llevaban barba, que es una característica de las etnias caucásicas.
Actualmente, existen todavía aislados grupos de Maraká que viven en las fuentes del Catatumbo. El origen de los Maraká ha causado notables discusiones entre los antropólogos. Según algunos estudiosos, su estatura reducida se debe a una alimentación deficiente, entonces se trataría de una involución humana.
No obstante, al contrario de esta afirmación, los Maraká no parecen para nada ser un grupo humano “defectuoso”, puesto que son muy hábiles en la caza y en la pesca, son muy resistentes a las largas caminatas, al calor húmedo y al frío intenso; raramente se enferman y son luchadores e inteligentes; están perfectamente acoplados a su ambiente natural y su estatura reducida les ayuda en ciertas situaciones, como por ejemplo para moverse con agilidad en una selva intrincada.
Según estas teorías, los pigmeos americanos, que no estarían en lo absoluto emparentados con los pigmeos africanos o de la Nueva Guinea, serían en cambio el resultado de una mutación genética acaecida en el pasado. El hecho de que los descendientes de los individuos cuyo patrimonio genético mutó hayan vencido en el proceso de evolución permitió que el grupo de Maraká sobreviviera hasta el día de hoy.
En la actualidad, el ecosistema de la Serranía de Perijá está constantemente amenazado por grupos de personas violentas que ocupan los suelos con el fin de instaurar plantaciones ilegales de coca. También grandes grupos empresariales, que tienen por objetivo la explotación minera de la zona, están entrando a la fuerza en los diversos valles de la cordillera.

YURI LEVERATTO
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2 comentarios:

  1. Hola. ¿Sabes algo sobre esas otras referencias en los cronistas españoles a indígenas pigmeos extremadamente hostiles en la cuenca del Amazonas? Puedes darme referencias bibliográficas sobre el tema. Gracias

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  2. Estos pigmeos vivían en la cordillera del Perijá en Colombia, una zona no perteneciente a la Amazonia. La referencia del articulo es: Paul Rivet - Los orígenes del hombre americano.

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