miércoles, 13 de agosto de 2014

La moral y la organización social en los Machiguenga




Los Machiguenga viven en Perú suroriental, en los valles del Río Urubamba (región de Cusco) y del Río Alto Madre de Dios. Hablan una lengua del grupo arawak, y se acercan a un total de casi 9000 personas.
La primera vez que tuve contacto con estos indígenas fue en el 2008, cuando uno de ellos me acompañó a los petroglifos de Pusharo, un magistral grabado en roca cuyo origen o significado ninguno de ellos sabe explicar.
En su lengua, la palabra “machiguenga” significa “gente”. Todo aquel que no haga parte de su etnia es considerado como “otro”, tanto si es indígena (por ejemplo, Mashco Piro, Nahua o Ashaninka), como Peruano o extranjero.
Según los expertos más reconocidos, empezando por el Padre Vicente de Cenitagoya, el hombre machiguenga no concibe los conceptos de territorio, nación y mucho menos de patria, tal como nosotros los occidentales los conocemos.
Es verdad que reconocen que pertenecen a un grupo humano que habla la misma lengua y que tiene los mismos usos y costumbres, pero el concepto de jefe o líder es para ellos diferente del que concibe el hombre occidental.
Careciendo de líder, viven agrupados en grandes familias, pero tampoco en ellas hay una verdadera y propia cabeza; lo más parecido es un sabio que asesora en caso de problemas o disputas.
Según el Padre Andrés Ferrero, si un grupo de piros del bajo Urubamba atacara a un grupo de machiguenga, otros machiguenga del Camisea no harían absolutamente nada; nadie se propondría vengar la muerte de gente de su misma cultura y estirpe. ¿Por qué?
Parece que la mentalidad de la gente de esta etnia es fuertemente individualista. Faltan por completo los conceptos de patria o de nación; no tienen tampoco el de guerra, salvo en casos rarísimos.
Este grupo humano vive en chozas, máximo dos o tres, donde se encuentra la gran familia. No forma aldeas. La inmensidad de la selva que circunda sus asentamientos hace que sean pocos o nulos los motivos de desacuerdo y de disputa entre sus integrantes. De haberlos, por lo general sucede que la cabeza de familia se va con sus pertenencias a vivir en las orillas de otro río, lejos del motivo de riña.
Se entiende entonces por qué al interior de la sociedad machiguenga no hay un presidente ni documentos necesarios para reconocer y catalogar a una persona.
No hay ni siquiera delincuentes, salvo rarísimos casos como el de Huaneco, un individuo violento al que el Padre Polentini se refirió. No habiendo cárceles, estos sujetos son exiliados, dejándolos solos y sin ayuda.
En la lengua machiguenga existe un vocablo para el jefe: itingami, que condensa el concepto de “el más importante” (por ejemplo, al río principal se le dice otingamá).
Sin embargo, el jefe no es quien manda, sino quien tiene la autoridad, quien sabe convencer con su palabra, quien domina el problema y lo resuelve, y está sólo a cargo de su familia, no de un clan y mucho menos de toda la etnia. Además, quienes viven en la familia son libres de disentir con el “jefe” y, si quieren, son libres de irse y organizar su propia vida en otra parte: la selva es grande.
Tampoco existe el concepto de patria entre los Machiguenga. Casi ninguno de ellos lucharía por su tierra y en esto se diferencian, por ejemplo, de los Matsés de la cuenca del Río Yavarí, que hasta 1985 combatieron con todos sus medios para defender su territorio. Si los Machiguenga fueran importunados, muy probablemente se desplazarían más allá.
En la lengua de los Machiguenga existe el concepto de moral, del bien y del mal; se dice: kametite. Es de las pocas palabras que expresa un concepto genérico porque, normalmente, la lengua de ellos es muy específica.
Es cierto que para ellos hay un modo justo e injusto de comportarse, pero no parecen responder a una ley superior o divina, que está a la base de nuestra cultura occidental. La moral machiguenga parece ser sustancialmente laica.
Es una moral social, no religiosa.
La más importante de las normas no escritas es “no matar”.
En efecto, el homicidio es considerado el mayor de los delitos, aunque es bien sabido que entre los Machiguenga se abandona a los enfermos, a los ancianos decrépitos y a los niños deformes. Incluso si no se trata de un homicidio directo, desamparar en la selva a una persona en dificultades equivale a suprimirla, pero este acto no está dictado por la maldad;  más que cualquier cosa, son las difíciles condiciones de vida las que lo imponen: ya no hay alimento suficiente para quienes se encuentran bien y pueden cazar, entonces quien está en dificultades se convierte en un peso insostenible para un determinado grupo de personas.
En lo que concierne a la igualdad entre los sexos, todavía hoy los Machiguengas consideran a la mujer como un ser inferior.
Respecto al matrimonio, por lo común rige una estricta norma exogámica, o bien, el joven debe casarse con una mujer que no tenga ningún parentesco con su familia. La nueva familia reside donde vivía la mujer.
La poligamia es frecuente, aunque a menudo es origen de disidencia entre las mujeres. Por lo general, el hombre es quien intenta pacificar los ánimos y disimular en caso de tener una preferida.
Es común también la poliandria, especialmente en la zona de Pantiacolla, por escasez de mujeres. En estos casos, el machiguenga, como tiene miedo de que su mujer lo deje, o para obtener favores, tolera que otro hombre la posea carnalmente.
¿Está en peligro la existencia de los Machiguenga? ¿Cuál será su futuro?
En apariencia, con la creación del Parque Nacional del Manu y del Santuario Nacional del Megantoni, áreas inmensas donde pueden circular libremente, los Machiguenga deberían estar seguros y podrían conservar indefinidamente su cultura.
Las amenazas, no obstante, están cerca y son frecuentes: en la zona del Río Camisea, su existencia como “entidad cultural distinta” está ya en peligro, puesto que se están acostumbrando a la presencia de la empresa que extrae gas de su territorio (PlusPetrol).
En el lote 88 (territorio que se superpone a la reserva Nahua-Nanti), está ya operando la empresa PlusPetrol junto a Repsol y Hunt Oil.
Esta última, además, anunció que explotará el lote 76, ubicado en la tierra de los indígenas Huachipaery, adyacente al Parque Nacional del Manu, donde viven los Machiguenga.

YURI LEVERATTO
Copyright 2014

Traducido por Julia Escobar, de Medellín, Colombia.

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