domingo, 20 de julio de 2014

Los petroglifos de Cumpanamá, herencia de arcaicas culturas amazónicas



La expedición a los petroglifos de Cumpanamá tuvo lugar en Yurimaguas, un gran pueblo ubicado en la Amazonía peruana, en las orillas del Río Huallaga, un afluente del Río Marañón. En Yurimaguas la temperatura supera los 35 grados y el sol quema la piel.
El día después de la llegada estuvimos en un mercado barrial, donde además de tomar una deliciosa sopa de pescado de río, compramos algunas pilas, considerando que en la zona adonde nos dirigíamos no había luz eléctrica.
Luego fuimos al puerto, ubicado en la desembocadura del Río Paranapura en el Río Huallaga. La idea inicial era remontar el Río Paranapura para llegar al pueblo de Balsapuerto en un peque-peque (canoa ahusada a motor de 16 CV) pero no encontramos ningún barquero que estuviera a punto de salir, y hubiéramos tenido que esperar más de un día para embarcarnos en un peque-peque público.
Decidimos entonces proceder por tierra, inicialmente en moto, hasta el pueblo de Nuevo Arica, y luego a pie hasta Balsapuerto.
A la mañana siguiente llegamos a Nuevo Arica, después de un incómodo viaje en moto de aproximadamente dos horas. De ahí avanzamos a través de la selva, a lo largo de un sendero apenas abierto. Me acompañaba Ernesto Sánchez, un guía experto en la zona.
Fue una caminata difícil, no sólo por la exuberante vegetación que obstruía el sendero, sino también porque después de unas dos horas empezó a llover, y el sendero se transformó en un insidioso y viscoso “mar de fango”.
Dormimos en una cabaña abandonada de los indígenas Shawi.
A la mañana siguiente, después de sólo dos horas de camino, llegamos finalmente a Balsapuerto, aldea Shawi, ubicada en las orillas del Río Cachiyacu, un afluente del Río Paranapura.
Al otro día, muy temprano, con la ayuda de una guía local, iniciamos la exploración de la parte alta del Río Cachiyacu con el fin de llegar a los petroglifos de Cumpanamá.
Después de aproximadamente tres horas de camino, llegamos a la enorme roca de Cumpanamá, ubicada en la selva, cerca de la quebrada Achayacu.
Apenas vi la pared central de unos 9 metros de longitud y cubierta de petroglifos, me di cuenta de estar en presencia de un importante sitio arqueológico poco conocido y poco estudiado.
La forma de la roca recuerda a un enorme cilindro irregular. Su circunferencia es de 48 metros y su altura de aproximadamente 6 metros. Sobre casi toda su circunferencia están esculpidos varios petroglifos, valiosos indicios de la visión del mundo de los antiguos escultores y talladores.
En la pared principal, de aproximadamente 9 metros de longitud y 2 metros de altura, hay varios petroglifos importantes: primero que todo, el petroglifo del cacique. Se observa la máscara-corona de plumas que probablemente adornaba al jefe de la tribu. Se ven 12 plumas y debajo de ellas, doce cavidades.
A su izquierda se aprecia un petroglifo del yin yang que algunos interpretan también como una concha.
Debajo del petroglifo del cacique encontramos un símbolo particular: un círculo con una línea horizontal en el centro.
Prosiguiendo hacia la derecha, en la pared central, encontramos una espiral, y un enigmático petroglifo que recuerda una “raqueta”, dividido por dos líneas horizontales y entre líneas verticales, formando así 12 espacios contiguos. La “raqueta” es recurrente en Cumpanamá; hay, de hecho, otras tres.
Encima de ella encontramos cinco círculos con alternativamente un punto y una línea horizontal en su interior.
A la derecha de la “raqueta” encontramos, en cambio, dos espirales. Encima de la “raqueta” encontramos un extraño símbolo de L al revés, mientras que a la derecha de este último hay una especie de circunferencia con dos altorrelieves en el centro.
Desplazándonos más hacia la derecha vemos un rostro, similar a los de Pusharo, que quizás simboliza una marca del territorio.
Desplazándonos al extremo derecho de la pared principal, encontramos un conjunto cerrado con cuatro círculos pequeños en su interior. Encima de este conjunto de petroglifos se aprecia un “cuadrado a su vez dividido en cuatro cuadrados”.
Caminando alrededor de la roca en el sentido de las agujas del reloj, observamos el petroglifo de una serpiente (símbolo del inframundo), el hocico de un jaguar (símbolo del mundo real, de la fuerza y la determinación), otra “raqueta” y algunas espirales, además de varios círculos concéntricos.
En la parte posterior de la roca se ve también un cuadrado con otro cuadrado en su interior.

Ubicación de la roca de Cumpanamá:
Lat Sur 5° 52’ 409’’, Long Oeste 76° 31’ 315’’

En el complejo, la roca está bien conservada y es, en mi opinión, el petroglifo más grande del Perú.
El petroglifo fue fotografiado por primera vez en 1997 por el geólogo José Sánchez Izquierdo.
Como los petroglifos de Pusharo, el origen de estos petroglifos es amazónico, probablemente del período formativo (2000 a.C.), y los autores de los grabados fueron tal vez pueblos amazónicos antepasados de los indígenas Shawi que viajaban de la selva a los Andes.

YURI LEVERATTO
Copyright 2014

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com

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